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Soy más raro que un perro verde, para que nos vamos a engañar. Hay personas que dicen que soy inteligente, ocurrente, dulce y sensible. A lo que añado que soy borde a ratos, introvertido y tímido (y no, eso no se lo digo a todas), pero que me encanta conocer personas.
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Tu silencio

Pero hoy necesito que me digas algo...
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Leídos en vacaciones

Aunque con bastantes días de retraso, os dejo la reseña de los tres libros (bueno, en realidad fueron dos y medio) que me leí en vacaciones, tumbado en las doradas playas de Lanzarote, siendo acariciado por el sol…

Para empezar un “plato” ligerito, como para entrar en materia:

“Ponga un vasco en su vida”, Óscar Terol y otr@s. Uno de los "ir-responsables" del programa de la EITB “Vaya semanita”, Terol nos presenta su segundo libro, en el cual nos da las claves para conseguir la felicidad absoluta, ponga un vasco (o vasca, según preferencias) en su vida. Escrito en clave de humor, obvio, ¿no?, destripa y desmonta las verdades absolutas de la “vasquitud”, si es que eso existe… Lo dicho, libro para una lectura relajada, sin más pretensión que sonreír e incluso llegar a soltar alguna sonora carcajada.

Y después dos de la misma autora, algo más “densos”, como para pararte a reflexionar. Interesante para conocer algo más de una cultura vecina, que forma parte de nosotros mismos aunque no queramos reconocerlo, y a al que hemos dado la espalda, dejándonos vencer por tópicos e informaciones interesadas, tomando una parte como el todo:

El harén en Occidente, de Fátima Mernissi: ¿Qué nos dice sobre una cultura el ideal de belleza femenina dominante en ella? ¿Por qué los hombres occidentales sueñan con un ideal de belleza femenina tan diferente del de los hombres orientales? Fatima Mernissi hace un viaje por los mitos literarios y pictóricos del mundo musulmán, demostrando así que los artistas concebían mujeres agresivas e hiperactivas y que a los musulmanes les atraen todavía hoy las mujeres seguras de sí mismas e independientes. Otros libros de la autora: Marruecos a través de sus mujeres Las sultanas olvidadas Harén Político: el profeta y las mujeres Sueños en el umbral

Inteligente y ameno ensayo de esta socióloga y feminista marroquí, profesora en la universidad de Rabat. A partir del concepto de harén, y de las diferentes percepciones del mismo que existen en Oriente y en Occidente, la autora profundiza en las diferencias simbólicas y culturales que definen las relaciones entre los sexos en el mundo islámico y en el cristiano.

Tomando como partida la apertura al otro desconocido y diferente, extranjero, como forma de conocimiento (“Viajar es la mejor manera de aprender y de hacerte más fuerte”, me dijo un día mi abuela Yasmina, que era analfabeta y había vivido en el seno de un harén, el hogar tradicional en el que las mujeres tenían prohibido franquear las puertas, cerradas a cal y canto. “Cuando conozcas a un extranjero, debes poner toda tu atención para tratar de entenderle. Cuanto mejor entiendas a un extraño y mejor te conozcas a ti misma, te conocerás más y serás más fuerte...”), Mernissi contrasta las importantes diferencias que encuentra en la percepción del harén (y, en realidad, de las mujeres) en los hombres occidentales y en los orientales, desmontando toda una serie de tópicos que circulan en Occidente con respecto a Oriente y presentando gran cantidad de información acerca de las estrategias subversivas practicadas por las mujeres en el Islam.

