Un día escribí...
Y sucede que no sé qué contar, qué decirte, de qué hablarte ... Siento que me apareces extraña, lejana, tal vez ausente. Observo tu rostro y nada encuentro. Tu cuerpo, tantas noches refugio, hoy se presenta hostil, frío, paraje inhóspito, desierto...
Cómo no pensar en todas aquellas tardes compartiendo amores, compartiendo penas, riendo juntos; soñando tus sueños, tú soñando en mis sueños. ¡Hasta creí que eran ciertos!. Risas y besos, caricias y risas, besos y caricias. Una nube, estrellas, el sol, todo nos pertenecía. Besos y flores, ¿y qué más?, tú y yo, lo demás...
Fui tu amante, antes tú mi confidente y te conocí. Supiste del bufón y la princesa, de un rubí y un príncipe, del pastor y la piedra. Trabajamos juntos, crecimos juntos. Mi música fue tu música, nuestro humo nos envolvió, la triste luz del flexo escondió, confidente, nuestros secretos.
Te hiciste necesaria. Ya no era yo, éramos nosotros. Horas y noches, días y segundos juntos, en esta habitación. Siempre volvía a ti. Tú me esperabas. Tu cuerpo me recibía. Sentías mis manos sobre tu piel y yo te escribía poemas, leyendas que hablaban de dos amantes, de una playa, de una ola, de una gaviota y de un invierno.
Siento ahora tu piel bajo mis dedos, es fría y seca, dura y cuarteada, muerta. No, no siento. Y me miento y te miento y digo que te quiero y no lo entiendo. Pero no me oyes, y te dejas hacer en silencio. Tengo frío, sudo. La radio está encendida y suelta ruidos estridentes. Tú. Yo.
¿Dónde están la princesa y el bufón?, ¿dónde fueron tus caricias y mis besos?.
Tomo mi chaqueta, vuelvo atrás en mi camino. La puerta queda abierta. La noche me envuelve. No estoy.
17/12/1987