Qué bueno que viniste!
Mis locuras... Siéntete como en casa, ponte cómod@, en la nevera hay bebida fresca...
Acerca de
Soy más raro que un perro verde, para que nos vamos a engañar. Hay personas que dicen que soy inteligente, ocurrente, dulce y sensible. A lo que añado que soy borde a ratos, introvertido y tímido (y no, eso no se lo digo a todas), pero que me encanta conocer personas.
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Y más aún


Sindicación
 
Clavada en mi mente…

Llevo dos días oyendo a Miguel Ríos cantar la misma canción. La verdad, para ser un concierto, puede llegar a ser agobiante.

“Y el león de color rosa se hace cargo de las cosas, y el león de color rosa se hace cargo de las cosas…”

¿No le oís?.

 
Principio y final

Sudorosos. Tendidos en la cama, uno junto al otro, guardábamos silencio. De repente ella me preguntó:

- ¿Te has enamorado?.

Su pregunta, lanzada a bocajarro, me pilló absolutamente desprevenido. Dudé. Y ese instante de duda me perdió.

- No, contesté. Esa fue la orden que dio mi cerebro y que mis labios ejecutaron. Mientras, mis ojos clavados en los suyos les contradecían.

- Está bien. No me hubiera importado que lo hubieras hecho…

Mientras, afuera, la tarde iba muriendo a la par sol escondiéndose rojizo tras el horizonte…

 
Figurando…

Desde mis “pinitos” en el colegio, no había vuelto a interpretar un papel. Bueno, esto dejando fuera mis horas de curro, en las cuales no soy yo por completo.

El sábado por la noche ya tenía plan, una pareja venía a casa a cenar: buena mesa de seguro acompañada de buen vino, charleta animada… Para alguien casero como yo y poco dado a recibir al nuevo día despierto (salvo que lo exija el guión), el plan se presentaba perfecto.

Sólo faltaba la llamada de auxilio de una amiga, y a las amigas no se les deja en al estacada. ¡faltaría más!. El caso es que hace unos meses cogió el traspaso de un bar, y la cosa no ha salido como esperaba, así que se decidió a traspasarlo a su vez. ¿Cuál era mi papel en esta función?. Pues eso, la de figurante. A las siete y media iban unas personas interesadas y allí debíamos estar, haciendo de clientes habituales, jejeje. ¿Seguro que esto es legal?.

Aún no sé la valoración de crítica y público, el resultado se sabrá hoy. Quizás haya más funciones… ¿Mi precio?. Un par de cañas y una tapita…


Y este fin de semana próximo toca Toledo. Una amiga ha decidido casarse. Y nada más y nada menos que en la catedral… Ya tengo el disfraz a punto, la ruta establecida y reservado el hotel. El sábado por la mañana visita cultural a la catedral, por la tarde ceremonia, cena y fiesta hasta que el cuerpo aguante… Espero poder visitar la ciudad. Y si no, ya tengo “excusa” para volver. ¿Alguien quiere ver fotos?.

Se nota que estoy cansado y dormido…

 
Casting “Éramos”. Relatos presentados.

Una vez cumplido el plazo dispuesto, y previo a la deliberación del Jurado, sometemos a tod@s vosotr@s los relatos recibidos.

Se ha decidido establecer el “Premio Especial del Público”. Para ello debéis votar con tres, dos y un punto a los relatos que más os gusten (tres puntos al que más, dos al intermedio…). El autor o autora del relato elegido de esta manera, pasará a formar parte del elenco de guionistas.

Podéis emitir vuestros votos, dejando un comentario, hasta el próximo domingo, 9 de abril.

El plazo de votación comienza, YA!






"Persigo tu figura en cada esquina. En silencio, busco el tacto del periódico en los abrigos de la gente, ese sonido crepitante que aventuraba nuestros abrazos de despedida y, sobre todo, los de saludo. Y no dejo de mirar lo que escribiste. Te busco en cada arruga de las sábanas, tras cada ruido en la cocina y espero a que vuelvas en la madrugada. Pero al despertar nunca encuentro el tacto de tus manos en mi vientre. Solo aire y vacío. Me pregunto por qué. Por qué nos pasan las cosas que nos pasan. Extraño tu sombra en la ventana, vigilando que saliera del metro y llegara a casa".