Sólo aquellos que se sienten desesperadamente frágiles y están convencidos de que las mujeres tienen alas pueden crear algo tan terrible como un harén, una prisión con apariencia de palacio. En gran cantidad de fábulas orales árabes, las mujeres están a menudo en pie de guerra, son libres y “vuelan”. Frente a la imagen occidental del harén, un lugar repleto de mujeres hermosas dispuestas a entregarse pasivamente a los caprichos sexuales de su señor, en el imaginario musulmán las mujeres tienen que ver con el peligro y el harén con la ansiedad masculina. En el arte y la literatura orientales, las mujeres son conscientes de la injusticia del harén, son mujeres activas, saben cabalgar, disparar, son cultas y de difícil sometimiento. El harén es en la cultura musulmana un lugar inseguro, allí se representa la lucha de sexos, se considera que el poder femenino es imposible de controlar. La autora relaciona esta construcción con el hecho de que los debates sobre la democracia en las sociedades musulmanas se vuelven antes o después debates sobre los derechos de las mujeres en dichas sociedades: las mujeres representan lo diferente, lo heterogéneo. Por eso hay leyes que restringen sus movimientos y su acceso a lo público. A pesar de estas leyes, las mujeres musulmanas están llegando masivamente a ámbitos en teoría reservados a los hombres, aunque su historia educativa es más reciente que la de sus hermanas occidentales. El porcentaje de profesoras universitarias o en instituciones equivalentes en Egipto en los años noventa era más elevado que el de Francia o Canadá. El porcentaje de mujeres estudiantes de ingeniería en Turquía o Siria, Argelia o Egipto es mayor que en el Reino Unido, los Países Bajos, Canadá o España. Muchos analistas han explicado la violencia fundamentalista contra las mujeres en Argelia como una consecuencia de su invasión fulgurante del aparato educativo.

En el imaginario masculino occidental, el intercambio intelectual con las mujeres es un obstáculo para la relación erótica. En el harén musulmán, real o imaginado, el cerebro femenino es también un órgano erótico. La Sherezade oriental, la narradora de cuentos, es una mujer cerebral y de ahí su atractivo sexual. Mernissi nos presenta a esta figura como la de una mujer muy culta, gran estratega y mediadora que supo con su inteligencia remediar una cuestión privada, psicológica, (la perversión de un sultán que habiendo sido engañado por su favorita, temía y odiaba a las mujeres, asociando la sexualidad a la muerte y ordenando cada noche la muerte de aquella joven con la que se acostaba), y una cuestión política, (los continuos asesinatos de las jóvenes del reino, que estaban provocando una situación de descontento y revuelta social).

Sin embargo, este interesante personaje es desposeído de su cerebro y reducido a un cuerpo sin palabras cuando cruza las fronteras occidentales. Para explicar esta cuestión, la autora recorre y analiza las obras de algunos pensadores y artistas occidentales -Poe, Kant, Ingres- dándonos las claves para comprender esta transformación. El ensayo se cierra con un capítulo titulado “El harén de las mujeres occidentales es la talla 38”, en el que Mernissi ironiza acerca de la oposición entre mujeres occidentales liberadas/mujeres orientales oprimidas, señalando cómo los cánones consumistas de belleza occidentales (delgadez, dietas, etc) se convierten también en un elemento represivo para las mujeres del Norte.

Esther Moreno López


Sueños en el umbral. Memorias de una niña del harén, Fátima Mernissi

Premio Príncipe de Asturias de las letras 2003 Con el poder del encantamiento de las fábulas y la fuerza narrativa de las historias realmente vividas, “Sueños en el umbral” es un puente tendido entre dos culturas: la europea y la magrebí. Esta mágica recreación de un mundo extinguido, en el que una niña se ve obligada a navegar entre fronteras para salvaguardar su futura integridad de mujer, adquiere universalidad en su exotismo gracias al hilo de plata con el cual la autora teje los innumerables cuentos y anécdotas del patio al que estaba confinada. Otros libros de la autora: Las sultanas olvidadas Marruecos a través de sus mujeres Harén Político: el profeta y las mujeres.



 
Vote for me!

Está decidido. Nos vamos a presentar. Al final, tras pensarlo muy mucho nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos decidido aceptar la propuesta del partido y vamos a presentarnos en las próximas elecciones municipales de mayo de 2007.

Queremos implicarnos en la vida del pueblo que ahora nos acoge, traer sabia nueva, hacer que un viento fresco renueve el viciado ambiente de la vida municipal, nuevas ideas que impulsen el día a día y mejoren la calidad de vida de todos y todas nuestr@s convecin@s.

