Vacaciones en imágenes (III)

¿Insaciables?. Allá va la tercera y última entrega de fotografías. Reconozco que estuve muy vago, pero es que entre descansar y vaguear o mirar por el visor, no tuve duda. Esta tercera entrega recoge los días en Almería y Cádiz. Que las disfrutéis. Y ya sabéis que no nos comemos a nadie por dejar comentarios.
Pulsa sobre la imagen y podrás ver más fotos.
La Joyosa, origen de un nombre. Vida en un pueblo. (II)
Siguiendo con al serie que hace días inicié, buceo hoy en la red para conocer el origen del nombre del pueblo que desde hace poco tiempo me acoge. Esto es lo que he ido encontrando. Que lo disfrutéis. Todo está extraído de la página del Ayuntamiento.
"La Joyosa es un municipio, situado a 20 Km. de Zaragoza que cuenta con dos núcleos de población, La Joyosa y Marlofa (antiguas dos fincas de la baronía).
La situación geográfica del término municipal de La Joyosa, en el sector central de la Depresión del Ebro y su ubicación respecto al río Ebro, configura el núcleo urbano como un medio rural integrado en el área metropolitana de Zaragoza.
Es el paisaje agrario de regadío el que predomina en el municipio. La huerta con su valor productivo, económico y social, constituye una rica herencia cultural y paisajista, que tratamos de proteger e integrar en la planificación urbanística.
La proximidad a Zaragoza, y la buena accesibilidad del municipio por la autovía de Logroño, reforzada con la construcción del puente de enlace a distinto nivel con la N-232, hace que nuestro pueblo tenga una situación privilegiada, con unas expectativas de desarrollo tanto edificatorio para uso residencial, (en la actualidad se están construyendo viviendas) como para uso industrial muy interesantes."
Historia
El origen y evolución de su topónimo permite establecer la siguiente enumeración de nombres con los que se ha conocido a la localidad a que nos referimos: durante la Edad Media se llamó Pinillo y en 1543 aún se denominaba así. Hay que llegar al siglo XVI para hallar el nombre actual, primero Joyosa hasta 1646, y a partir de ahí La Joyosa, nombre con el que se ha conocido hasta hoy.
Antonio Ubieto, 1972, identificaba la población de Pinillo con un poblado desaparecido junto a Torres de Berrellén. Pero Isabel Falcón asegura que ha podido comprobar que el lugar de la Joyosa es el mismo que en la Edad Media se llamó Pinillo, según un protocolo del siglo XV. Este hecho queda constatado en el libro registro de Veruela, en el que dice: "El lugar de la Joiosa, se llamó antiguamente Pinillo, que está situado en la orilla de rio Xalon entre Marran, Torres, Verrellen y Mezlofa.
Según Guitart Aparicio, La Joyosa toma el nombre de una de las espadas del Cid, aunque según algunos historiadores también se dio este nombre a las de Roldán, Carlomagno y otros. Como se desprende de las referencias documentales históricas consultadas, La Joyosa ha sido una población de señorío durante toda su historia. Primero perteneció al Monasterio de Veruela y luego, ya en el siglo XV, pasa a ser señorío secular hasta época contemporánea. Fue la cabeza de la Baronía creada en 1425, a favor de los Ferrera, después perteneció a los Belvis, marqueses de Bélgida y desde 1838 a los López Quílez, integrándose en la casa ducal de Medina de las Torres.
Con respecto a su evolución administrativa y las estructuras fiscales en las que se integro, La Joyosa perteneció a la Vereda de Tarazona (1646), Corregimiento de Zaragoza (1711-1833) y, partir de 1834 cuenta con ayuntamiento propio.
Se integra en el partido judicial de Zaragoza en el siglo XIX. En lo relativo a sus habitantes y la evolución demográfica experimentada por la localidad a lo largo de la historia, cabe señalar que en 1945, el lugar de La Joyosa (Pinillo) contaba con tres fuegos.
