Huyendo
Cerraba una puerta tras él. Y no sólo en el aspecto literal de la expresión. Sabía que aquella era la última noche. Y su forma de huir no hacía sino agrandar el vacío entre ambos. Era la salida cobarde, pero no se sentía con fuerzas de enfrentarse a la realidad.
Ya en la calle la densa niebla le empapó el rostro, haciendo que se arrebujase más aún en su abrigo. La calle estaba desierta. Poco a poco su figura se convirtió en un bulto, luego en una sombra hasta desaparecer definitivamente calle abajo.