Sólo tenemos un pequeño hándicap según bien dice L., el padre de nuestra vecina C. En los pueblos la gente no vota a quien no conoce, y nosotros acabamos de llegar al pueblo. Se nos nota a la legua que somos “foranos”, pero de ahí a identificarnos en una papeleta va un trecho. Algo habrá que hacer para solucionar esta situación. Contamos a partir de ahora con escasos cinco meses para darle la vuelta a la tortilla.

Se admiten ideas.

 
Omenaldi

Eternamente abuela.

Sentada en el rincón de la enorme cocina en la casa familiar. En tu silla de madera y asiento de enea. Mis recuerdos proyectan esa imagen de ti, captada día tras otro durante mi infancia. Junto al fogón de leña, casi en desuso, atenta a la comida, haciendo punto, desmigando bacalao, siempre al mando de la vida cotidiana. En invierno, al calor de las brasas en aquella mesa camilla… Siempre de oscuro, cuando no de luto.

Pocas veces te recuerdo sentada a la mesa principal con todos. Y, sin embargo, tu presencia llenaba la estancia, marcaba el ritmo de la jornada, ejercía un complicado embrujo del que evadirse.

Mujer de carácter, tu vida no fue en absoluto fácil. Muchas veces me pregunté cómo habrías asimilado los cambios de los que en tu vida asististe como espectadora.

Con la edad, la salud te fue abandonando, y bastaba una llamada alertando de un incidente para que se acudiera presto a tu lado. Por otro lado, y en la parte positiva, tu cumpleaños se convirtió en fecha destacada en nuestras agendas y muy grave debía ser el suceso que impidiera que todas y todos, sin excepción, nos reuniéramos en torno a ti. Tan fuerte fue tu huella, que hoy, 12 años después de habernos dejado, seguimos juntándonos toda la familia.

Y, como todos los años, cumpliendo con el deseo y la instaurada tradición, nos juntaremos todos el próximo día 1, tu cumpleaños, recordándote.

Eso, si las gripes, oposiciones, Balza o la Audiencia Nacional no lo impiden un año más.

 
Aquel día de noviembre

Hay veces, muchas veces, incluso demasiadas veces diría yo, en que no soy consciente de la trascendencia de un hecho cuando estoy inmerso en él, cuando éste está ocurriendo, cuando lo estoy viviendo.

En algunas ocasiones puedo tardar poco tiempo en caer en la cuenta, basta un rato de tranquilidad, ordenar las ideas, sopesar circunstancias y valorar datos.

En otras tardo algo más, como en este caso, que he tardado más de treinta y un años en conseguir entender aquella decisión que entonces me pareció tan injusta.

No podía entender por qué, a pesar de las dolorosas horas por las que atravesaba el país, mis padres se empeñaron en llevarme a clase. Por todos lados oía la frase de “luto nacional”; a mi alrededor, la gente andaba con expresiones circunspectas en el rostro; aquella televisión en blanco y negro había cambiado su programación, privándome de mis series favoritas y un señor hecho y derecho apareció lloroso anunciando la muerte de alguien importante.

¿Por qué aquella aparente tranquilidad en casa?.

Hoy lo he entendido. Aquel fue un acto supremo de rebeldía. No se celebró, en mi casa no se celebra ninguna muerte, ni la del ser más vil y cruel que pudiera existir (o dejar de hacerlo). Pero aquel muerto tampoco merecía ni un segundo de vacilación, ni una pausa en el cotidiano hacer, ni el postrer ejemplo de sumisión, inclinar la cabeza frente a su ya frío, gélido cadáver.

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And the sun shines...



Pulsa con el puntero sobre la foto y verás más fotos de las vacaciones en Lanzarote. Espero que las disfrutes.
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De vuelta



En la playa

 
Mandala

Empecemos por el principio. ¿Qué es un “mandala”?. Reconozco que hasta hace quince días no había reparado en al existencia de tal palabra. Y en estos quince últimos días ha entrado en mi vida en diferentes circunstancias y momentos. Vayamos a beber de las fuentes del saber…

Empecemos por la R. A. E.: mándala o mandala: (Del sánscr. máṇḍala, disco, círculo). 1. m. En el hinduismo y en el budismo, dibujo complejo, generalmente circular, que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación.