Por Farandwell



Ella le miró fijamente a los ojos. Parpadeó un par de veces y un brillo irónico borró la perplejidad de su mirada.
- Tienes razón- le contestó mientras se desprendía de su abrazo y saltaba de la cama.
Él, crema en mano, se quedó parado sin saber muy bien qué decir.
-¿Dónde vas?-Preguntó.
- Acabo de recordar que tengo que continuar el relato que un amigo publicó en su
blog.
Y así, envuelta en una escueta toalla, se sentó frente al ordenador sonriendo para sus adentros.

Por Andaya



Se conocían perfectamente. Bastaba una mirada de él para que ella adivinara la suerte de pensamientos que transitaban por su mente. Ella se tumbó y separó sus piernas esperando recibir su pene erecto, él se recostó sobre ella, y esbozó una sonrisa.

Algo era distinto esta vez. Y ella creyó intuirlo en una sonrisa que no había visto nunca...

En efecto, de repente él la penetró violentamente, tanto que provocó que se estremeciera, pero esta vez de dolor.

Basta!!, basta!!

No le escuchaba, parecía fuera de sí.

Basta, por favor!!!!!

Era inútil... decidió abandonarse a su suerte hasta que de pronto recordó una de sus mayores fantasías eróticas. Ser violada.

Se acordó entonces de que en alguna ocasión hablando con él había mencionado uno de sus deseos más ocultos. Daba la impresión de que él estaba tratando de satisfacerlos en esta ocasión.

Se dio cuenta de que estaba siendo violado por la persona a quien deseaba. Poco a poco su excitación retornó hasta que de pronto, de dentro de sus entrañas brotó el más salvaje de los orgasmos que había sentido nunca...

Gimió, gritó, se retorció.

Basta!, basta!!

BASTAAAAAA!!!!!!!!

Por Cortín Cerrado



Ella le miró sorprendida. Dudó un momento pero estaba muy excitada. Se chupó el dedo. Su cara lo decía todo. Empezó a acariciar sus pezones alternativamente mientras movía las caderas rítmicamente ante la atenta mirada de él. Eso la hizo excitarse todavía un poco más. Bajó la mano, su dedo siguió el recorrido que él había marcado. Gemía. Al llegar al pubis se entretuvo acariciando el vello, siguiendo sus contornos con el dedo. Con la otra mano se acariciaba el pecho. El contemplaba la escena.

Por 2noes=q1+1
 
Casting “Éramos”. Relatos presentados.

Una vez cumplido el plazo dispuesto, y previo a la deliberación del Jurado, sometemos a tod@s vosotr@s los relatos recibidos.

Se ha decidido establecer el “Premio Especial del Público”. Para ello debéis votar con tres, dos y un punto a los relatos que más os gusten (tres puntos al que más, dos al intermedio…). El autor o autora del relato elegido de esta manera, pasará a formar parte del elenco de guionistas.

Podéis emitir vuestros votos, dejando un comentario, hasta el próximo domingo, 9 de abril.

El plazo de votación comienza, YA!






"Persigo tu figura en cada esquina. En silencio, busco el tacto del periódico en los abrigos de la gente, ese sonido crepitante que aventuraba nuestros abrazos de despedida y, sobre todo, los de saludo. Y no dejo de mirar lo que escribiste. Te busco en cada arruga de las sábanas, tras cada ruido en la cocina y espero a que vuelvas en la madrugada. Pero al despertar nunca encuentro el tacto de tus manos en mi vientre. Solo aire y vacío. Me pregunto por qué. Por qué nos pasan las cosas que nos pasan. Extraño tu sombra en la ventana, vigilando que saliera del metro y llegara a casa".

Por Farandwell



Ella le miró fijamente a los ojos. Parpadeó un par de veces y un brillo irónico borró la perplejidad de su mirada.
- Tienes razón- le contestó mientras se desprendía de su abrazo y saltaba de la cama.
Él, crema en mano, se quedó parado sin saber muy bien qué decir.
-¿Dónde vas?-Preguntó.
- Acabo de recordar que tengo que continuar el relato que un amigo publicó en su
blog.
Y así, envuelta en una escueta toalla, se sentó frente al ordenador sonriendo para sus adentros.

