De vuelta
Es lunes y suena el despertador. No hay manera, no ha sido un mal sueño, la jornada de trabajo comienza ya.
De nada me ha servido implorar y suplicar, pedir por favor y casi de rodillas... ¡Hay que volver al trabajo!.
Lo que más me ha costado es tener que decidir qué ropa me ponía. Esta última semana bastaba elegir el pantalón corto y la camiseta, brincar al restaurante, desayunar y como alma que lleva el diablo, correr a extender la toalla en la playa.
Una vez allí, despojarme de toda la ropa y dejar que el sol me acariciara todo el cuerpo, sin prisa, sin otro trabajo, sin mayor urgencia.
De nada me ha servido implorar y suplicar, pedir por favor y casi de rodillas... ¡Hay que volver al trabajo!.
Lo que más me ha costado es tener que decidir qué ropa me ponía. Esta última semana bastaba elegir el pantalón corto y la camiseta, brincar al restaurante, desayunar y como alma que lleva el diablo, correr a extender la toalla en la playa.
Una vez allí, despojarme de toda la ropa y dejar que el sol me acariciara todo el cuerpo, sin prisa, sin otro trabajo, sin mayor urgencia.