En 1543 había tres fuegos aún. Los moriscos poblaron el lugar en elevado número hasta que se decretó su expulsión, que afectó a 18 casas, 5 individuos y 90 personas. Tuvieron que transcurrir dos siglos para recuperar esa población. Durante los siglos XVII y XVII, se contabilizan 16 fuegos en 1646, 13 vecinos con un total de 17 casas habitadas en 1718, y 17 vecinos en 1776, 13 vecinos en 1722 y en 1787, 43 vecinos en 1797. Ya a mediados del siglo XIX había en dicho lugar 26 casas, 21 vecinos y 98 almas.
Vacaciones en imágenes (II)
Pequeños placeres. Vida en un pueblo. (I)
Hoy hace dos meses que me mudé a este pequeño pueblo de la Ribera Alta del Ebro (así se llama la Comarca a la que pertenece). Apenas unos 365 habitantes, distribuidos en dos núcleos de población. De estos dos meses, tres semanas estuve de vacaciones, y las tres primeras fueron una locura de mudanza, organización, discusiones con los gremios… Así que puede decirse que es ahora, y desde la vuelta de vacaciones, cuando empiezo a cogerle el pulso al pueblo.
El domingo pasado, sin ir más lejos, disfruté de uno de esos pequeños placeres que no puedes conseguir en una ciudad. Estaba acabando de montar unos armarios en el garaje-trastero y tenía la persiana levantada, así que cuando mis vecinos pasaron por allí, se pararon a charrar. ¡Y anda que no les gusta!. Encontrarse con ellos al llegar a casa es mínimo media hora de charradeta. Debo decir que son una pareja encantadora, que desde el primer día se mostraron muy dispuestos a hacerme la vida más sencilla, y creo que hemos conectado bien. Tanto es así que sin apenas conocerlos les dejé las llaves de casa para que me recogieran el correo, regaran las plantas y movieran las persianas… Pero a lo que iba, que yo también me enrollo.
Lo dicho, se pararon a saludar y una cosa llevó a la otra. Uys, que no!, que no acabamos en la cama!. Vale, reconozco que la frase da pie a pensarlo… Pues como la cosa se alargaba, hacía una buena tarde y de pie uno se cansa, ni corto ni perezoso saqué unas sillas y nos montamos la tertulia en la calle. Y ya se sabe que hablar da sed, mucha sed, así que como por arte de magia aparecieron por allá unas cervezas, unos refrescos y unas galletas saladas… Sólo la caída del sol y la bajada de la temperatura nos movió del sitio.

Próximos capítulos. Las fiestas. Presentación en sociedad. De compras, ¿tú no eres de aquí, verdad?. La Joyosa. Origen de un nombre.
Nota: Mi agradecimiento a "Artieda" por la idea de esta nueva serie. Bicos e apertas, rulinha
Otoño en la mirada
Aquella mañana cayó en la cuenta. Sabía que no era la primera vez que ocurría. No sabría ponerle fecha, pero sabía, conocía en su fuero interno que no era la primera vez. No le dio demasiada importancia. “Ya pasará”, se dijo, en un intento de engañarse y no preocuparse.
Una semana más tarde ya no lo pudo obviar. “Deberías mirarte esa tos. Llevas mucho tiempo con ella, y no remite”. Tenía razón, debía vencer su miedo e ir al dispensario. No había excusa, y más tras dos días con fiebre, con aquel abatimiento que le había conquistado todo el cuerpo, hasta el ánimo. Llegaba cansado a casa y apenas podía hacer las tareas que antes hacía fácilmente sin detenerse dos o tres veces.