Por Andaya



Se conocían perfectamente. Bastaba una mirada de él para que ella adivinara la suerte de pensamientos que transitaban por su mente. Ella se tumbó y separó sus piernas esperando recibir su pene erecto, él se recostó sobre ella, y esbozó una sonrisa.

Algo era distinto esta vez. Y ella creyó intuirlo en una sonrisa que no había visto nunca...

En efecto, de repente él la penetró violentamente, tanto que provocó que se estremeciera, pero esta vez de dolor.

Basta!!, basta!!

No le escuchaba, parecía fuera de sí.

Basta, por favor!!!!!

Era inútil... decidió abandonarse a su suerte hasta que de pronto recordó una de sus mayores fantasías eróticas. Ser violada.

Se acordó entonces de que en alguna ocasión hablando con él había mencionado uno de sus deseos más ocultos. Daba la impresión de que él estaba tratando de satisfacerlos en esta ocasión.

Se dio cuenta de que estaba siendo violado por la persona a quien deseaba. Poco a poco su excitación retornó hasta que de pronto, de dentro de sus entrañas brotó el más salvaje de los orgasmos que había sentido nunca...

Gimió, gritó, se retorció.

Basta!, basta!!

BASTAAAAAA!!!!!!!!

Por Cortín Cerrado



Ella le miró sorprendida. Dudó un momento pero estaba muy excitada. Se chupó el dedo. Su cara lo decía todo. Empezó a acariciar sus pezones alternativamente mientras movía las caderas rítmicamente ante la atenta mirada de él. Eso la hizo excitarse todavía un poco más. Bajó la mano, su dedo siguió el recorrido que él había marcado. Gemía. Al llegar al pubis se entretuvo acariciando el vello, siguiendo sus contornos con el dedo. Con la otra mano se acariciaba el pecho. El contemplaba la escena.

Por 2noes=q1+1
 
Me voy p´al pueblo!

Antes de que nadie se apunte a la barbacoa, a tomar el sol o a comer tomates ricos, ricos, ricos hay mucha “feina”.

Había pensado ponerle nombre. Queda abierto el buzón de sugerencias.









 
Epílogo. El hombre mira al mar…

La ola lo envolvió, zarandeándolo de un lado a otro como un monigote. Trastabilló y perdió pie. Sintió volar y se desorientó. Una nueva ola lo empujó con una fuerza descomunal, empujándolo hacia arriba y hacia a atrás. Tragó el mar entero… Un solo instante que pareció una eternidad transcurrió hasta que sintió el impacto contra el suelo del paseo. Su cabeza y su espalda golpearon contra las duras losas.

Quiso moverse y no pudo. La gente empezó a arremolinarse en torno a su cuerpo yaciente. Les veía, les oía pero no podía contestar. Alguien llamó a los servicios de emergencias. “No lo toquen, no lo muevan. Por favor, apártense, dejen espacio para que pueda respirar”. Tampoco en esto tuvo suerte.

Las sirenas, de nuevo las sirenas irrumpían hoy en su vida. Debería estar acostumbrado, por su ocupación, a oír sirenas. Sin embargo no era así, él se movía (¡qué contradicción en esos momentos!) entre el silencio, el sigilo y la oscuridad. Los sanitarios se hicieron cargo de la situación, evaluaron su estado y procedieron a inmovilizarle.

No sabía el tiempo que había transcurrido desde que lo habían trasladado al hospital. Solo en la habitación, oía el ruido de las máquinas y monitores a las que estaba conectado. Intentaba descubrir en qué demonios había fallado. Una imagen de la infancia se coló en su mente.

