Enorme suerte, enorme privilegio
Ya he dicho más veces que uno de mis mayores éxitos, de lo que me siento más orgullosa, es además de mi familia, mis amigos. Tengo amigos de lujo, y en un número importante. Si de una persona dicen mucho los amigos que tiene, yo debo considerarme absolutamente privilegiada, porque mis amigos, todos, son fantásticos. No voy a poner nombres, claro, por respeto a ellos, y porque encima alguno lee (me consta) este blog y tampoco es plan de que luego se me pongan tontos... :) , pero es cierto. Cada vez que se me ocurre aquello de dar gracias a la vida, la existencia de los amigos está ahí, entre las primeras cosas de la lista...
Entre todos los amigos hay un grupo muy especial por sus propias características, por la forma en que nos relacionamos y por ellas mismas. Con ellas cené anoche y todavía me duelen las mandíbulas de lo mucho que me hicieron reír. Nunca, ni aunque viva miles de años podré pagarles esas horas que cada cierto tiempo compartimos: su conversación brillantísima, su sentido del humor, su inteligencia. Cada una tan distinta de la otra y todas, sin embargo, tan próximas.
Esta mañana mis especiales gracias por la velada de anoche ("exquisita", o "divina", ellas ya saben por qué) para M. que cada día está más delgada y más guapa, para A. , que combinarsu "exquisita" sensatez con la ironía más mordaz, a E., que a pesar de los pesares (cuánto indocumentado suelto) no es en absoluto insegura, ya quisieran tener sus convicciones los que le dijeron semejante disparate, y para T. que siempre se inventa algo, que siempre nos hace reír (incluidas las espeluznantes cuajadas que esta noche se me han aparecido en mis pesadillas, que lo sepas) y que ayer le dio por decir algo que me ha dado que pensar... "¿Creéis que cuando tengamos ochenta años seguiremos reuniéndonos como ahora?"
Pues sí. Yo creo que sí. Espero que sí. Aunque el tema de conversación por entonces se centre, sobre todo, en lo jodidas que tenemos las lumbares...
Entre todos los amigos hay un grupo muy especial por sus propias características, por la forma en que nos relacionamos y por ellas mismas. Con ellas cené anoche y todavía me duelen las mandíbulas de lo mucho que me hicieron reír. Nunca, ni aunque viva miles de años podré pagarles esas horas que cada cierto tiempo compartimos: su conversación brillantísima, su sentido del humor, su inteligencia. Cada una tan distinta de la otra y todas, sin embargo, tan próximas.
Esta mañana mis especiales gracias por la velada de anoche ("exquisita", o "divina", ellas ya saben por qué) para M. que cada día está más delgada y más guapa, para A. , que combinarsu "exquisita" sensatez con la ironía más mordaz, a E., que a pesar de los pesares (cuánto indocumentado suelto) no es en absoluto insegura, ya quisieran tener sus convicciones los que le dijeron semejante disparate, y para T. que siempre se inventa algo, que siempre nos hace reír (incluidas las espeluznantes cuajadas que esta noche se me han aparecido en mis pesadillas, que lo sepas) y que ayer le dio por decir algo que me ha dado que pensar... "¿Creéis que cuando tengamos ochenta años seguiremos reuniéndonos como ahora?"
Pues sí. Yo creo que sí. Espero que sí. Aunque el tema de conversación por entonces se centre, sobre todo, en lo jodidas que tenemos las lumbares...
Comentario:
Acabo de descubrir tu blog gracias a orkut. Enhorabuena por saber ser feliz con las 'PEQUEÑAS' cosas que nos da la vida, realemente es algo que parece no estar de moda ya que todos queremos más y más. Y además, gracias, gracias porque trasmites esa felicidad y nos la contagias a todos los demas. Mil besinos pequeñinos.