Y ya, ahítos de conocimiento, sigamos adelante.

No soy dado a practicar técnicas orientales de relajación, no me llama el sushi, ni el feng sui; no me veo haciendo tai chi porque el descojone sería monumental y distraería al más concentrado. Será mi temperamento, mi natural tendencia a lo práctico, a lo tangible y mi pragmatismo, el caso es que soy escéptico con aquello que no veo con mis propios ojos, y en general, con todo lo relacionado con el espíritu.

Hasta que pruebo…

Ocurrió el pasado domingo, cuando fuimos a visitar el Centro de Interpretación de Los Galachos de la Alfranca, en las cercanías de Zaragoza.

Tras pasar por la oficina de recepción al visitante, y concertar una visita guiada a los galachos para observar aves, nos fuimos hacia el edificio principal para ver las exposiciones allí montadas y hacer tiempo hasta la hora de comer. El cuentacuentos había acabado su actuación y en breves instantes iba a empezar la proyección de un “mandala”.

(Sí, ya sé qué dice la R. A. E. al respecto, pero ya sabéis que esas personas tan eruditas no se ponen al día con facilidad)

Nos acomodamos en los sillones, algunas personas se tumbaron en el suelo, incluidos varios niños. Cuando las luces se apagaron los niños empezaron a trastear, hasta que sus padres les consiguieron apaciguar.

¿Todos los niños?. Nooooo!. Una niña encantadora con habilidades en el mundo de la percusión descubrió que golpeando la silla con sus zapatos… ¡sonaba increíblemente alto!. Imaginadme a mí, con mi escepticismo, intentando relajarme, poniéndome nervioso por momentos, que no hay cosa que más me fastidie que intentar relajarme y que algo no me lo permita… Parece que cuatro pares de ojos de los que éramos propietarios se clavaron en el padre de la criatura que acabó ¡aleluya!, ¡aleluya!, cogiéndola en brazos.

Y como uno es nuevo en esto temas, no sabía muy bien qué debía notar, sentir, experimentar… Y en esas estaba, observando hermosos paisajes, acompañados de una música por momentos “inquietante”, cuando pensé que nunca podría relajarme con ese volumen de sonido… Y en ése mismo momento percibí que estaba cayendo en un profundo sopor.

Después de esta experiencia la vista a los galachos fue muy satisfactoria, con una guía para nosotros cuatro, a la que la hora que nos podía dedicar se le hizo también muy corta. Casi una clase particular de ornitología.

 
Madriles

Es algo automático, oír la palabra mágica y empezar a experimentar fuertes espasmos seguidos de abundante sudoración y emisión de gruñidos de complicada traducción a un lenguaje inteligible.

Supongo que todo nace de algún trauma infantil, asociado con situaciones poco agradables que me han hecho sentir un enfermizo rechazo a esa ciudad “donde se cruzan los caminos, donde la mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid…”

Y aún así, como el fugitivo de la canción, regreso de vez en cuando. Aunque mi estancia es siempre corta y circunstancial. Apenas unas horas y muy alejado del centro histórico. Siempre al mismo lugar, siempre con la misma misión, coger un avión que me lleve lejos…

Repetiré esta liturgia este próximo fin de semana. Desde la Terminal 2 (¡loado sea el señor, no tengo que usar la 4!). Me he regalado unas vacaciones otoñales.

Conozco la isla, me costó un par de días saber si me estaba gustando o no la primera vez que fui. Pero lo tuve claro. Era un sitio al que quería sin duda volver. Y ahora es el momento.

En mi pueblo se ha hecho invierno de pronto. Primero se desplomaron las temperaturas y acudió presto el hielo a regalarnos un blanco tapiz por la mañana, se sumaron las nieblas para helarnos el cuerpo y el alma… Pero eso poco importa a dos días vista de irme a tierras más cálidas. Espero que el sol acuda presto y puntual a nuestra cita.

Papagayo, Mujeres, Janubio, Famara, del Congrio…