Caminaba empapado camino a casa, seguro de lo que le esperaba al llegar. A su lado, sonriente, con aquella sonrisa imbécil que tanto le molestaba, Aitor caminaba con apenas marcas de su última aventura con las olas. Una vez más Aitor había ganado. Al llegar al sucio callejón se abalanzó sobre él, mientras con el antebrazo le placaba en el cuello, con el puño cerrado le golpeaba en la cara. “Dímelo, dímelo”. Aitor estaba aterrado, no sabía a que se refería su amigo. Medio ahogado por la presión, sólo llego a musitar “yo no sé nada”…

Si no hubiera sido tan violento, sabría que Aitor conocía el secreto del mar. Cada siete grupos de siete olas, la octava era la más violenta…

No lejos de él, en el Instituto Anatómico, el cuerpo desnudo de una mujer joven yacía en la mesa de autopsias. Acababan de realizarle la autopsia. La causa de la muerte, tras intentar estrangularla, le habían partido el cuello. El médico forense repasaba sus notas. Se preguntaba qué clase de mente enferma era capaz de actuar así. Su asesino se había ensañado. Además de los múltiples moratones y contusiones en la cara, su cuerpo estaba salpicado de horrendas quemaduras. Si descubrir y examinar el cuerpo había sido duro, recordarlo para la redacción del informe le había revuelto las entrañas. Además, presentaba importantes desgarros internos, que habían afectado a órganos vitales, producidos sin duda por un elemento alargado, redondo y romo. Encontró restos de astillas en su cuerpo…

La policía estudiaba el lugar del crimen. Todo se había desarrollado en el dormitorio. La abundante sangre mancha las sábanas de la cama junto a la que habían encontrado el cuerpo tirado en el suelo. Una silla rota. No había más rastro de violencia. Las huellas dactilares encontradas no habían dado positivo en sus bases de datos. Un paquete de tabaco americano arrugado llamó su atención. Tampoco había colillas.

En el servicio de Urgencias del hospital otro inspector hacía preguntas al personal que había atendido al suicida. No sabían quien era, no portaba documentación. Tan sólo en uno de los bolsillos del gabán un recorte de periódico de bastantes años atrás. “Adolescente salva la vida en incendio”. Sin embargo su padre no había corrido la misma suerte. Al leerlo cambió bruscamente su expresión. “No puede ser”. Encolerizado rompió en mil pedazos el papel.

 
El hombre mira al mar…

Sólo cuando el ruido de la cancela al cerrarse tras de sí le trajo de nuevo a la realidad, comprendió lo que acababa de hacer. La mañana era fría, las nubes cubrían el cielo y la lluvia esperaba amenazadora.

Enfundado en su gabán, encogido por el viento que le azotaba inmisericorde, comenzó a caminar sin rumbo fijo, sin pensar cual era su destino. Se dejó llevar.

Caminó distraído por la calles, su cuerpo no respondía a ninguna orden concreta; dotados de vida propia, sus músculos dirigían sus piernas.

Sin mirarles, sentía clavarse en él las miradas inquisidoras de los transeúntes. Se sentía condenado sin posibilidad de defensa, su voz nunca sería oída. Quería gritar, él era inocente, otros movían los hilos, mas sus palabras quedaban abortadas en su garganta. El ulular de las sirenas invadió las calles. Luego distinguió los destellos del coche patrulla que se dirigía hacia él, detrás venía la ambulancia. Pasaron a toda velocidad. Sonrió. Se dio cuenta de que su temor inicial no tenía sentido. Él no tenía rostro, sus huellas no existían, nadie podría localizarle.

¿Y si no era así?. ¿Si alguien le había visto salir de la casa?. Una sombra de duda se instaló en su mente. Maldita sea, maldita sea siempre. Nada debería haber sucedido. Ella no debería haber pronunciado esas palabras. “Yo no sé nada”. Al oírlas algo se despertó en su cerebro, no pudo parar. Ellos siempre las decían, y mentían. Él lo sabía y ellos deberían saberlo. Su trabajo era ése, ellos debían recordar lo que sabían. Fuera como era, ellos debían recordar.

Sintió un momento de debilidad. Por un momento su mundo, su oscuro y cerrado mundo, aparentemente sin fisuras, empezaba a desquebrajarse. Empezó a desconfiar. Miraba de soslayo a la gente, todos eran sospechosos. Se sintió observado…

Pronto se sintió invadido por el olor a mar. Respiró profundamente llenando sus pulmones Desembocó en el paseo junto al mar.



La bahía se abría ante sus ojos. El cielo plomizo se reflejaba en el mar, dándole un aspecto sombrío, siniestro, casi fúnebre. Embravecido por el viento, las olas rompían en el espigón que protege el puerto. Al fondo, junto al cabo, el espectáculo del mar enfurecido golpeando las rocas era observado por una docena de curiosos. Atraído por una fuerza irresistible encaminó sus pasos hacia allí.

