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Soy más raro que un perro verde, para que nos vamos a engañar. Hay personas que dicen que soy inteligente, ocurrente, dulce y sensible. A lo que añado que soy borde a ratos, introvertido y tímido (y no, eso no se lo digo a todas), pero que me encanta conocer personas.
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Me ha contado un amigo, que un amigo suyo le ha contado que a unos amigos suyos les pasó lo que os voy a contar.

Decidieron pasar un fin de semana en una casita de turismo rural en la Cantabria profunda, en un pequeño pueblo perdido en los verdes valles. Allá se fueron y se llevaron consigo a su perro. Una vez instalados, dejaron suelto al perro, no había ningún peligro y conociendo la mansedumbre y nobleza del animal, no podían imaginar que pudiera causar ningún destrozo.

Llegaba la hora de cenar y echaron en falta al perro, así que a gritos lo buscaron por los alrededores de la casa, hasta que apareció; pero no venía “solo”. Entre las fauces, muerto, traía un ejemplar de loro.

¡Gabinete de crisis!. ¿Qué hacemos ahora?. La noche iba transcurriendo y las posturas sobre qué decisión eran variadas, y conforme pasaban las horas, diría que más descabelladas. Estaban los que defendían que lo mejor era no decir ni pío (valga la expresión), coger al loro en una bolsa y enterrarlo a la mañana siguiente en cualquier prado cercano. Otros defendían que había que dar la cara, asumir la responsabilidad y si era menester comprarle otro loro a la vecina, pues habían averiguado que el loro era de la casa de al lado. ¿Y si la mujer sufría por la pérdida del loro?. ¿No sería peor el remedio que la enfermedad?.



Al día siguiente, tras su paseo matutino, se toparon con que una ambulancia estaba aparcada en la puerta de su vecina. En aquel instante una camilla salía, conducida por el personal sanitario. Instantes después, salía disparada a toda velocidad, con el estruendo de sirenas y destellos luminosos.

Sea como fuera, la más descabellada de las ideas fue la que llevaron a la práctica. Aprovechando la madrugada y que las puertas de las casas no se cierran, se introdujeron en casa de su vecina cual comando en plena acción de rescate. Ubicaron el dormitorio de la anciana y la cocina, donde vacía, seguía la jaula del desgraciado loro. Allá lo dejaron, esperando que la anciana creyera que había muerto apaciblemente en su jaula durante al noche…

¿Qué había pasado en realidad?.

 
Comentario:
Vaya, vaya!!!, ¡Qué alegría!

Pero mira a quien acabamos de encontrar en la blogosfera!!!!
 
Comentario:
por cierto... enlazado
 
Comentario:
Pasó k la anciana encontró una nota del loro en la puerta de la jaula k decía:
Me ha tocado la bonoloto, así k me marcho con curro (mi novio) al Caribe. Salgo de la jaula y de paso del armario. Pa ti todo el alpiste reina
A la abuelita le da un subidón de tensión de un par... vamos, la yufular se le palpaba desde la puerta.
Lo k no sabe es k a su loro le ha dado un infarto al enterarse de k el tal Currito está casado con una pajara de cuidado k le ha puesto 7 huevos.
El perro de los vecinos se tropieza con el "cuerpo presente" del ave defenestrada y piensa k es un buen trofeo para llevarle a los amos ( ha visto el anuncio de "él nunca lo haria" y está un poco mosca con eso de k lo lleven en el coche)
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Estaba claro no?
No