El pasado
El otro día, charlando con Javier, hablábamos de eso justamente. No sé si es una cuestión de ciclos vitales, o yo qué sé qué, pero resulta que llevo una temporada en que el pasado me visita de una forma que empieza a parecerme inusual. No tengo ninguna tentación de nostalgia, en absoluto. Es otra cosa. Últimamente tengo más reencuentros que encuentros propiamente dichos, o casi. Dice Javier que eso es lógico, que la gente que tenemos la suerte de, por trabajo o carácter o circunstancias, o lo que sea, conocer a muchas personas, vamos creando una especie de memoria humana, y como tal, con vida. Y que es fácil que vuelvan a aparecer, no porque vuelvan, sino que, como son muchos, hay más posibilidades de que nos suceda esto a nosotros, pero en realidad es pura proporción.
No sé. Prefiero pensar que eso es así. Prefiero pensar que no es que ahora tenga menos vida que antes, y que los reencuentros son algo, además de muy agradable, prácticamente inevitable.
Hoy voy a tener uno de esos reencuentros y la posibilidad me hace muy feliz. Han pasado seis o siete años desde la última vez que vi a G. y el recuerdo de un paseo una noche de verano, con el ruido de las olas al fondo y el sonido exacto de unas palabras, todavía está extrañamente presente.
(Para los curiosos extremos: jamás tuve "nada" con G.)
No sé. Prefiero pensar que eso es así. Prefiero pensar que no es que ahora tenga menos vida que antes, y que los reencuentros son algo, además de muy agradable, prácticamente inevitable.
Hoy voy a tener uno de esos reencuentros y la posibilidad me hace muy feliz. Han pasado seis o siete años desde la última vez que vi a G. y el recuerdo de un paseo una noche de verano, con el ruido de las olas al fondo y el sonido exacto de unas palabras, todavía está extrañamente presente.
(Para los curiosos extremos: jamás tuve "nada" con G.)





