Epílogo. El hombre mira al mar…
La ola lo envolvió, zarandeándolo de un lado a otro como un monigote. Trastabilló y perdió pie. Sintió volar y se desorientó. Una nueva ola lo empujó con una fuerza descomunal, empujándolo hacia arriba y hacia a atrás. Tragó el mar entero… Un solo instante que pareció una eternidad transcurrió hasta que sintió el impacto contra el suelo del paseo. Su cabeza y su espalda golpearon contra las duras losas.
Quiso moverse y no pudo. La gente empezó a arremolinarse en torno a su cuerpo yaciente. Les veía, les oía pero no podía contestar. Alguien llamó a los servicios de emergencias. “No lo toquen, no lo muevan. Por favor, apártense, dejen espacio para que pueda respirar”. Tampoco en esto tuvo suerte.
Las sirenas, de nuevo las sirenas irrumpían hoy en su vida. Debería estar acostumbrado, por su ocupación, a oír sirenas. Sin embargo no era así, él se movía (¡qué contradicción en esos momentos!) entre el silencio, el sigilo y la oscuridad. Los sanitarios se hicieron cargo de la situación, evaluaron su estado y procedieron a inmovilizarle.
No sabía el tiempo que había transcurrido desde que lo habían trasladado al hospital. Solo en la habitación, oía el ruido de las máquinas y monitores a las que estaba conectado. Intentaba descubrir en qué demonios había fallado. Una imagen de la infancia se coló en su mente.
Caminaba empapado camino a casa, seguro de lo que le esperaba al llegar. A su lado, sonriente, con aquella sonrisa imbécil que tanto le molestaba, Aitor caminaba con apenas marcas de su última aventura con las olas. Una vez más Aitor había ganado. Al llegar al sucio callejón se abalanzó sobre él, mientras con el antebrazo le placaba en el cuello, con el puño cerrado le golpeaba en la cara. “Dímelo, dímelo”. Aitor estaba aterrado, no sabía a que se refería su amigo. Medio ahogado por la presión, sólo llego a musitar “yo no sé nada”…
Si no hubiera sido tan violento, sabría que Aitor conocía el secreto del mar. Cada siete grupos de siete olas, la octava era la más violenta…
No lejos de él, en el Instituto Anatómico, el cuerpo desnudo de una mujer joven yacía en la mesa de autopsias. Acababan de realizarle la autopsia. La causa de la muerte, tras intentar estrangularla, le habían partido el cuello. El médico forense repasaba sus notas. Se preguntaba qué clase de mente enferma era capaz de actuar así. Su asesino se había ensañado. Además de los múltiples moratones y contusiones en la cara, su cuerpo estaba salpicado de horrendas quemaduras. Si descubrir y examinar el cuerpo había sido duro, recordarlo para la redacción del informe le había revuelto las entrañas. Además, presentaba importantes desgarros internos, que habían afectado a órganos vitales, producidos sin duda por un elemento alargado, redondo y romo. Encontró restos de astillas en su cuerpo…
La policía estudiaba el lugar del crimen. Todo se había desarrollado en el dormitorio. La abundante sangre mancha las sábanas de la cama junto a la que habían encontrado el cuerpo tirado en el suelo. Una silla rota. No había más rastro de violencia. Las huellas dactilares encontradas no habían dado positivo en sus bases de datos. Un paquete de tabaco americano arrugado llamó su atención. Tampoco había colillas.
En el servicio de Urgencias del hospital otro inspector hacía preguntas al personal que había atendido al suicida. No sabían quien era, no portaba documentación. Tan sólo en uno de los bolsillos del gabán un recorte de periódico de bastantes años atrás. “Adolescente salva la vida en incendio”. Sin embargo su padre no había corrido la misma suerte. Al leerlo cambió bruscamente su expresión. “No puede ser”. Encolerizado rompió en mil pedazos el papel.
Comentario:
Una historia desgarradora. Me has dejado sin palabras
(Totalmente no. Sí tengo palabras para decirte, una vez más, que me encanta tu forma de escribir. Es sobrecogedora)
(Totalmente no. Sí tengo palabras para decirte, una vez más, que me encanta tu forma de escribir. Es sobrecogedora)
Comentario:
uysss tengo dos post pendientes de leer, luego desde casa vengoooooo!!
besitos salados de CHOI
besitos salados de CHOI