El consultorio estaba en la plaza del pueblo, junto a la iglesia, frente al ayuntamiento y la botica. Era un edificio bajo, feo, de ladrillo barato. Frío, muy frío. Una pequeña sala de espera y un despacho donde pasaban consulta. Aquella mañana estaba solo. La doctora, una joven doctora, le recibió con una dulce sonrisa. Con calidez, casi con ternura le preguntó que ocurría, saltándose el protocolo y acercándose más a la persona que al paciente. Le auscultó, le hizo respirar repetidas veces mientras aplicaba a su piel el frío metal del fonendoscopio.
De repente se le nubló la vista...
Cuando despertó no sabía donde se encontraba. Una voz le susurró que no se moviera, que tenía una vía en el brazo, por donde le estaban medicando. No reconoció a su mujer, pero aquella otra cara, joven, sonriente, le resultó familiar. Acariciaba suavemente piel, su arrugada y seca piel en la que se marcaban las venas.
Conforme iba recuperando la consciencia reconoció el lugar. Estaba en la habitación del hospital. Una vía le conectaba al gotero por el que recibía la medicación; de su pecho salían varios cables que le unían al monitor que recogía sus latidos y otros parámetros que no supo identificar.
Volvió a mirar a la joven. Ella le miró a la vez que intentaba disimular una lágrima a punto de escaparse mejilla abajo. Quiso sonreír agradecido, mas sólo una mueca se dibujó en su rostro. Sabía que era tarde para él.
La mirada en otoño
Le da pereza salir a la calle cuando el sol se ha ocultado. Ama el sol, la luz, el calor y quizás por eso hoy se ha abrigado, tal vez, en exceso. Es noviembre, pero aún los rigores del frío no son extremos. Se cubre la cabeza con un gorro negro hasta los ojos, y negro es el "buff” que le cubre el cuello hasta justo debajo de la nariz.
La espera en la parada del autobús se le está haciendo eterna. Mira insistentemente en dirección donde ha de ver aparecer el vehículo. No tenía intención de salir aquella tarde, pero la llamada a última hora le hizo cambiar de parecer.
De repente, casi sin notarlo al principio, y más insistentemente después, nota una extraña sensación en la espalda. Sabe que alguien le está mirando. Quiere resistirse a la insufrible tentación de darse la vuelta. Sabe que acabará haciéndolo. Lucha contra sí mismo. La llamada es cada vez más fuerte… Y allí está. Mirándole fijamente. Con unos grandes y profundos ojos negros, amplia y fresca sonrisa. No la conoce de nada, pero queda inmediatamente capturado por esa mirada. Duda. Una vez más se debate en la duda. ¡Maldita sea!.
En aquel preciso instante el autobús le salva de saberse descubierto. Sube rápidamente. El autobús se aleja y le aleja de ella. Mañana volverá a la parada, la buscará y entonces no dudará.

Mañana es hoy. Y ella ya no está. En su lugar, un anuncio de una inmobiliaria, le promete la felicidad eterna…
¿Quién dijo que las drogas eran malas?.
Unas “pastis” y unos polvos bien echados, y casi como nuevo. Ayer decidí hacer un “tres en uno” y como despedida abrí mi mente y mi boquita y allí escupí, confesé mis cuitas. Ella escuchó atenta, me señaló la cama y puso manos a la obra…
Y es que ayer tenía cita con mi doctora, que va a dejar de serlo, pues me he mudado. Como el estudiante poco aplicado que va al despacho del profesor a recibir la nota de ese examen que sabe no ha hecho demasiado bien, que lo mismo aprueba por la inmensa bondad del profesor que lo mismo suspende por su propia dejadez, así me presenté yo en la consulta. Y es que ayer me daban el resultado de mis últimos análisis, de aquellos con los que os reté ya hace un tiempo…
Y debo asumir mi derrota, mi sonora, completa, total, abultada derrota… No he conseguido devolver mis transaminasas a valores “aceptables”, sólo he bajado de 248 a 208. Y aunque no he recibido “bronca” de mi doctora, sí he conseguido una nueva cita con el vampiro, una nueva etapa a dieta y el tener que tomarme unas pastillas verdes cada ocho horas.