Empapados hasta los huesos unos críos jugaban a evitar las olas, ganaba quien más tiempo aguantara sin mojarse. Imágenes de la infancia ya olvidada volvieron a su mente. Las palizas de su padre, su madre procurándole ropa seca…

Estudió la cadencia de las olas. Una, dos, tres… la séptima barría el pretil con fuerza inusitada. Uno, dos, tres… Recordó el tic-tac del reloj del calabozo… Un, dos, tres… Al contar cinco brincó todavía ágil. Apenas oyó los gritos de la gente. El abismo gris se abría a sus pies. Se sintió profundamente atraído. No había vuelta a tras. Seis, siete…

 
Casting

Ante la avalancha de peticiones para formar parte del elenco de guionistas de la segunda parte de “Éramos”, la dirección de esta Sociedad Editorial “A &A” ha decidido convocar un casting.

Las bases son las siguientes:

1.- Participantes: Toda aquella persona que lea esta entrada y desee participar.
2.- Méritos: Presentar un breve relato, concluso o inconcluso, de entre 5 y 10 líneas. Temática libre, pero sumarán puntos adicionales aquellos que continúen la línea argumental de la entrada objeto de esta iniciativa.
3.- Publicación: Todos los relatos recibidos serán publicados, salvo indicación expresa. Así mismo, se indicará el nombre del autor o autora, salvo indicación expresa en sentido contrario.
4.- Plazo de presentación: Podrán enviarse relatos hasta el domingo 26 de marzo, a las 24.00 h, hora local de origen del relato.
5.- Lugar de envío: Indicando claramente en el “asunto” del mensaje “Casting Éramos”, a la dirección: alduntza [at] yahoo.es
6.- Cualquier duda o aclaración que se precise, será solventada poniéndose en contacto con la citada dirección de correo electrónico.
7.- Resultados. Se publicarán en esta misma bitácora a más tardar el miércoles 5 de abril.
8.- Jurado: Estará compuesto por personas de la Blogosfera, de reconocido prestigio e imparcialidad. La representación será paritaria.
9.- Otros: Cualquier situación no prevista en las bases anteriormente descritas será evaluada y discernida por las personas que componen el Jurado.

Dicho lo anterior, y sin más dilación, damos por abierto este Primer Casting “A&A”. Esperamos vuestra participación. Poned toda la carne en el asador y las manos en la masa.

¿A qué estás esperando?

 
¿Y ellos?

Desde ayer tarde mucho estoy oyendo de la actitud y la provocación de Zaplana, miembro destacado del PP, principal partido de la Confrontación, uysss, perdón, de la Oposición.

Sin dejar de molestarme, enfadarme, crisparme sus palabras, su pensamiento y su desdén y chulería… ¿qué otra cosa cabría esperar?. ¿Alguien todavía se sorprende?.

Tampoco me sorprende que ninguna de las mujeres de su partido abandonara también el Hemiciclo; de ellos, mejor obviarlo y no ser iluso.

Lo que me extraña, molesta, crispa y enfada es que “ellos”, sus Señorías, compañeros de las mujeres que se sintieron agraviadas, permanecieran en su escaños.

Es por eso por lo que decía días atrás, en mi entrada del 8 de marzo, día Internacional de la Mujer, que ése era también MI día. Pienso que malamente podemos cambiar situaciones, mentalidades, agravios y avanzar hacia una real y evidente igualdad si nosotros no asumimos como propias las reivindicaciones de las mujeres. Y a partir de ahí nos ponemos manos a la obra y sumamos fuerzas.

Decía Ernesto Guevara, “Che” Guevara, que la verdadera solidaridad es sentir como propias las afrentas de aquella persona con la que nos solidarizamos. Dicho queda.

 
No tengo paciencia.

Lo dicho, clarito como el título, cuando me buscan, acaban encontrándome. No tengo paciencia, no sé disimular. Ayer mandé a mi “jefe” a la mierda.

Bueno, no se lo dije con palabras, pero lo pensé muy fuerte y estaba a metro y medio de mí; por narices tuvo que oírme.

