29/01/2007
El sonido de la motosierra segó la mañana. Con el estallido brutal acabaron los trinos de los gorrines que moraban los árboles cercanos, aún ajenos a la catástrofe que se avecinaba. La hoja afilada se hundió en al carne del árbol. Crujió la rama en un grito desgarrador.
El inmenso nogal, centenario ya cuando él era un niño, había sido condenado a muerte. Sus ojos ya cansados brillaron; apretó fuerte la mano contra la empuñadura gastada del bastón que le ayudaba a mantenerse en pie. La ira brotó desde lo más profundo de su ser, ahogando sus ojos en un mar de lágrimas.
Los pájaros estaban ya lejos. Secó su rabia con el pañuelo. Se mantuvo impasible. Una y otra vez el cambio de sonido le anunciaba una nueva herida. Con maestría, haciendo gala de una puntería envidiable, asestaba el matarife tajos certeros en la carne inerte de aquel ser casi mitológico.
Durante el último siglo sus vidas habían estado estrechamente vinculadas. De niño había trepado por sus ramas a robar huevos de los nidos. Llegado el invierno recogía con sus amigos los frutos que el árbol les ofrecía. Años más tarde supo de sus primeros amores y desamores. Una primavera convulsa oyó a los mayores hablar de cosas que no entendía, hasta que mese más tarde la guerra vino a darle vida a aquellas palabras, en forma de horribles sucesos salidos de mentes enfermas y despiadadas. Hubo un tiempo después que los protagonistas que se sentaban a su sombra cambiaron, como cambiaron sus formas, sus actitudes, sus conversaciones. Fue un tiempo pintado en negros, en grises, un tiempo que resultó eterno.
Un día, cuando el frío empezaba a dejarse sentir, alguien colgó de sus ramas una bandera, para muchos, maldita. Una bandera tricolor y bicrucífera vistió de color la mañana. Al amparo de la noche alguien trepó a sus ramas y la colgó, enorme, desafiante. Algo estaba cambiando, y lo iba a hacer muy deprisa.
Con muchos años y vivencias a sus espaldas algunos de aquellos que antaño se reunían a su sombra volvieron a juntarse. Espaldas encorvadas, la mirada muchas veces perdida en el infinito, menguadas las fuerzas pero ni un ápice socavado el ánimo y sus creencias. En este ciclo vital ese rincón volvió a poblarse de críos que jugueteaban entre las piernas de sus abuelos, a veces a riesgo de hacerles caer en sus alocadas carreras.
…
Envuelto por sus recuerdos, durante la última hora apenas si había seguido los avances de aquella tarea destructora. Cuando quiso darse cuenta el árbol aparecía desmochado y los operarios se afanaban en tronchar el robusto tronco, dándole así la puntilla final.
Comentario:
Tiros no sé... Quizás te dé una pista esta frase: "Durante el último siglo sus vidas habían estado estrechamente vinculadas."
Me alegro de que te haya gustado
Me alegro de que te haya gustado
Comentario:
¡Vaya, vaya, vaya! Me ha encantado lo que has escrito, aunque he de serte sincera, la verdad es que no sé muy bien por donde van los tiros. Tal vez mi inteligencia no de para tanto, jajaja... Pero lo dicho, me ha gustado mucho.
Besos.
Besos.





