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LICENCIADA MAYRA
Mis pensamientos sobre el mundo en que vivo
Acerca de
Soy originaria de Guadalajara, México. Licenciada en Historia. Trabajo en el Archivo de Instrumentos Públicos de Jalisco, que es un lugar similar a una biblioteca donde se custodian documentos antiguos, cuya catalogación yo coordino, así como la difusión de su contenido. Me encantan el futbol, la música clásica, el rock de los 60s y 70s y el pop en inglés. Odio los extremismos de toda clase, nada más que los panistones me caen muy mal, prefiero el equilibrio. Anti - tabaco. Amo la cerveza, el tequila, el café, la Coca Cola y me enloquecen los tacos de casi toda clase.
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LO SAGRADO, A UN CAJÓN.





A mí nunca me gustó la tristeza de la Semana Santa, el no poder escuchar el radio o ver la televisión (cuando yo era niña, si uno estaba de luto, no se veía la tele), y a la fecha, tampoco el hecho de que se detenga el tiempo y la vida parezca estar muerta de jueves a domingo. Pero de esos días y costumbres aprendí que la conmemoración de la muerte de Jesús merecía respeto y debía motivar la meditación sobre ese misterio entre nosotros los creyentes.

Ahora eso se ha perdido en varios estratos de nuestra sociedad; hoy en día la Semana Santa es pretexto para vacaciones y para desórdenes. No hay más que dar un vistazo a lo que ocurre, por ejemplo, en Puerto Vallarta, centro turístico playero del occidente de México. Allí no importa si es día de luto, los llamados antros funcionan a todo lo que da; la alegría es ruidosa y nadie, allí, siquiera recuerda que en un día así, ese Jesús en el que muchos dicen creer, murió. O si creen no les importa.

Otro mal síntoma de lo que afirmo es el establecimiento, en Guadalajara, por parte de varios medios de comunicación y algunas empresas, de un llamado Festival del Ocio, cuyo lema es Nada Mejor que Hacer (claro, en Semana Santa), en el que promueven que el que la gente que se quedó en la ciudad se dedique a lo que sea, menos a ir a la iglesia a las conmemoraciones de este hecho tan trascendental para los católicos.

Es una campaña de desacralización y los que debiéramos protestar guardamos ominoso silencio. Qué pena.

 
JUDAS ISCARIOTE



Hace días causó revuelo en todo el mundo la publicación, por parte de National Geographic, del manuscrito denominado Evangelio de Judas, según el cual Jesús se puso de acuerdo con él para que representara una parodia de traición, a fin de que se cumpliera Su destino de ser entregado a Sus enemigos.

Es curioso, pero en estos tiempos malos hay la tendencia de creerle primero y a pie juntillas a todo lo que se argumente en contra de los principios de la Iglesia Católica. Primero se le da crédito a sus contrarios que a ella. Y así, ya es mucha la gente que da por cierto esto, sin siquiera ponerse a reflexionar un poco.

Para que un escrito sea reconocido como auténticamente inspirado por Dios, tiene que ser sometido a largos y concienzudos análisis por parte del Magisterio de la Iglesia, la cual da, al cabo de estos procesos, su aval o su desaprobación.

Es, por lo tanto, demasiado pronto para definir la legitimidad del manuscrito; sin embargo, ya con lo que sostiene hay para saber de cierto su falsedad, pues Jesús jamás hubiera procedido tan indignamente; nunca habría representado una pieza teatral para que las profecías sobre Su destino se cumplieran. No es propio de Él.

Por otra parte - y ésta es la causa del presente post -, con los pasajes bíblicos que voy a presentar, tomados del Evangelio según San Juan - éste sí legítimo -, en su capítulo 13, versículos 2 - 4, demuestro que la multicitada propuesta de parodia jamás tuvo lugar.

Lean el relato de San Juan acerca de lo acontecido en esta postrera reunión de Jesús con sus discípulos (los números corresponden a los versículos):

<< 2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. >>

Queda muy claro que fue el demonio, y no Jesús, quien dio a Judas esa idea. Lo demás, como dice un comunicador de mi tierra (Guadalajara), Javier Ortega Ponce, es amarillismo. Y ganas de moler, añado yo.