Maldita ignorancia
Manuel era un joven que en su coqueteo con las drogas se había contagiado de SIDA. Vivía en una comuna en la provincia de Huesca, ocupando uno de los múltiples pueblos abandonados en la zona. Los habitantes de los pueblos vecinos “aceptaban” la presencia de aquellos jóvenes desarrapados, de largas melenas, de pieles curtidas, de escasas carnes. Se limitaban a verlos pasar por el pueblo, cuando iban a comprar bienes en sus tiendas, vender algún producto artesanal a los turistas o a realizar alguna llamada telefónica.
Una vez que a Manuel le confirmaron su diagnóstico y no deseando alargar una existencia en aquellos momentos bastante incierta, retornó a la paz de las montañas, entre la gente con la que se encontraba bien. Cada tarde, a la puesta del sol, acudía a lo alto del puerto, donde la vista el sol ocultándose tras las montañas le sosegaba el ánimo. Era allí donde quería reposar para siempre.
Llegado el día se formó la comitiva fúnebre. Mes de julio, sol de justicia. Cuatro compañeros llevan en hombros su cuerpo desnudo, la piel como única mortaja. La cuesta pesa y van faltando las fuerzas. Un mal hoyo cavado en la dura tierra, apenas una capa de tierra y unas piedras cubren el cuerpo de Manuel.
Tiempo más tarde se descubre en un caso de SIDA entre los lugareños. Un respetado ciudadano, un cazador, es portador del VIH. Las alarmas se disparan. ¿Cómo se habrá contagiado?. Las mentes y las imaginaciones se disparan. ¿Recordáis a aquel jipi “sidoso”?. Del hilo se llega al ovillo. ¡A saber cómo lo enterraron esos vagos que no saben coger una pala y un pico!. Seguro que los jabalíes buscando comida desenterraron el cuerpo, lo comieron y ahora nosotros al comer sus jamones, chorizos,… estamos todos contagiados. Quien más quien menos tenía productos del jabalí artesanos en casa. Quizás pasados por el veterinario para hacer estudios de triquinosis, quizás no. Así que a la basura fueron jamones, chorizos, paté y demás carne de jabalí en conserva…
Y el bulo fue creciendo sin que nadie lo pusiera en tela de juicio, es que son jipis son un peligro y algo habría que hacer.
A nadie se le ocurrió pensar que los “honorables” mozos de la comarca visitaban cada fin de semana el club de Martillué…
A Fuesa Unibersal
Yera un carnuz maldito
por a fatera d´a chen,
baxo ra tasca o mon
sin más mortalla que a piel.
Un fosquizo reglamento
le tiró toz ixos suenios
no i tendrá puesto sagrau
no pas entre os muertos nuestros.
Arraigan os suyos miedos
en o fundo d´una barella
que a sangre d´as bena suyas
s´escorra por torrenteras
Lola plebia y lolo zierzo
querión plorar en a fuesa,
dixón a cuerpo zanzero
sin mica napa de tierra.
D´a sida ya no s´estampa
ni a puta no o mosén,
ni jipis ni montañeses,
sisquia tú ni garra chen. (bis)
Cazataires d´o país
con fastio contón notizias
pos os chabalins d´o mon
se minchón carne con sida.
Rebancha de dios benida
gran alarma de salú
milenta de positibos
con salindo ta ra luz
Mondongos ta ra femera
con tortetas y patés,
más a guardia se´n ha preso
de putas en Martillué
No ye muerte de gufaña
que nos diés firme lizión
a tener-nos más respeto
y a buquir toz con condón.
D´a sida ya no s´estampa
ni a puta no o mosén,
ni jipis ni montañeses,
sisquia tú ni garra chen. (bis),
Asinas bosón con fastio
as cazeras de rayóns,
bolas como a rezentada
y que toda chen creyó
D´a sida ya no s´estampa
ni a puta no o mosén,
ni jipis ni montañeses,
sisquia tú ni garra chen.(bis)
Ixo Rai!
Comentario:
buff!! sin palabras me dejas!!
besitos salados de cHOI
besitos salados de cHOI
Comentario:
Bueno... aquí se junta de todo. Desde la ignorancia como bien apuntas, hasta el temor por el diferente.
Pandemias no tan mortales, pero sí tan crueles como el SIDA...
Pandemias no tan mortales, pero sí tan crueles como el SIDA...
Comentario:
Me gustaria poder entenderlo...
Comentario:
YA SABES LO QUE SE DICE,UN DIA MATAS UN PERRO Y TE LLAMAN MATAPERROS, Y LA IGNORANCIA HACE QUE UNA COSA QUE ES SENCILLA, SE HAGA TAN GRANDE QUE TOD@S SON CULPABLES, MENOS LOS QUE EMPIEZAN EL BULO
BESOS Y ABRAZOS PARA TOD@S