 
Segundas partes…

Sé que me debo a mi público. Él paga mis caprichos, mis vicios y mis secretas aficiones. El público pide y hay que dárselo, sin rechistar.

Dicen que nunca segundas partes fueron buenas. Habrá que romper con el tópico. Lo prometido es deuda y habrá, por petición popular (y porque lo del Tranta de momento no me apetece probarlo), continuación del relato “Éramos”.

Mientras llega el día, os voy deseando un feliz de semana. Por mi parte, voy a “documentarme”.

Nos leemos!

 
Callado ¡ni bajo el agua!

Días atrás, en un comentario dentro de la entrada “Éramos”, alguien, haciendo uso de utilizar su libertad a expresarse, cometió la desfachatez de acusarme de, al menos, la comisión de dos delitos.

Frente a esta muestra de maldad, alguien que ahora sé mejor lo bien que me quiere y me aprecia, se disculpó, cargando con la culpa. Así es el mundo.

Tenía preparada la respuesta, que está a disposición de aquellas personas que la deseéis leer, pero que haciendo caso a personas con la cabeza más fría que la mía, con más sentido común que lo que yo poseo, he decidido no publicar. No voy a entrar al trapo de falsas acusaciones, menos viniendo de un embozado.

Llevo en este mundillo de las bitácoras casi dos años. Ya me vais conociendo y sabéis de que pie cojeo. (Choi que te conozco ;-) )

Muchas gracias por vuestra paciencia. Un beso.

 
8 de marzo, planeta Tierra.

HOY es vuestro día. Y MAÑANA también!


Hoy también es MI día.


Felicidades y a plantar!





 
Donostia. Donostian. Donostiako.



Pulsa en la imagen para ver más fotos.
 
Mi dosis



Hoy pasé por la Fnac...
 
Éramos


La hora de volver a la casa de turismo rural en la que estaban alojados se acercaba. Aunque la tarde era calurosa, y la estancia en la playa era muy agradable y la temperatura del agua animaba al baño, el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.

Ella colocó un pareo sobre su cintura desnuda y una ajustada camiseta que marcaba la forma de sus senos. Él sonrió. “Deberías regalarme un pareo a mí”. “eso está hecho, mañana compramos uno en el mercadillo”. “Seguro que lo voy perdiendo a cada paso, con lo torpe que soy, no sabría anudármelo bien”. Ella contestó: “Yo te enseñaré” y esbozó una sonrisa pícara. Acabaron de vestirse y se encaminaron hacia el coche.


Al llegar la primera en ducharse fue ella. Luego pasó el. Al salir, la vio envuelta en su toalla, dándose crema hidratante en las piernas. “¿Me ayudas con la espalda?. “Sí, como no”.

Ella se quitó la toalla que le cubría y se tumbó de espaldas en la cama. Él se acomodó a su lado, cogió el frasco de crema y procedió a aplicarle una generosa dosis. Empezó por el cuello y los hombros, extendiéndosela y aprovechando la aceitosa sustancia para darle un masaje, delicadamente, pues la piel estaba aún sensible por el sol. Ella gemía de cuando en cuando. Su piel estaba cada vez más sensible a las caricias. El calor la invadía por oleadas. Llegó a estremecerse. Él la notaba excitada y empezó a sentir que se estaba excitando también. Para asegurarse le dijo: “Ni se te ocurra dormirte”. Ella le respondió con un gemido. Siguió espalda abajo, acercándose a sus senos por los costados, llegando a sus nalgas. Ella suspiró, “no pares ahora”… Él continuó su trabajo masajeándole el culo. Instintivamente ella separó las piernas y levantó su pubis…

“He terminado”, le dijo él. “De eso nada, falta todavía por delante”. Y al instante se giró quedando tumbada sobre su espalda. Él se puso a horcajadas sobre ella. “Crees que así me vas a dar bien la crema?”. “Déjame hacer”, a la vez empezaba a extender crema por su cara, su cuello, bajaba hacia los senos, jugaba con sus pezones…

Él acercó su cara a la de ella, le besó los párpados cerrados, la frente, los pómulos, las mejillas, el mentón. Finalmente los labios, ella se dejó besar para finalmente entreabrirlos y dejar que su lengua penetrara, mezclándose, enredándose…

Ella le acariciaba los costados, la espalda… Bajó su mano hacia su miembro caliente, erecto, duro. Su mano se acoplo al sexo. Lo cubrió como una funda. Lo palpó, sintiéndolo, deseándolo. La idea de sus labios golosos disfrutándolo la llenaba de placer. Pensaba en su lengua recorriéndolo y tuvo que esforzarse para no perder el control en ese mismo instante.

