Qué bueno que viniste!
Mis locuras... Siéntete como en casa, ponte cómod@, en la nevera hay bebida fresca...
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Soy más raro que un perro verde, para que nos vamos a engañar. Hay personas que dicen que soy inteligente, ocurrente, dulce y sensible. A lo que añado que soy borde a ratos, introvertido y tímido (y no, eso no se lo digo a todas), pero que me encanta conocer personas.
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Y al séptimo, descansó (Parte 2ª)

Aaaaaah! (no es que desperece así, es que le he cogido gusto a las onomatopeyas).

Teníamos una cita ineludible con el destino… bueno, con el morapio, y no era cuestión de llegar tarde la primera vez, ¿no?. Así que como la noche anterior no había causado estragos, fuimos amaneciendo a una hora más que prudente. Además, teníamos una agenda de lo más ajetreada antes de empezar a deleitarnos con los caldos que a buen seguro se nos iban a ofrecer…

En un segundo la mesa se volvió a llenar de las más variadas viandas (¡hasta Especial K!). Cual buitres que nunca antes hubieran comido dimos buena cuenta de ellas y nos preparamos para iniciar la “Marcha morada”. Entonamos nuestro “himno de guerra” a varias voces, como unas 14 o así, que no era otro que (“El vino que tiene Asunción…”)*. Y nos lanzamos al asalto de la Cooperativa de viticultores de Labastida. En breves instantes más de un centenar de litros cambiaron su apacible descanso en el almacén por otros menos apropiados como fueron los maleteros. ¡Y aún no habíamos visitado la bodega!. Alguien concluyó que deberíamos consultar la legislación vigente en materia de transporte de materias peligrosas por carretera, vulgus ADR, para comprobar si sería necesario proceder al marcado y etiquetado de bultos y transportes…

¿Quién puede catar un vino con el estómago vacío?. Algo había que echar al coleto, así que nos fuimos a la caza y captura del garito con pintxos pidiendo ser degustados. Instalados cómodamente la gente empieza a pedir: Agua mineral, cortado, zumo de melocotón… ¡Dios mío! ¿Sólo ante el peligro en medio de una banda de degenerados abstemios?. ¿Y que pido yo ahora. Gaizka salió en mi auxilio, luego Itziar me secundó. ¡Ups! Salvado in extremis.

Llegada a la bodega. La comitiva encuentra el camino a la primera. Claro que ayudaron bastante las indicaciones del ertzanza al que preguntamos.

¿Qué decir de la visita?. Pues uno no es un experto en visitas y la cultura del vino, pero la cosa fue flojita. Menos mal que nos montamos la visita un poco a nuestro aire, atendiendo a las indicaciones de nuestra guía, pero dándonos cuenta de algunos errores garrafales… Lo mejor, las fotos que nos hicimos y que podéis ver si pincháis en la foto adjunta. La cata de dos vinos flojita. Sólo nos hicieron notar la acidez, que debes notar en la puntita de la lengua. Yo debo tenerla insensibilizada… Eso o la caña que me tomé me la amuermó. ¿Sabéis de dónde viene la expresión “A ojo de buen cubero”?. Pues según nos explicaron viene de al perfecta alineación de las barricas en las bodegas, que antiguamente lo hacían a ojímetro. ¡Falso!. Viene de la pericia de los cuberos que hacían las duelas a ojo, y sobre todo, la más difícil debía ser de atinar con la medida de la última que es la que cierra la barrica. Después de esto y alguna otra explicación de la vida “útil” de las barricas según el vino a elaborar, corroboras la cantidad de tontería que se ha instalado en torno al vino…



No sé a vosotr@s, pero a mí el aburrimiento me abre el apetito. Aunque cierto es que al ser las dos y media de al tarde y estar acostumbrado a comer a la una y cuarto pudo también haber provocado aquellos ruidos provenientes de aquello que se encuentra más allá del esófago y antes del intestino delgado…

Así que con gran dolor de corazón y casi a regañadientes nos sentamos a la mesa a la espera de ser agasajad@s con una muestra de gastronomía que finalmente no nos defraudó. Por supuesto regado con caldos de la bodega (colaborando en el mantenimiento de la industria y local y así se sacan el sueldo de la guía…). El menú, muy bien presentado, fue acompañado con un “Milflores” y un reserva “Glorioso”. Unos vinos fáciles de beber y para paladares nada exigentes, podríamos decir que unos Riojas clásicos. Fue un acierto pedir primero el “Milflores” y acabar con el “Glorioso”.

¿Y que pasa cuando se come bien y se bebe mejor?... Pues si, ¡pero no!.

Pero amig@s, esto es asunto del próximo cuento.

(Continuará bis)

*Licencia literaria, no tomar al pie de la letra

 
Comentario:
¡¡Estoy más que impaciente por seguir leyendote!!

besicos.
 
Comentario:
Uisss ta' xula la bodeguita jejeje. Sabes, al leerte recordé cuando hace poco ví una peli q alquilaron unos amigos "entre copas" y como bien dice el título, pues entre copas toda la peli jejejeje

besitosssss
 
Comentario:
jajaja continuará otra vez!! aysss XD!! q te ha dado por las colecciones en fasciculos, jajajjaja
vale, compraré el proximo tb, jaja
besitos salados de CHOI
 
Comentario:
Pues esto hay que arreglarlo inmediatamente. Que te pases por la capital mundial del vino (que me perdonen los de Haro, pero tengo que barrer para casa) y te quedes con una impresión no muy "pallá"...

Y ahora la duda. ¿En serio que estabas en una bodega y no en una industria zapatera?. Lo digo por la foto...

Y me voy pitando a ver el resto.
No