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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Leer
En un inusual ataque lector, el viernes fui a la biblioteca municipal que queda justo al lado de mi trabajo y saqué un par de libros. Uno de ellos, porque recordé un comentario del blog de Bob, Lector Ileso, ("La mesa limón", de Julian Barnes) y el otro porque en su momento, hace ya bastante tiempo, había atraído mi atención en la mesa de novedades de la librería, "Un juego de niños" de Donna Tartt.También de forma inusual, y teniendo en cuenta que hoy es lunes por la mañana, resulta que el de Julian Barnes ya lo he terminado y el de Donna Tartt tiene pinta de caer ( a pesar de sus casi setecientas páginas) en los próximos días. Y eso no deja de ser un casi prodigio, porque últimamente mi capacidad y velocidad lectora, incluso mi deseo de leer, estaba ferozmente mermada.
Recomiendo "La mesa limón", aunque los relatos tienen una extraña tristeza, posiblemente inevitable cuando se habla del envejecimiento y la muerte, pues ese y no otro es el tema de los relatos que componen el libro. El título viene porque parece ser que en un bar de Helsinki a principios del siglo pasado, los que se sentaban en "la mesa limón", estaban obligados a hablar de la muerte. Parece ser ,también, que para los chinos el limón simboliza la muerte. En estos relatos hay un elemento que ya me había encontrado en una novela de Martin Amis, "La información", y que en su momento me había resultado particularmente perturbadora: son relatos que llevan implícita la consciencia, la certeza de la mortalidad: somos mortales, aunque nos obstinemos en vivir como si no lo fuéramos, somos vulnerables, envejecemos. Y encima, la vejez que presenta Barnes, se aleja de ese mito consolador que a menudo nos construimos: eso de que la vejez es el momento en que se alcanza la serenidad, la tranquilidad, el sosiego... Pues parece que va a ser que no.
 
Comentario:
El de Julian Barnes ya lo tenía yo en la lista después de leer (también) la reseña en Lector Ileso. Pero lo voy a dejar para el invierno, ahora no me apetecen mucho las tristezas.
Un beso grande.
No