Por lo que respecta a la deuda con vosotros contraída… Pagaré, juro que pagaré. Claro que para ello debería haber recibido muchas tentaciones… siquiera alguna tentación… ¡al menos una!. Pero no, mucho de boquita, mucho de que “a mí es que no me gusta la cerveza” (¡cohone, que no te la tenías que beber!). Lo comido por lo servido, estamos en paz!.
Y decía que ayer hice un “tres en uno”, que no es ninguna mezcla explosiva de alto contenido alcohólico, ni siquiera un bocadillo de pechuga, lomo y bacon… Sensibilizado con la masificación y la falta de tiempo para la atención de los pacientes en la S. S., decidí “agrupar” mis males y solventarlos en una sola visita. Así que el domingo pillé mi primer constipado de la temporada. En cuanto a mi tercer “problema de salud” tampoco es tal, simplemente un pequeño acúmulo de grasa en el cuello que requerirá cirugía ambulatoria. Y lo dicho, ¿quién dijo que las drogas eran malas?. ¡Ah. Sólo las “ilegales”, las que no tributan… Que entre los polvos de la doctora y las “pastis”, estoy hecho una piltrafilla, pero menos que ayer…
Al hilo de nuestro reto, estaba pensando si no seréis mejores personas de lo que aparentáis y os preocupasteis por mi salud en serio…
Sentimientos a flor de piel
Un mensaje madrugador.
Una postal divertida.
Una entrada en una bitácora Escondida...
Hay días que es fácil emocionarme… Gracias.
Busco mecenas
He visto la luz, ahora lo tengo claro, por fin sé qué quiero hacer con mi vida. Si no con “el resto de mi vida”, sí con 4 o 5 meses…
Fue en Vejer de la Frontera (Cádiz) paseando por sus impolutas calles, jalonadas de blancas casas de hermosas rejas cuando vi aquella foto. Una foto antigua, quizás no tanto. Blanco y negro, en ella una mujer absolutamente de negro. Ella me dio la clave, me abrió los ojos y dio sentido a mi vida.
¡Necesito un/a mecenas!.
Quiero hacer un estudio; un estudio serio, concienzudo, pormenorizado y profundo. No podría ser de otra manera viniendo de mí.
“Del “cobijado” al “burkha”. Dos realidades, una frontera”.
¿Alguien se ofrece?. Obviamente debería trasladar mi residencia a la zona. El sol, las calas de Conil, la luz especial han de ser de gran ayuda.
Vacaciones en imágenes
AVISO: Las fotografías expuestas pueden herir la sensibilidad (si la tuviera) del espectador o espectadora. El autor de esta bitácora no se hace responsable de las posibles secuelas psicológicas que de su visionado pudieran originarse. Avisad@s quedan.
Para empezar a verlas, pulsar con el cursor sobre la imagen. Poco a poco iré colgando más. Allá va la primera entrega. Que las disfruten, si pueden.

Lecturas de verano
El último Catón, de Matilde Asensi.
Muchas veces nos hemos hecho estas preguntas: ¿qué se esconde en los Archivos Secretos del Vaticano? ¿Qué nos oculta la Iglesia?
Existe todo un mundo en el Vaticano del que rara vez conocemos más que pequeñas pinceladas. Allí se custodian papiros, códices o libros escritos a través de los siglos y de los que no existen más ejemplares, pero que lamentablemente será difícil que puedan ser vistos más que por unas pocas personas. También se encuentran gran número de reliquias e incluso restos mortales de supuestos Santos.
Matilde Asensi nos sumerge de lleno en este mundo apasionante, una historia que nos lleva tras un robo de reliquias por todo el mundo en la que una monja, paleógrafa al servicio de los Archivos Secretos del Vaticano, se verá inmersa junto a un arqueólogo y a un capitán de la Guardia Suiza.
