Por el Delta
A la mañana siguiente los excesos del temporal eran evidentes. Árboles caídos, ramas por doquier, plantaciones de arroz arrasadas, campos y calles inundados... Y el cielo plomizo.
Con todo el día por delante y sin ninguna esperanza de poder volver a disfrutar de la playa, decidí que por lo menos me recorrería el Delta, y si el sol salía, poco me costaba acercarme a la playa.
Inicié mi periplo por la playa del Trabucador. ¡Qué pena!. Una parte de la suciedad, plásticos sobretodo, se veía a las claras que procedía de lo que el mar había depositado la noche anterior. Otra parte había sido manos humanas las que lo habían esparcido por doquier. En cualquier caso, el responsable último, era el hombre. No dejé que la primera impresión me decepcionara, pero mi ánimo quedó un poco tocado.
Volví sobre mis pasos y me dirigí a la playa del Eucaliptus. El acceso a la zona donde había estado el día anterior estaba inundado, así que seguí rumbo al norte.
Pasé por Sant Jaume d´Enveja con la intención de buscar la playa del Serrallo. Soledad absoluta, y el sol pugnando por salir entre las nubes. Aposté a que el sol iba a ganar su batalla, así que acomodé mi toalla y me desnudé dispuesto a esperarlo y dejar que acariciara mi piel. Para no quedar helado paseé por la playa... Toda la playa para mi solo.
Hube de darme por vencido, aquel no era mi día. Así que continué mi “tourneé” por las playas del Delta. Volví sobre mis pasos y me dirigí a la playa de Migjorn... Antes, poco antes de llegar hice una pequeña parada en un mirador desde donde observar a las aves.
También en esta zona la acción de la lluvia y el temporal era evidente. Me paseé por la playa para conocerla un poquito mejor y continué mi marcha. De aquí me fui a Deltebre, pero vía Amposta. Aunque fuera una vuelta innecesaria, quería recorrer lo máximo posible. Se hacía la hora de comer y en Deltebre encontré un lugar estupendo, barato, comida casera... ¿Volvía a sonreírme la suerte?.
Después de comer decidí acercarme a la playa de la Marquesa. Si cabe, aquí el viento soplaba con más fuerza, la playa igual de desoladora. No duré ni cinco minutos. Solo me quedaba ya por visitar la playa de Riumar, junto a la urbanización del mismo nombre.
Me alejé de la zona habitada y busque en la dunas un refugio del viento, que estuviera soleado. Me pudo más las ganas de disfrutar de la playa y mi desnudez que la comodidad del día, la verdad es que el día invitaba muy poco al disfrute y el baño.
Afortunadamente las previsiones apuntaban a que al día siguiente el tiempo iba a mejorar sustancialmente. Me quedaba la duda de si el viento iba a remitir, por lo que me decidí a subir a la playa nudista del Torn. Creía que los 50 km. que tendría que recorrer podrían merecer la pena.
Con todo el día por delante y sin ninguna esperanza de poder volver a disfrutar de la playa, decidí que por lo menos me recorrería el Delta, y si el sol salía, poco me costaba acercarme a la playa.
Inicié mi periplo por la playa del Trabucador. ¡Qué pena!. Una parte de la suciedad, plásticos sobretodo, se veía a las claras que procedía de lo que el mar había depositado la noche anterior. Otra parte había sido manos humanas las que lo habían esparcido por doquier. En cualquier caso, el responsable último, era el hombre. No dejé que la primera impresión me decepcionara, pero mi ánimo quedó un poco tocado.
Volví sobre mis pasos y me dirigí a la playa del Eucaliptus. El acceso a la zona donde había estado el día anterior estaba inundado, así que seguí rumbo al norte.
Pasé por Sant Jaume d´Enveja con la intención de buscar la playa del Serrallo. Soledad absoluta, y el sol pugnando por salir entre las nubes. Aposté a que el sol iba a ganar su batalla, así que acomodé mi toalla y me desnudé dispuesto a esperarlo y dejar que acariciara mi piel. Para no quedar helado paseé por la playa... Toda la playa para mi solo.
Hube de darme por vencido, aquel no era mi día. Así que continué mi “tourneé” por las playas del Delta. Volví sobre mis pasos y me dirigí a la playa de Migjorn... Antes, poco antes de llegar hice una pequeña parada en un mirador desde donde observar a las aves.
También en esta zona la acción de la lluvia y el temporal era evidente. Me paseé por la playa para conocerla un poquito mejor y continué mi marcha. De aquí me fui a Deltebre, pero vía Amposta. Aunque fuera una vuelta innecesaria, quería recorrer lo máximo posible. Se hacía la hora de comer y en Deltebre encontré un lugar estupendo, barato, comida casera... ¿Volvía a sonreírme la suerte?.
Después de comer decidí acercarme a la playa de la Marquesa. Si cabe, aquí el viento soplaba con más fuerza, la playa igual de desoladora. No duré ni cinco minutos. Solo me quedaba ya por visitar la playa de Riumar, junto a la urbanización del mismo nombre.
Me alejé de la zona habitada y busque en la dunas un refugio del viento, que estuviera soleado. Me pudo más las ganas de disfrutar de la playa y mi desnudez que la comodidad del día, la verdad es que el día invitaba muy poco al disfrute y el baño.
Afortunadamente las previsiones apuntaban a que al día siguiente el tiempo iba a mejorar sustancialmente. Me quedaba la duda de si el viento iba a remitir, por lo que me decidí a subir a la playa nudista del Torn. Creía que los 50 km. que tendría que recorrer podrían merecer la pena.





