Quejarse
Dice la Bruja Morena, una de mis más queridas amigas y sabia como ella sola, que cada vez que nos quejamos, debería cáersenos un diente. Sé que tiene razón, a pesar de que años atrás la rebeldía me exigía despotricar contra casi todo y considerar que eso de ver el lado positivo de las cosas era asunto de auténticos bobos, de pollyannas de pacotilla. Pues no sé: igual los años me han hecho madurar o convertirme en una boba pollyanna, pero puedo asegurar que me esfuerzo por no quejarme. ¿El método? Variadito: contemplar las olas por la mañana y dejarme acunar por ellas, hacer meditación, respirar hondo, esforzarme por mirar con optimismo... Y sobre todo, el deseo de mantener todos mis dientes en su sitio y contestar que estoy bien cuando me preguntan, en lugar de escarbar (a veces la cosa está bien a la vista, tampoco hacen falta grandes esfuerzos, ya lo sé) y largarle a la persona que amablemente me ha preguntado, un rosario de lamentaciones acerca del tiempo, lo cansada que estoy, la cantidad de trabajo que tengo, las pocas ganas de todo, etcétera, etcétera, etcétera. Porque, qué diablos: si resulta que tengo salud, y una familia adorable, y un montón de amigos que me quieren, y un trabajo... ¿tengo derecho a quejarme?
Pues no. Y que se me caiga un diente si lo hago.
Pues no. Y que se me caiga un diente si lo hago.
Comentario:
Si la queja tiene la vigencia inmediata de su mera formulación, y sirve para positivar los negativos, por qué no utilizarla.
De pequeño, nunca sacaba las chuletas que había preparado para los exámenes porque al hacerlas me había aprendido su contenido, y perdían por tanto el sentido inicial, y ya sólo molestaban lo suyo desde el elástico del calcetín, o bajo la pulsera del reloj.
Vivan las quejas concepto-degradables!
De pequeño, nunca sacaba las chuletas que había preparado para los exámenes porque al hacerlas me había aprendido su contenido, y perdían por tanto el sentido inicial, y ya sólo molestaban lo suyo desde el elástico del calcetín, o bajo la pulsera del reloj.
Vivan las quejas concepto-degradables!
Comentario:
Tienes derecho a quejarte. Lo que has de tener, además, y eso sí es importante, es una vida tan llena de 'esas' pequeñas cosas que te hagan olvidar las quejas. Estoy casi convencida de que tú las tienes. Anímate, aférrate a ellas. Y deja que te abracen.
Mil besos.
Mil besos.