Juntos deberán descubrir quién está detrás de esos robos, así como de una extraña hermandad y cuya única pista parece ser la obra de la Divina Comedia de Dante Alighieri. Tratando de encontrar las claves de éstos enigmas, se ven obligados a viajar a siete ciudades emblemáticas, desde Roma a Antioquía, pasando por Rávena, Atenas, Jerusalén, Constantinopla y Alejandría, todo ello para poder averiguar quién es el último Catón.
Con todos éstos ingredientes, Matilde Asensi nos invita a un apasionante viaje a través de la Historia y de los secretos mejor guardados del cristianismo. Con una manera de escribir ágil y amena, la autora nos introduce de lleno en ésta trama fascinante en la que el misterio y la aventura se reúnen alrededor de la Historia y que una vez se comienza a leer, no es posible dejarlo hasta conocer su desenlace.
Cuentos, de Mario Benedetti.
“…La variedad de la obra de Benedetti desafía todo intento de clasificar al autor, y él ha enriquecido cada género que practica con la experiencia ganada en los demás. Pero en esa variedad de registros palpita una secreta unidad que da coherencia a su obra y otorga a la poesía, al ensayo, al artículo periodístico, a la narrativa y hasta a las letras de canciones, un inconfundible "estilo Benedetti", quizá porque sus diversos itinerarios parten de un mismo lugar: la vocación comunicante de su labor como escritor; ese término que --entre otros-- la crítica literaria debe a Benedetti y que designa el interés por establecer un clima en el que el lector se sienta parte de un diálogo con el autor desarrollado en un plano de confianza mutua y recíproco aprendizaje. El propio autor dijo: "No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro". A ese lector Benedetti lo conquista literariamente para movilizarlo humanamente…”
La voz dormida, de Dulce Chacón.
"A los que se vieron obligados a guardar silencio", reza la primera frase de la obra. A los que vivieron la represión de unos años difíciles. A los que lucharon por unos ideales, sus ideales. A las madres, esposas, novias, hermanas o hijas.
Un argumento: la Guerra Civil Española, un tema que todos los habitantes de esta piel de toro conocemos, en mayor o menor medida; desde el punto de vista de los vencedores o desde el de los vencidos; conocido con mayor o menor detalle. Un tema con un pequeño matiz, la Guerra Civil contada desde las vivencias de un grupo de mujeres encarceladas en el abarrotado penal de Madrid, que con capacidad para unas 450 reclusas, albergó a más de 4.000.
Este libro, además de contarnos hechos ocurridos en la contienda, sabido por todos a través de los libros de Historia, nos cuenta de casi primera mano las experiencias vividas por nuestras protagonistas, enlazadas de forma magistral por la autora y sin que pierda ninguna un ápice de su independencia. Además de todo esto, es capaz de conmovernos a cada palabra que leemos, por la manera en que la escritora nos describe cada detalle.
Una novela basada en historias reales, de mujeres reales, que sufrieron las barbaridades que toda guerra conlleva, sumándole el hecho de pertenecer en las milicias republicanas. En ella se mezclan las historias de Hortensia (o "Tensi", como la llamaba su marido), Elvirita, Reme o las "Trece rosas", trece niñas, asesinadas en la edad de la inocencia, por el simple hecho de pertenecer al Partido Comunista o a las Juventudes Socialistas Unificadas.
Ya desde el comienzo, se nos muestra, tras de un sutil velo de ambigüedad, el dramático final de la obra; pero, no por ello, deja de sorprendernos en cada página que leemos, seduciéndonos al final de cada capítulo para comenzar a leer el siguiente.
Mauricio o las elecciones primarias, de Eduardo Mendoza.
