El hombre mira al mar…
Sólo cuando el ruido de la cancela al cerrarse tras de sí le trajo de nuevo a la realidad, comprendió lo que acababa de hacer. La mañana era fría, las nubes cubrían el cielo y la lluvia esperaba amenazadora.
Enfundado en su gabán, encogido por el viento que le azotaba inmisericorde, comenzó a caminar sin rumbo fijo, sin pensar cual era su destino. Se dejó llevar.
Caminó distraído por la calles, su cuerpo no respondía a ninguna orden concreta; dotados de vida propia, sus músculos dirigían sus piernas.
Sin mirarles, sentía clavarse en él las miradas inquisidoras de los transeúntes. Se sentía condenado sin posibilidad de defensa, su voz nunca sería oída. Quería gritar, él era inocente, otros movían los hilos, mas sus palabras quedaban abortadas en su garganta. El ulular de las sirenas invadió las calles. Luego distinguió los destellos del coche patrulla que se dirigía hacia él, detrás venía la ambulancia. Pasaron a toda velocidad. Sonrió. Se dio cuenta de que su temor inicial no tenía sentido. Él no tenía rostro, sus huellas no existían, nadie podría localizarle.
¿Y si no era así?. ¿Si alguien le había visto salir de la casa?. Una sombra de duda se instaló en su mente. Maldita sea, maldita sea siempre. Nada debería haber sucedido. Ella no debería haber pronunciado esas palabras. “Yo no sé nada”. Al oírlas algo se despertó en su cerebro, no pudo parar. Ellos siempre las decían, y mentían. Él lo sabía y ellos deberían saberlo. Su trabajo era ése, ellos debían recordar lo que sabían. Fuera como era, ellos debían recordar.
Sintió un momento de debilidad. Por un momento su mundo, su oscuro y cerrado mundo, aparentemente sin fisuras, empezaba a desquebrajarse. Empezó a desconfiar. Miraba de soslayo a la gente, todos eran sospechosos. Se sintió observado…
Pronto se sintió invadido por el olor a mar. Respiró profundamente llenando sus pulmones Desembocó en el paseo junto al mar.

La bahía se abría ante sus ojos. El cielo plomizo se reflejaba en el mar, dándole un aspecto sombrío, siniestro, casi fúnebre. Embravecido por el viento, las olas rompían en el espigón que protege el puerto. Al fondo, junto al cabo, el espectáculo del mar enfurecido golpeando las rocas era observado por una docena de curiosos. Atraído por una fuerza irresistible encaminó sus pasos hacia allí.
Empapados hasta los huesos unos críos jugaban a evitar las olas, ganaba quien más tiempo aguantara sin mojarse. Imágenes de la infancia ya olvidada volvieron a su mente. Las palizas de su padre, su madre procurándole ropa seca…
Estudió la cadencia de las olas. Una, dos, tres… la séptima barría el pretil con fuerza inusitada. Uno, dos, tres… Recordó el tic-tac del reloj del calabozo… Un, dos, tres… Al contar cinco brincó todavía ágil. Apenas oyó los gritos de la gente. El abismo gris se abría a sus pies. Se sintió profundamente atraído. No había vuelta a tras. Seis, siete…
Comentario:
Vaya... cuando ya me lo imaginaba esposado y derrotado en el suelo, llega el final y me soprende, aunque... lo prefiero ;) Si tan atraído se estaba sintiendo por el mar, como nos pasa a tantos, jeje, hizo bien en acudir a su llamada, no? Por lo menos, que lo último que vea sea algo tan precioso ;)
Un beso inspeccionado, corazón ;)
Un beso inspeccionado, corazón ;)
Comentario:
¿Sabes? Este fin de semana el Cantábrico estaba más azul.
Nuestro hombre se lo hubiera pensado.
Nuestro hombre se lo hubiera pensado.
Comentario:
¿Tú de que vas? Cada día escribes mejor y pones más difícil dejar un comentario que esté a la altura.
Me atrae ese hombre tanto como el mar a él. Creo que por las mismas razones.
Mientras leía un escalofrío ha recorrido mi espalda. Me gusta. Sí.
Un beso
Me atrae ese hombre tanto como el mar a él. Creo que por las mismas razones.
Mientras leía un escalofrío ha recorrido mi espalda. Me gusta. Sí.
Un beso





