Septiembre
A mí me gusta. Me emociona que sea septiembre de nuevo, que estos días son prólogo de otros que vendrán pintados de lluvia y de frío y de noches más largas y de viento. Me gusta que en los escaparates habite el otoño, que las papelerías estén repletas de material escolar, que en los kioscos se produzca una floración extratemporal en forma de fascículos y colecciones imposibles, este año claramente dirigidos a los niños de los setenta (¿o no lo es esa proliferación de barriguitas y banner y flapis, y abejas maya y Jacky el osito?) y que la programación de televisión vuelva a su ser normal (suponiendo que eso sea su ser normal) y vuelvan las series en horario nocturno, incluso que vuelva Gran Hermano. Supongo que todo ello forma parte de este empeño que me gasto en los últimos tiempos, de ir agarrándome a las muletas invisibles que constituyen el único asidero para sobrevivir. En encontrarle a las cosas un hilo delgadísimo, pero existente, de sentido, aunque sea únicamente el de la repetición de los ciclos...
También me gusta reencontrarme con las niñas brujas, y que se quejen del tiempo, y que nos ríamos todas juntas y que el tiempo se deslice en el Bartolomeo, ante unas cervezas, y que aunque llevemos tanto tiempo sin vernos, mantengamos ese vínculo invisible que nos une...
También me gusta reencontrarme con las niñas brujas, y que se quejen del tiempo, y que nos ríamos todas juntas y que el tiempo se deslice en el Bartolomeo, ante unas cervezas, y que aunque llevemos tanto tiempo sin vernos, mantengamos ese vínculo invisible que nos une...
Comentario:
A mi también me gusta septiembre, que se me empiecen a enfriar las neuronas (las dos) después de tanto devaneo y tanto shock térmico, aunque la temporada de baños no concluya hasta que se retire la cruz roja de S. Lorenzo.
Ese es el verdadero comienzo de año y no la tontuna comercial de las navidades.
Ese es el verdadero comienzo de año y no la tontuna comercial de las navidades.