Como viene siendo habitual en él, Eduardo Mendoza nos ofrece en éste, su último libro, un extracto de la cotidianeidad más real y humana, retazos de vidas de seres anónimos, grises, planos, pero, a diferencia de su anterior obra, con un tono aún más sombrío; la ironía y sarcasmo apenas hace acto de presencia. Una especie de abulia existencial que rodea la época en la que transcurre la acción, un país con una democracia aún en pañales, lleno de ilusiones pero, a la vez de incertidumbres.
La España de finales de los años 80, convulsa por los escándalos políticos, quemada y desilusionada, dispuesta a resurgir de sus cenizas con sueños olímpicos y expositivos, es el contexto histórico en el que transcurre la vida de Mauricio, un dentista casi cuarentón, de costumbres sencillas y tranquilas, lectura, cine, algún que otro paseo por su ciudad, Barcelona. Una existencia sin muchos problemas pero tampoco muchas emociones; soltero, desprendido de los asuntos de los demás hasta que se entrecruzan una serie de personajes que le harán tomar partido por unos ideales e intentar con ello mejorar la situación de pesadumbre política de, al menos la capital catalana.
Los “camaradas” Mosén Serapio, cura y luchador de las igualdades sociales; la “Porritos”, una aspirante a cantante pero condenada al eterno fracaso y una muerte segura, como “yonqui” y portadora del VIH; la rebelde Clotilde, la abogada enchufada y explotada laboralmente y amor de su vida, y un sin fin de “actores secundarios” harán de Mauricio un hombre nuevo, con deseos de tomar decisiones a nivel global y particular, a luchar por los demás y por encontrar su plena felicidad: meras marionetas representando el gran teatro de la vida, compartiendo alegrías y penas, sin entender de colores políticos o estatus socioeconómicos.
Como dije anteriormente, tanto los escenarios como los personajes de la trama están rodeados de un alo de pesimismo y desesperanza que no es normal en el autor, acostumbrados sus seguidores de su particular humor negro y posicionamiento irónico ante todo; “Las Aventuras Del Tocador De Señoras”, “El Misterio De La Cripta Embrujada” o “La Ciudad De Los Prodigios” son novelas para ”reír con” de manera cómica y relajada, mientras en esta te solidarizas y te “ríes de” con cierta amargura y congoja. Sin embargo, no le resta méritos y siempre es un placer leer a Mendoza como estupenda “cura para el alma”, para aprender e ir “tomando notas”.
Con su prosa tan ágil y fresca , es un libro de leer hasta el final de un tirón; además, sirve para que los lectores/as más jóvenes aprendan un poco más de la historia más reciente de su país, y disfrutando, cosa difícil hoy día para los maestros.
Hay algo que no es como me dicen, de Juan José Millás.
“Esta es la historia de una mujer sensata que cuando se dio cuenta de que todo lo que le habían contado era mentira, fue al juzgado, denunciaólos hechos y lo puso todo patas arriba”. “Hay algo que no es como me dicen” es un apasionante reportaje en el que Juan José Millás relata la experiencia de Nevenka Fernández, la joven concejal de Hacienda y Comercio del Ayuntamiento de Ponferrada que, en marzo de 2001, denunció al alcalde del Partido Popular, Ismael Álvarez, por acoso sexual y laboral. El caso Nevenka es la historia de una mujer que siempre estuvo en entredicho y la de un acosador que, a pesar de la condena, no perdió en ningún momento el apoyo de su partido y de una sociedad misógina que sigue considerando a la mujer como un objeto al servicio del hombre.
La vuelta al cole…
Un mes después…
Casi 3.000 kilómetros recorridos.
9 Comunidades Autónomas, 22 provincias.
Mar Mediterráneo, Océano Atlántico.
Arenas blancas, doradas, negras.
Extensas playas, recónditas calas…
Butifarra, chocolate, colacao, pescaíto frito, marisco gaditano. ¡Cerveza bien fría!.
Cala Media Luna, Cala del Plomo, Cala del Pato, Cala del Frailecillo…
¿Acaso creíais que os habíais librado de mí?
