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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Síndrome de pasado inquieto
Dice mi amiga T., una de las brujas del aquelarre más inteligente que conozco (que yo forme parte de él no significa nada...) que esa manía que tengo de revolver en el pasado supone una cierta valentía. Que, vamos, eso de revisitar tiempos anteriores, generalmente no trae nada bueno.
Hace unos meses estaba organizando (al menos en la cabeza) un argumento para una "cosa" (llamarlo novela me parece una osadía) que quería escribir. En aquel momento la idea parecía estupenda: Supongo que tenía que ver con la irrupción de A. en mi vida después de tantos años, o no sé. Pero se me quitaron las ganas, porque de pronto comprendí que "eso" que planteaba en el argumento de la novela y que incluía una muerte, era más o menos lo que me estaba pasando a mí (sí: odio las novelas autobiográficas) Quiero decir: que a lo mejor eso de remover en almanaques antiguos, en viejos amores, en ajustes de cuentas emocionales, tenía más que ver conmigo misma que con la protagonista de la novela. Así que el proyecto quedó abandonado, como otros dos en los que me sucedió tres cuartos de lo mismo, aunque con otras historias, una de ellas bastante perturbadora sobre la que (imagino) hablaré un día si los planetas se organizan de la forma adecuada para permitirlo.
Total, que independientemente del asunto de la novela fallida, sí es cierto que llevo un tiempo en que por razones que habría que analizar, el pasado se va presentando (es decir, haciendo presente, y por tanto cambiando su tiempo) ante mí. Tengo suerte: en general, todo ello no supone lo que es bastante habitual: la decepción. Los amigos de entonces (por ejemplo, los viejos colegas del instituto) no se han convertido en gilipollas integrales, ni muchísimo menos, el profesor que me cambió la vida (o me la condujo, no sé cómo explicarlo...) sigue siendo un tipo encantador por mucho que haya abjurado de algunas cosas menos importantes para seguir siendo esencialmente fantástico, y los viejos amores adolescentes se han convertido (al menos los que hasta ahora he podido comprobar) en tipos valiosos, lo cual dice bastante en mi favor, y es que, por lo menos, a buen ojo clínico no me gana nadie.
Eso era lo que trataba de explicarle a T. el otro día cuando hablábamos de ello. Ella no entiende del todo, o se le hace raro que mis reencuentros con el pasado no sean decepcionantes, porque, por lo visto, suelen serlo (el paso de los años que deja una huella horrorosa en el alma, más incluso que los deterioros en el cuerpo). Yo es que creo que a lo mejor por razones difíciles de analizar (ufff, cuánto tiempo me llevaría eso y cuánta metedura de pata por mi ignorancia en asuntos psicológicos) he intentado siempre mirar a lo esencial de la gente. Y lo esencial permanece. Y si F. era un chico feliz cuando tenía diecinueve años, que miraba la vida con los ojos brillantes y me hacía reír, y le veía a todo el lado bueno, ahora, nosécuántos años más tarde, no ha dejado de serlo. Aunque tenga el pelo con canas...
 
Comentario:
Pues todas las novelas en mayor o menor grado son autobiograficas. Porque o eso, o te inventas todo y las invenciones no suelen funcionar por irreales.
Eso si, suelen ser pasados futuribles o pasados distintos al que al final ocurrió.
:D
No