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Soy más raro que un perro verde, para que nos vamos a engañar. Hay personas que dicen que soy inteligente, ocurrente, dulce y sensible. A lo que añado que soy borde a ratos, introvertido y tímido (y no, eso no se lo digo a todas), pero que me encanta conocer personas.
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Y en la noche de san Juan... (Generalidades, I)


Hoy va de etnografía, para ti Bikerin.

Junio festivo o la pasión por el fuego y el agua. Los lugares más recónditos de nuestra cordillera pirenaica se convierten en un verdadero mundo de fiesta; las gentes de los pueblos aprovechan la llegada del solsticio de verano para realizar sus celebraciones cargadas de simbolismo, ritos paganos y ancestrales que tienen como protagonistas indiscutibles el sol, el fuego y el agua...

El agua, otro elemento protagonista indiscutible de las fiestas del mes de junio
El calendario festivo del mes de junio en el Pirineo es, sin duda, un calendario vivo y rico en cultura. Las fiestas con hogueras, luna llena, antorchas, fallas, fuegos artificiales, baños de agua y danzas, llenan de luz y color el cielo del Pirineo que celebra con bullicio y alegría la llegada del verano...

El paso de la primavera al verano, en la tradicional Noche de San Juan, ha sido celebrada por muchas culturas antiguas como uno de los hitos fundamentales del año. Si hay unos días adecuados para compartir la fiesta y el contacto consciente con la naturaleza, estos son los del paso del solsticio. En este junio además, hay luna llena, esa gran aliada.

El fuego es el protagonista en esa cita que anuncia el cambio de estación tanto en invierno como en verano. Para la Alta Ribagorça, Pallars Sobirà, Val d'Aran, en el Pirineo de Lleida o el valle de Chistau en el Pirineo aragonés -solo por citar algunos-, la vigilia de San Juan es la gran fiesta del fuego, fuego que baja de las montañas serpenteando en un emocionante espectáculo. Seguramente sea uno de los ritos más ancestrales de la cordillera.

El fuego protagonista de las fiestas de junio en el Pirineo
La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano, ó 20 de junio, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

En tiempos posteriores se encendían fogatas en las cimas de las montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos. Se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas...

Hablando propiamente del solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5 grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el hemisferio norte, el 22 de junio sea el día más largo del año.

Se ha asociado la festividad de San Juan, el 24 de junio, al solsticio de verano, pero esto tan solo es cierto para los habitantes que viven por encima del ecuador, es decir, para los que viven en el hemisferio norte, ya que para los del sur el solsticio es el de invierno; y ni tan siquiera para todos pues la fiesta de San Juan es patrimonio del mundo cristiano.

Orígenes paganos

Los fuegos artificiales forman parte de la fiesta
Las celebraciones del solsticio de verano son muy anteriores a la religión católica. Uno de los antecedentes que se puede buscar a esta festividad es la celebración celta del Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba “fuego de Bel” o “bello fuego” y era un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.

Los egipcios, por su parte, celebraban el día del culto al "dios sol". Era una fiesta extendida por todo el mundo antiguo, partiendo del culto a Ra, el dios sol, cuya deidad fue asumida con distintos nombres por las culturas helena, en primer lugar, y después por la romana.

Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador.

Los romanos también dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días. En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba “puertas” y, en parte, no les faltaba razón. La “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio).

La noche de San Juan

Los más atrevidos saltan la hoguera en la noche de San Juan
Su celebración coincide con el solsticio de verano; La víspera del día 24, es la noche más corta del año y se encendían hogueras las cuales había que saltar como acto de purificación interior, de liberación de pecados y de malos espíritus. En su cristianización, como es obvio se mantiene este sentido; se le aplica a San Juan Bautista, el profeta que predicaba el bautismo de arrepentimiento de los pecados.

El 23 de junio se celebra en el hemisferio norte, el día más largo del año; no es un día como los demás, la naturaleza se dispone a celebrar una fiesta, cargada de gran poder y magia. Distintas deidades de la naturaleza se manifiestan en los campos; los agricultores dan gracias por las cosechas. También es el momento justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se debe comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.

Es la noche de San Juan, noche de ritos paganos y religiosos, noche mágica del solsticio de verano, donde el fuego y el agua se convierten en protagonistas, el fuego como elemento purificador, el agua como sanador.

Y la importancia que a estos dos elementos se da desde tiempo inmemorial en los diferentes valles y pueblos del Pirineo, se pone de manifiesto en las distintas celebraciones, muchas de ellas de carácter ritual, que a lo largo y ancho de la cordillera pirenaica se suceden en esta noche mágica. Todas ellas, de similares características que tienen como punto de unión los dos elementos: fuego y agua.

Fuente: http://www.pirineos.com/article/articleview/939/1/97/


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