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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Peldaños
ÚLtimamente vivir cada semana es lo más parecido a conquistar el final de una escalera. Desde el lunes al sábado (cuando tengo suerte y no tengo que currar), cada día me cuesta tanto como ir ascendiendo hasta el sexto piso donde vivo, cuando cometo la audacia de subir por las escaleras. Cada día al despertarme tengo que recordarme a mí misma el día que es y que ya falta menos. Un peldaño más. Otro. Y ya es jueves. Y entonces viene el momento de escarbar, en esa confusa línea que separa el sueño y la vigilia, en busca de algo que merezca la pena, en un detalle que le ponga una pizca de esperanza a la mañana, de forma que sacar los pies del calorcín de la nórdica no se convierta en un acontecimiento épico. A veces es sencillo, pero otras el proceso de búsqueda se hace interminable. Tiene que haber alguna razón, tiene que haber alguna que compense las negativas (trabajo pendiente, tedio insoportable, sensación de no ser capaz de poder con todo, la pérdida de control sobre el tiempo) Algo. Y entonces aparecen sonrientes los rostros que una ama, los amigos insustituibles, los libros que aguardan para ser leídos. Y entonces simplemente abres los ojos y los diriges a la ventana, y sin salir del calor de la cama, ahí está el mar, las luces del Muro reflejándose en el agua, la iglesia de San Pedro iluminada, el Club de Regatas con todas las luces encendidas porque estarán limpiando, digo yo, las olas tenues y el cielo lleno de nubes. Será jueves, al fin y al cabo. Y el final de la escalera está un poco más cerca.
 
Comentario:
Pues eso...
No