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Soy más raro que un perro verde, para que nos vamos a engañar. Hay personas que dicen que soy inteligente, ocurrente, dulce y sensible. A lo que añado que soy borde a ratos, introvertido y tímido (y no, eso no se lo digo a todas), pero que me encanta conocer personas.
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Valentín y Eduardo

Valentín no conocía la maldad. Para su edad, 18 años recién cumplidos, podía decirse que era un joven inocente, que apenas había salido de su pueblo. Sus escasas visitas a la capital de su provincia le habían fascinado tanto como le habían hecho sentirse pequeño, perdido, insignificante.

Conocía como nadie los senderos que desde su pequeña aldea surcaban los montes cercanos, cada loma, cada bosquecillo, cada cueva, cada roquedal, cada arrollo en los que las calurosas tardes de verano había saciado su sed en compañía de su inseparable amigo Eduardo.

Aquel mediodía, al llegar a casa, algo frío impregnaba el ambiente. Su madre, sentada junto a la cocina simulaba tejer un jersey. Su padre, de espaldas, miraba al infinito por la ventana.

Sobre la mesa un sobre más gris que blanco, con el anagrama ya conocido de aquella ave, el escudo, las flechas, el yugo. Mecanografiado su nombre y la dirección. Sin abrirlo, todos sabían el contenido de aquella misiva.

Su mundo, su pequeño mundo, amenazó con venirse abajo. Desde hacía dos años la guerra, la declarada y la nocturna, la de los amaneceres fríos y siniestros, la de águilas crueles que surcaban el cielo en busca de víctimas, amenazaba sus apacibles vidas. No entendían el porqué de aquel horror. Apenas si llegaban noticias, y las que llegaban traían lágrimas, lutos, extrañas desapariciones, silencios…

El odio, la muerte, el rencor campaban a sus anchas.

Sin abrir la carta echó a correr escaleras abajo. Su madre empezó a llorar. Su padre maldijo en voz baja. Cuando llegó a casa de Eduardo el panorama no era muy diferente. Ambos se abrazaron.

Urdieron su estrategia. No iban a luchar en aquella guerra que ni entendían ni querían entender. Ellos no sabían ni de políticas, de credos o de arengas. Al alba, con las primeras luces abandonaron sus casas, el monte iba a ser su guarida. Con un poco de suerte llegarían a la frontera de Francia sin percances.

Perdidos, a los dos días pudo el desánimo, la falta de alimento y de agua. No se atrevían a acercarse a los pueblos o a robar algo de comer en algún caserío. No querían implicar a nadie ni ser descubiertos. Decidieron abandonar su huida. Al fin y al cabo ellos no habían hecho nada, no eran culpables de nada, no estaban ligados a ningún sindicato o partido político, tan sólo eran dos chavales con miedo. Ellos no sabían que para entonces sus padres ya habían sido llamados al cuartelillo, amenazados y golpeados. No sabían que su sentencia estaba escrita y firmada.

De la mano, escucharon la descarga…



Valentín De Carlos nació en un pequeño pueblo de Navarra en 1920, el 14 de febrero. Recién cumplidos los 18 años recibió la carta que le comunicaba que debía alistarse y servir a la Patria, en la Gloriosa Cruzada que estaba librando frente al mal, y hasta la muerte si era preciso, entregando a la causa hasta la última gota de su sangre. Tres días más tarde, cuando él y su amigo Eduardo se encontraron de frente con una patrulla de la Guardia Civil, hambrientos, sedientos, magullados y ateridos de frío, supieron que no tenían futuro. Para los cobardes no hay lugar en la nueva sociedad. Fueron asesinados a la madrugada siguiente, junto a la tapia de aquel pequeño cementerio. Dos “purgados” de un pueblo vecino cavaron la fosa y cubrieron sus cuerpos. Descansen en paz.

 
Comentario:
Como si me acabarán de echar una jarra de agua helada por la cabeza. Así me he quedado.

Por desgracia, ocurrió de verdad a otros Valentines y otros Eduardos y seguro que volverá a ocurrir.

La humanidad está perdiendo su humanidad

Besos
 
Comentario:
Un triste relato... precioso a la vez... Un beso cielo.
 
Comentario:
Y
¿quien nos asegura que esto no esté ocurriendo ahora mismo en otro pais? ¿o que no vuelva a ocurrir en éste?
"Las guerras civiles no tienen vencedores, sólo vencidos"

(Es un mal recuerdo para empezar el día. pro te mantiene despierto, más que un café doble).

Un abrazoNte, Txabi :-)
 
Comentario:
Las guerras son estúpidas, quienes las provocan más...

 
Comentario:
uysss :S
besitos salados de CHOI
 
Comentario:
me acabas de congelar la garganta... siempre me ocurre cuando me arañan por dentro, un besito
No