Mis vecinos
Como ando algo falto de inspiración (por estas fechas mis musas andan por ¡Benidorm! de vacaciones. Anotaciones: Dedirles cuatro cosas a mis musas por ese reiterado deseo de ir de vacaciones a ¡Benidorm!. Claro que Salou sería aún más grave… ¿o no?) he cogido prestada la idea de esta entrada de “mi otro yo”.
Ayer hizo justamente un año. Y mira que soy malo para las fechas, las efemérides y las conmemoraciones. Pero ayer, lo recuerdo muy bien, hizo justamente un año que les conocí.
Nuevo en una casa nueva. Nuevo (“forano”) en un pueblo nuevo, al que hasta entonces no me unía ningún vínculo. Fueron ellos los que se acercaron a presentarse y a ofrecerse “para lo que necesitáramos”.
Así que decidimos tomarles la palabra, jajajaja, ¡qué jeta!. Apenas tres semanas después de llegar a vivir les dejamos las llaves de casa para que nos cogieran el correo, regaran las plantas y movieran las persianas durante nuestras vacaciones… ¡un mes entero!.
A la vuelta nos “introdujeron” en la vida social del pueblo, plenas fiestas, invitándonos a la cena de las amas de casa, ¡qué buena que estaba la costilla de cerdo con pisto!. Sólo de pensarlo aún me chupo los dedos y mis glándulas salivares comienzan a secretar…
Y desde entonces, ceno sopa calentita todos los domingos de invierno, cortesía de mi vecina. Y en verano platos fresquitos como el calabacín al estilo Conchi, sencillo y rápido de preparar, tanto, que hasta yo sería capaz.
Apenas pasan gremios por casa, basta que comente con mi vecino “tengo que hacer una chapucilla”, para que se presente en casa armado de cable, tirafondos, llave Allen, taladro y polímetro.
Si se me olvida regar el macetero de la puerta no hay problema, siempre hay dispuesto un cubo de agua que, desde la casa vecina, viene a saciar la sed de las pobres planticas.
Si salgo de vacaciones en invierno, pocas horas antes de volver, “misteriosamente”, la calefacción de casa se pone en marcha para que se temple… Y si por lo que sea, mi coche no se mueve en días, recibo una llamada en mi móvil, por si nos ha pasado algo.
Y como tenemos las agendas “muy apretadas”, tenemos pendiente desde hace mucho tiempo una caracolada y una buena parrillada en su barbacoa. Eso sí, el vino corre de nuestra cuenta.
Comentario:
No me los cambias, ¿verdad?





