"Me como el tarro"…
Dice mi amiga Pepa que no ha conocido un “mae*” que "se coma el tarro” tanto como yo lo hago. Mi comedura de tarro, dice ella, sólo se parece… ¡a la suya!.
Y así está nuestro correo (ella vive en Austria) lleno de idas y vueltas, de mis dudas, de requiebros sobre un mismo tema, de sus debilidades y faltas de confianza en sí misma; de dime qué piensas, o qué harías tú… Vamos, que la señorita Francis a nuestro lado queda como una principiante.
No digo que no tenga razón. A mí la frase: Si los problemas tienen solución ¿por qué te preocupas?. Y si no la tienen ¿por qué te preocupas?, realmente no me sirve. Ese dejar fluir la vida tal y como venga, esa despreocupación, ese “todo está bien así”, “no hay que cambiar nada” , no va conmigo.
Y más aún cuando se refiere a las relaciones entre personas. No puedo entender que alguien que ha significado tanto para ti, para quien tú has significado tanto, cierre su puerta a cal y canto, baje las persianas de su vida y levante este muro de silencio, frío, helador silencio sin una simple explicación. Y más cuanto todo estaba claro desde el principio, porque se dejan las cosas claras, porque se sabe lo que hay y lo que no, porque no hay promesas que sabemos no podemos cumplir, porque no hay mentiras, porque el mundo acababa donde acababa nuestra piel, porque no hacía falta más que una mirada para saber que esa tarde nos íbamos a deshacer en el otro…
Y porque cuando supimos que no había más allá en la relación nos despedimos besándonos y acariciándonos. Porque intentamos en serio seguir siendo amigos, porque sabemos el uno del otro los más ocultos secretos, conocemos los momentos más duros de nuestras vidas…
Creo que es estos casos si hay que comerse el tarro. Aunque una y otra vez tope con una puerta cerrada, con un gris y horrible muro de silencio.
*Tío, hombre en Costa Rica.
Y así está nuestro correo (ella vive en Austria) lleno de idas y vueltas, de mis dudas, de requiebros sobre un mismo tema, de sus debilidades y faltas de confianza en sí misma; de dime qué piensas, o qué harías tú… Vamos, que la señorita Francis a nuestro lado queda como una principiante.
No digo que no tenga razón. A mí la frase: Si los problemas tienen solución ¿por qué te preocupas?. Y si no la tienen ¿por qué te preocupas?, realmente no me sirve. Ese dejar fluir la vida tal y como venga, esa despreocupación, ese “todo está bien así”, “no hay que cambiar nada” , no va conmigo.
Y más aún cuando se refiere a las relaciones entre personas. No puedo entender que alguien que ha significado tanto para ti, para quien tú has significado tanto, cierre su puerta a cal y canto, baje las persianas de su vida y levante este muro de silencio, frío, helador silencio sin una simple explicación. Y más cuanto todo estaba claro desde el principio, porque se dejan las cosas claras, porque se sabe lo que hay y lo que no, porque no hay promesas que sabemos no podemos cumplir, porque no hay mentiras, porque el mundo acababa donde acababa nuestra piel, porque no hacía falta más que una mirada para saber que esa tarde nos íbamos a deshacer en el otro…
Y porque cuando supimos que no había más allá en la relación nos despedimos besándonos y acariciándonos. Porque intentamos en serio seguir siendo amigos, porque sabemos el uno del otro los más ocultos secretos, conocemos los momentos más duros de nuestras vidas…
Creo que es estos casos si hay que comerse el tarro. Aunque una y otra vez tope con una puerta cerrada, con un gris y horrible muro de silencio.
*Tío, hombre en Costa Rica.