El placer de los días de vacaciones
No hablo del verano, ni de los viajes. Hablo de esos días que a una le quedan y que disfruta una semana de noviembre cualquiera. Esos días en los que el mundo sigue girando, los programas de la tele son los de los días laborables, los niños pasan al cole con sus mochilas o sus chirriantes carritos, y sin embargo, tú te detienes.
El placer de ver cómo amanece, cómo las noticias de la radio son las de los días de diario, y tú te quedas en casa pensando en qué vas a emplear el tiempo, en qué vas a perderlo.
El placer de salir y comprar bulbos de narcisos amarillos, para que no vuelva a pasarte lo de cada primavera. Y llenar las jardineras de tierra.
Y aunque del trabajo te llamen cada dos por tres con alguna chorradilla (qué cruz señor, qué cruz) todo parece como de mentira y esa paz extraña que ahora te habita ha conseguido desplazar al maldito nudo del estómago.
Que estoy de vacaciones, no sé si se nota mucho. Y podría decir que estoy bastante feliz. Vamos, que podría, y que lo digo, qué coño.
El placer de ver cómo amanece, cómo las noticias de la radio son las de los días de diario, y tú te quedas en casa pensando en qué vas a emplear el tiempo, en qué vas a perderlo.
El placer de salir y comprar bulbos de narcisos amarillos, para que no vuelva a pasarte lo de cada primavera. Y llenar las jardineras de tierra.
Y aunque del trabajo te llamen cada dos por tres con alguna chorradilla (qué cruz señor, qué cruz) todo parece como de mentira y esa paz extraña que ahora te habita ha conseguido desplazar al maldito nudo del estómago.
Que estoy de vacaciones, no sé si se nota mucho. Y podría decir que estoy bastante feliz. Vamos, que podría, y que lo digo, qué coño.
Comentario:
Tienes toda la razón. Desde que soy currante liso y llano he descubierto las ventajas de la vida laboral. Me quedan ¡siete días de vacaciones!. Me las cogeré en fechas anodinas, no coincidentes con fiestas ni festejos...
Y me has dejado alucinado: ¿Porqué me dices lo de Harold Pinter?
Y me has dejado alucinado: ¿Porqué me dices lo de Harold Pinter?
Comentario:
Si es que ya lo dijo no se quien, el trabajo es un castigo divino.





