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LICENCIADA MAYRA
Mis pensamientos sobre el mundo en que vivo
Acerca de
Soy originaria de Guadalajara, México. Licenciada en Historia. Trabajo en el Archivo de Instrumentos Públicos de Jalisco, que es un lugar similar a una biblioteca donde se custodian documentos antiguos, cuya catalogación yo coordino, así como la difusión de su contenido. Me encantan el futbol, la música clásica, el rock de los 60s y 70s y el pop en inglés. Odio los extremismos de toda clase, nada más que los panistones me caen muy mal, prefiero el equilibrio. Anti - tabaco. Amo la cerveza, el tequila, el café, la Coca Cola y me enloquecen los tacos de casi toda clase.
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1985






... Era un día más, un día laboral como cualquier otro. Estaba ya levantada; de hecho, creo iba hacia la cocina, a desayunar. Como siempre, tenía el radio prendido, no sé si en Metrópoli o en la W, cuando Levy Gallardo sí daba nota roja, no la propaganda política priísta de hoy. El caso es que, cuando iba a medio pasillo, unos metros fuera de mi cuarto, todo se hizo silencio; se oyó un ruido sordo, extrañísimo. Los vidrios de mi ventana se empezaron a cimbrar. Yo recuerdo bien ese sonido: era como el de lámparas de mesa de noche haciendo "cling clang, cling clang". En el radio se escuchó una voz: "parece que hay un temblor". Mi hermana miró hacia afuera y empezó a llorar. Mi madre ya estaba en el patio. Yo, pasmada, no atinaba a moverme ni a colocarme bajo el protector marco de alguna puerta, como tantas veces había oído decir que se hacía en semejantes casos. Gritaba. Y el temblor seguía y seguía. No acababa; eso lo recuerdo perfecto. No acababa y yo me preguntaba, en lo interno, qué iba a pasar. Por fin paró y gracias a Dios, estábamos bien. Fue en ese momento que pensé si la cosa no se habría puesto fea en el Distrito Federal, pues se me vinieron a la memoria los recuerdos de otro sismo, el del 31 de enero de 1973, que aquí en Guadalajara no pasó de sacudida, pero allá había causado fuertes deterioros en edificios y vías de comunicación. Me acordaba de Jacobo Zabludosky reportando eso, recorriendo, teléfono en mano (él tenía uno en su auto, en una época en la que no había celulares), las calles defeñas trastornadas. Y ahorita no recuerdo cuándo, ya en 1985, supe lo del horror. Yo me fui a trabajar al Archivo Municipal de Guadalajara, que se llevó un recuerdo del fenómeno telúrico: una fea cuarteadura en su torre principal (Aquí en Jalisco, el poblado de Gómez Farías, en el sur, quedó en ruinas, lo mismo que la catedral de la cercana Ciudad Guzmán, a 130 kilómetros de mi ciudad, cerca del Nevado de Colima). Y ahora que hago memoria, en verdad no recuerdo si fue allí o hasta que regresé a casa cuando conocí la magnitud del terremoto. Qué terrible; no tengo más palabras - sobran - para describir lo que vi en la televisión, que ya había vuelto al aire después de haber perdido señal a las tristemente célebres 7:19. La capital del país, destrozada, destruida, y no sólo en lo físico, sino partida en el alma. Vi a Zabludosky devastado. Vi destruido al precioso hotel Regis, donde mi familia y yo nos llegamos a hospedar varias veces en viajes a la capital, a principios de los 70s. Supe posteriormente de la muerte del músico Rockdrigo, de la del Conde Gustavo Armando Calderón, comentarista deportivo; de las gravísimas lesiones de Gustavo Calderón Millán, que a raíz de esto, entiendo que quedó en estado vegetativo. Tantas y tantas cosas. Y un sentimiento de tristeza indefinible. De vacío. Una cosa que sólo me pasa ante ese tipo de tragedias, como las de San Juanico en 1984 o las explosiones del 22 de abril de 1992, aquí en Guadalajara.

De la misma manera recuerdo que varios edificios quedaron en calidad de cadáveres vivientes y, semanas después, tuvieron que ser dinamitados por el peligro que constituían para la gente, al haber quedado convertidos en enormes cascarones que se podían venir abajo ante el mínimo embate.

Y como siempre en estos casos.

¿Las autoridades? Bien, gracias. Y si no creen, pregúntenle a Mr. Bush sobre Nueva Orleans, en el mismísimo Primer (¿?) Mundo.

 
Comentario:
SOY UNO DE LOS HIJOS DE GUSTAVO ARMANDO CALDERON "EL CONDE", PRIMERO AGARADECERLE SU COMENTARIO EN CUANTO A LO QUE SUCEDIO EL DIA 19 DE SEPTIEMBRE DE 1985, PARA TODOS LOS QUE EN ESE TIEMPO VIVIAMOS EN EL D.F. FUE UNA EXPERIENCIA DIFICIL, Y COMENTARLE QUE MI HERMANO GUSTAVO NO QUEDO EN ESTDO VEGETATIVO, DESAFORTUNADAMENTE LAS LESIONES FUERON DE CONSIDERACION QUE LO OBLIGARON A RETIRARSE DE LA ACTIVIDAD QUE DESARROLLABA, ACTUALMENTE LLEVA UNA VIDA NORMAL Y VIVE CON SU ESPOSA E HIJOS Y EN OCASIONES CON MI MAMA.
AGRADEZCO DE ANTEMANO SU ATENCION.
 
 
Comentario:
yo no me di cuenta
estaba jeteando :S
No