La galerna
Esa es una de las cosas que me fastidian. Una galerna, la más importante en no sé cuántos años, y me la pierdo. Quiero decir: mientras había unas olas impresionantes, que desde mi ventana me habrían dado como mínimo la posibilidad de hacer unas buenas fotos, yo estaba como una imbécil, en un despacho sin ventanas (y alejado del mar) programando una exposición y peleando con el "artista".
Esa sensación de perderse las cosas...
Ayer comí con Ada. Me descubrió un restaurante que me gustó mucho y compartimos unas horas de mucho hablar y de ponernos al día, porque hacía más de un mes que no quedábamos. Hablar con ella me reafirma en muchas de mis creencias, en la visión de las cosas que los años va perfilando en mí. En la convicción de que no quiero perder ni un minuto de mi vida en nada que no me importe de verdad. Lo hablábamos a propósito de las posibilidades -reales- suyas de obtener una plaza en su trabajo que sin duda alguna haría muy bien. No piensa hacerlo porque no quiere perder ni media hora de su vida en preparar unos temas estúpidos, y sobre todo porque no quiere perder ni energía, ni salud por culpa de las complicaciones que traería la asunción de responsabilidades de ese nuevo puesto.
Definitivamente nos hacemos mayores. Yo tampoco quiero nada de eso. A veces he pensado en la posibilidad -también real- de que de pronto me propusieran asumir más responsabilidades. Por ejemplo, las de mi jefe. Me moriría directamente, y por supuesto diría que no. Yo, que me comía el mundo.
Va a resultar que los años colocan las cosas en su sitio, además de transformar el cuerpo y demostrar lo real que era aquello de la ley de la gravedad.
Esa sensación de perderse las cosas...
Ayer comí con Ada. Me descubrió un restaurante que me gustó mucho y compartimos unas horas de mucho hablar y de ponernos al día, porque hacía más de un mes que no quedábamos. Hablar con ella me reafirma en muchas de mis creencias, en la visión de las cosas que los años va perfilando en mí. En la convicción de que no quiero perder ni un minuto de mi vida en nada que no me importe de verdad. Lo hablábamos a propósito de las posibilidades -reales- suyas de obtener una plaza en su trabajo que sin duda alguna haría muy bien. No piensa hacerlo porque no quiere perder ni media hora de su vida en preparar unos temas estúpidos, y sobre todo porque no quiere perder ni energía, ni salud por culpa de las complicaciones que traería la asunción de responsabilidades de ese nuevo puesto.
Definitivamente nos hacemos mayores. Yo tampoco quiero nada de eso. A veces he pensado en la posibilidad -también real- de que de pronto me propusieran asumir más responsabilidades. Por ejemplo, las de mi jefe. Me moriría directamente, y por supuesto diría que no. Yo, que me comía el mundo.
Va a resultar que los años colocan las cosas en su sitio, además de transformar el cuerpo y demostrar lo real que era aquello de la ley de la gravedad.
Comentario:
Mierda, ayer cuando lo ví en la tele esperaba leerlo aquí, como la crónica de la búsqueda del surfista por la noche, o el ¿suicidio? de aquella chica relacionada con el 11M. Una pena.





