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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Madres e hijas
Que Amanda y servidora tenemos extrañas conexiones, puntos comunes, telepatías y gustos clónicos, es algo que ya ha quedado de manifiesto y que las dos sabemos... Incluso cumplimos años con un día de diferencia (prontito, por cierto) . Por tanto, cada vez que leo uno de sus post, sé que hay muchas posibilidades de que eso de lo que ella habla lo tenga yo rondando en mi cabeza. Así que no me extrañó en absoluto que hablara de la relación con su madre. No es que yo pretenda hablar de la relación con la mía (sería largo, complicado, un poco tedioso y seguramente con más aristas en las palabras de las que podría estar dispuesta a admitir) pero sí que señalaré una circunstancia en ese complicado vínculo de las madres y las hijas. Me refiero a ese momento terrible en que una descubre que empieza a dejar de ser hija de su madre para convertirse, no ya en madre de su hija, que es algo que generalmente abrazamos con tanta inconsciencia como entusiasmo, sino en ser madres de nuestras propias madres. Amanda lo ejemplificaba claramente, y yo lo constato. Llega un momento en que las conversaciones teléfonicas con nuestras madres pasan de ser el recuento de nuestros problemas, dificultades, triunfos, valoraciones, proyectos, y demás, a la paciente escucha de sus soledades, sus achaques, sus temores... De pronto, un día descubres que te necesitan más a ti de lo que tú las necesitas. Y yo no sé cómo lo viven otras mujeres, pero a mí me está costando un triunfo...

Otra cosita: Mil gracias a quienes se ofrecieron a echar una mano para la fiesta de inauguración del otoño... Y a Luis, chico, que se siente, pero esto es una cosa de chicas (y ya sé que este argumento te sumirá en el más absoluto desconsuelo y que para recuperarte necesitarás, sin duda algo dulce... qué se le va a hacer)
 
Comentario:
Otro día, querida amiga, hablaremos de las hermanas.
Un beso.
 
Comentario:
Iba a responder a tus cuatro últimas líneas haciendo chistes a costa de tu sexismo y de las calorías de tus dulces, pero la profundidad del resto de tu mensaje ha terminado por desarmarme. Tregua pues, por hoy. Y respeto.
Un beso.
No