Él hizo un movimiento como para retirarse y seguir aplicándole la crema. Ella le sujetó con firmeza y le dijo: “shhhh, relájate, no te vayas” Separó sus piernas y le invito a instalarse allá. Notó su pene sobre su vientre… Un escalofrío recorrió su cuerpo y se abandonó a sus besos, tanto tiempo deseándolos, soñándolos, esperándolos y ahora no quería perderse ni un solo detalle. Se concentró en disfrutarlos.

Los dos tenían muy claro lo que vendría después pero les excitaba la novedad. Descubrirse mutuamente. Explorarse el uno al otro y observar sus reacciones. Fijarse en los detalles, en las pequeñas señales que emitían sus cuerpos. Las pupilas dilatadas, la respiración entrecortada, el vello electrizado por la pasión y el deseo, la piel caliente, los gemidos, las sonrisas cómplices… Ya no querían controlar más, ya estaba claro y no había vuelta atrás, habían decidido abandonarse el uno en manos del otro.

Él continuó besándola. Poco a poco fue desplazándose por el cuello, sus hombros, el pecho, los senos. Jugueteó con los pezones, tiernamente les aplicó una ligera presión con los dientes, con cuidado de no hacer daño. Recorrió las areolas, volvió a besar los pezones. Ella se mordía los labios de placer, abandonada al disfrute que él le procuraba. Él, al ver que ella disfrutaba se aplicó, alternaba uno y otro pezón, jugueteando con las yemas de sus dedos en el pezón que sus labios dejaban libre. Ella le rodeó con sus brazos, le acariciaba las nalgas y el final de la espalda. Alternaba la presión de las yemas de sus dedos con el delicado roce de sus uñas… Estaba muy excitado, sentía la presión de su vientre en el pene y como ella se agitaba lentamente debajo de su cuerpo. Movía las caderas de un lado a otro con suavidad, su pene se tensaba cada vez más. No iba a aguantar mucho más tiempo esa presión.

Su mano se deslizó piel abajo, apenas rozándola con las yemas, hasta el ombligo. Allí se entretuvo jugueteando. Sus labios siguieron el camino marcado.

Aspiró profundamente. Se llenó de ella, aumentó su deseo. El corazón bombeaba con fuerza, parecía que iba a salírsele del pecho. Oyó como ella gemía. Le estaba acariciando la cabeza, se volvió hacia ella y vio que deslizaba sus dedos hacia su seno. Ella jugueteó con su areola, trazó el círculo oscuro y se centró en su pezón erecto, sintió su dureza, su suavidad. Con los ojos entreabiertos, mordisqueaba su labio en un gesto de profundo placer, su respiración se hizo más profunda. Él sonrió cómplice.

Casi sin darse cuenta, mientras observaba aquella imagen, él había enredado sus dedos en el recortado vello púbico de ella. Acercó sus labios y besó el marcado contorno.

Una vez más, su “punto” canalla le hizo concebir una pícara idea. Acercó su boca a los labios de ella, la caricia de su aliento le hizo estremecerse. Entonces le dijo:

“Es hora de terminar con la crema”.


¿Continuará?
 
1 de marzo de 2006

El grito guerrero brotó de las entrañas como si de la misma tierra naciera. Cortó con su filo la niebla que cubría el valle, recorrió las sendas, agitó ramas, despertó a quien dormía. Era la señal.

En su escondite sabia que era su hora. Acababan de dictar sentencia. Aterido de frío, empapado hasta el alma, cada vello del cuerpo se le erizó.

Un ruido sordo sustituyó a aquel que le había helado la sangre, que había puesto una expresión de horror en su rostro. Madera contra madera. Primero un ligero murmullo, luego más audible, bajando de las montañas, caserío tras caserío, pueblo tras pueblo.

Llegó un momento que era ensordecedor, insoportable. Le taladraba el cerebro. Estaba a punto de estallar. No podía más.