Mal rollo nocturno
O más bien de madrugada. Me despertó el timbre, el de la puerta de casa y desde ese estado absurdo del sueño me pregunté quién podía ser, antes incluso de darme cuenta de que eran las seis menos cuarto. Pensé en una tía de M. que es mayor y que vive en el mismo portal. Para cuando llegué a la puerta y miré por la mirilla, no vi a nadie en el descansillo, aunque la luz estaba encendida.
Todavía no había tenido tiempo a volver a la cama, preguntándome incluso si no lo habría soñado, cuando el timbre volvió a sonar. Esta vez desperté a M. (bendito él, que duerme como un tronco) que se levantó y me dijo que no abriera la puerta. Pregunté quién era, naturalmente nadie respondió y a través de la mirilla pude ver a alguien que entraba en el ascensor. Un tío.
Y sí, lo reconozco. Me dio miedo. Porque eran las seis menos diez y aquel tipo estaba delante de mi puerta, y porque no tenía ni la más remota idea. Y porque esta ciudad es la más tranquila del mundo y jamás se me ha ocurrido siquiera cerrar con llave por la noche. Y porque cuando es madrugada los pensamientos son siempre mucho más sombríos, y ahora que hace sol, y que sigo en casa (hoy tengo una reunión en el Botánico, tardaré un rato en ir a trabajar) me dan ganas de reír.
Pero hace unas horas, no. Desde luego.
Todavía no había tenido tiempo a volver a la cama, preguntándome incluso si no lo habría soñado, cuando el timbre volvió a sonar. Esta vez desperté a M. (bendito él, que duerme como un tronco) que se levantó y me dijo que no abriera la puerta. Pregunté quién era, naturalmente nadie respondió y a través de la mirilla pude ver a alguien que entraba en el ascensor. Un tío.
Y sí, lo reconozco. Me dio miedo. Porque eran las seis menos diez y aquel tipo estaba delante de mi puerta, y porque no tenía ni la más remota idea. Y porque esta ciudad es la más tranquila del mundo y jamás se me ha ocurrido siquiera cerrar con llave por la noche. Y porque cuando es madrugada los pensamientos son siempre mucho más sombríos, y ahora que hace sol, y que sigo en casa (hoy tengo una reunión en el Botánico, tardaré un rato en ir a trabajar) me dan ganas de reír.
Pero hace unas horas, no. Desde luego.