De mi ventana veo la calle (3)
Localizar el portal de su casa fue fácil. Ahora sólo una puerta me separaba de él. Recordé los sencillos trucos de mi etapa como encuestadora; procurar dar sensación de seriedad y seguridad, no llamar a varios timbres a la vez, dar tiempo a que contesten, ser cortés y amable, pero sin caer en la petulancia y bobería. Sonreír, siempre sonriendo. Anoté los timbres a los que iba llamando, y tuve cuidado de no llamar a su piso… ¿Nadie en casa a estas horas?. Por fin, una voz de un señor me contesta. ¡Y me abre!. Noto que el corazón se me embala.
La suerte se alía conmigo, sólo dos puertas por piso. Busco el 5º. Anoto los nombres. Ahora, para no errar, he de subir a comprobar cual es su letra… Perfecto, ya sé dónde vives y cómo te llamas, mi cerco se estrecha.
Cuando me quiero dar cuenta he salido del portal. He de tranquilizarme, pensar con calma. Ahora necesito que me dé el aire un poco. Siento que todo el mundo me mira inquisitivamente. ¡Seré tonta!. ¿Por qué no he llamado al timbre?. Está claro, no tenía nada preparado. Bueno, ¿y después qué?.
La primera cerveza la bebí sin darme cuenta, tenía la garganta seca, supongo que de los nervios pasados. Pedí otra. El camarero me dirigió una mirada entre cómplice y comprensiva. Quizás imaginaba que había tenido una mala mañana y había decidido ahogar mis penas en alcohol.
Repasé mis actos de los últimos días y mi estrategia. Había perdido la oportunidad de escuchar su voz, verle de cerca, sentir su aroma y quién sabe hasta dónde mi locura, mi inconsciencia me hubieran llevado. ¿Qué hubiera pensado él?. Seguramente que se enfrentaba a una loca, una demente. Y todo lo que hubiera conseguido era que me diera con la puerta en las narices. Lo tendría bien merecido.
No podía dejar de pensar en él, pero sin llegar a ninguna conclusión. Mi cabeza estaba a punto de estallar, no sé si por efecto de las cervezas o ¡no!, juraría que me estaba subiendo la fiebre…
Al llegar a casa el termómetro confirmó mis sospechas. Fiebre, dolores musculares, dolor intenso de cabeza. La gripe se había hecho fuerte en mi cuerpo. Mi malestar crecía por momentos, a la misma velocidad que mi creciente debilidad. Decidí irme a la cama. Sudaba por todos los poros de mi cuerpo…
No sé exactamente cuantas horas pasé durmiendo, en ese dormitar agitado, sin descansar realmente, empapando las sábanas, con la cabeza a punto de estallar a cada momento y con una dolorosa sensación por todo el cuerpo, machacada como si hubiera salido de mi primera sesión de gimnasio o una manada de elefantes me hubiera pasado por encima.
Arrastrándome por el pasillo fui a la comida, bebí un vaso de leche fría. Mi garganta era puro esparto. Mientras bebía el segundo vaso, esta vez con clama, una vez saciada la sed, las imágenes de los sueños febriles se agolparon en mi mente. Las imágenes eran inconexas, algunas no tenían ningún sentido. En otras me veía, pero no era yo. Y él, siempre él, en el centro de mis atenciones, de mi mirada, de mi deseo…
No podía esperar más. Tenía que dar el paso que me acercara a él. Busqué acomodo en mi lugar de observación. Ningún rastro de vida en su ventana. Supongo que el aburrimiento hizo renacer en mí esas imágenes otra vez. Una sensación de paz, de deseo compartido y satisfecho recorrió mi piel. Y allí me abandoné a mis pensamientos, a mis fantasías…
Sigo al pie de la ventana. De la misma ventana desde la que se ve la calle…
Comentario:
Esa chica me suena mucho, yo creo que la conozco de algo…
Comentario:
uysss XD!! hay mas verdad???
besitos salados de CHOI
besitos salados de CHOI
Comentario:
Isabel: Etooo, buenoooo, es que ya no hay más...
Itsas: Mi "querido otro yo", te seguí la broma, así que no había pensamientos de dejaros "a medias"...
Itsas: Mi "querido otro yo", te seguí la broma, así que no había pensamientos de dejaros "a medias"...
Comentario:
Uy, qué bien...!! Temía que después de la bromita que te gasté nos dejaras sin el final de la historia.
Comentario:
Leches!!! la cosa se pone interesante. Espero ansiosa más avances.
Besos Isabel
Besos Isabel





