Ya soy licenciada en Comunicación Audiovisual. Ahora estoy en paro (espero que por poco tiempo). De momento, disfruto de unas merecidas vacaciones. Pero desde el exilio no olvido estos cinco años: el primer día de clase, las cenas universitarias, el viaje de fin de carrera.... Me gustaría saber que piensan mis compañeros de nuestra aventura universitaria. Molaría oirles contar las mismas historias que yo cuento, pero a su manera, claro. Sobretodo me gustaría conocer la versión de Alexis
Ahora estoy de vaciones pero pronto hablaremos de música, de viajes, de cine...
La Universidad de Valencia, Comunicación Audiovisual, un piso alquilado con unas amigas, y , por fin, chicos adultos, sensatos, no como los niñatos pueriles que babean por cualquier falda corta o escote pronunciado que hay en mi pueblo!!!
¿Cuántas veces habré soñado con la llegada de este momento? Dejar mi querido pero pequeño Selun, para venir a la gran ciudad: bulliciosa, llena de vida, de cosas que hacer, de gente por conocer, de tios interesantes (y si están buenorros mejor que mejor: la belleza inerior es lo más importante, pero un buen culo es un buen culo en Valencia, en Selun y en la Luna).
Bueno, me presento. Soy Alexxia, tengo 19 años y voy a empezar una nueva vida, la vida universitaria. Son tantas cosas por hacer, por vivir, por sentir... no quiero olvidar jamás ninguna de ellas. Por eso me he propuesto escribir este Blog. Este será mi pensadero particular.
Mañana hago la mudanza. Próxmio destino: calle Clariano, piso de la locura, puerta de la libertad.
Os mantendre informados
Aquel iba a ser sin duda uno de los días más importantes de mi vida, por fin me convertiría oficialmente en una ¡¡¡universitaria!!! Me sentía como una concursante del programa ese de Bertín Osborne, al cruzar la puerta Alexxia Danera será (redoble de tambor) UNA UNIVERSITARIA CON VIDA DE UNIVERSITARIA (aplausos, nube de humo y cancioncita:”dentro de ti, hay una...”, bueno supongo que os hacéis una idea, ¿no?). Recuerdo lo nerviosa que estaba y lo que me costó decidirme por qué ropa escoger, quería causar buena impresión tanto a las chicas como a los chicos y a los profesores. Es decir, misión casi imposible.
Nunca había estado en la que a partir de ahora iba a ser mi segunda casa, ya que me había matriculado por internet y no solía venir a Valencia nada más que para ir de compras o al médico. Tampoco conocía a nadie que fuese a estudiar Comunicación. Así que todo era nuevo para mí.
Recuerdo la emoción que sentí cuando giré la esquina de Mestalla y la vi por primera vez. Me habían dicho que la facultad era de los años 60 y que estaba situada en el centro mismo de la ciudad. Realmente era un edificio impresionante: muy alto, antiguo, todo acristalado y con un pequeño jardín a su alrededor. En una de las esquinas había, bueno y hay, una especia de graffiti moldeado en la propia piedra del edificio. Me pareció magnífico, todo un clásico con su historia a cuestas pero marcado por la modernidad, y además cosmopolita, el campus estaba situado en medio de la ciudad. ¡Que más se le podía pedir!

Ensimismada entré en el edificio y comenzó el calvario. Debía comenzar mi primera clase en el Aula M-21 a las 10 en punto. Intenté descifrar el directorio del hall, nada, en ninguna de las 7 plantas salía la M-21, la cola en la ventanilla de información llegaba hasta la cafetería, imposible preguntar, tenía que pedir ayuda a alguien... pero ¿a quién? Todos parecían tener prisa. Así que me decidí a ir planta por planta en busca del aula perdida. Entonces descubrí que tratar de coger el ascensor en la Facultad es casi una utopía. Eran las 10 menos 10 y aún iba por la planta cuarta. Nada en esta tampoco estaba. Recorrí las tres últimas plantas a la desesperada y cuando volví a bajar al hall ya sin aliento, le ví. Parecía un chico interesante y maduro, estaba “analizando” el directorio del hall, el mismo que me había llevado 10 minutos descifrar, la concentración marcaba sus rasgos. ¡Y lo más importante llevaba un capeta de Comunicación Audiovisual idéntica a la mía! Eso significaba que también era de primero. Casi arrastrándome me acerqué a él, las escaleras de la facultad eran (y son) un infierno, y le dije:
- Hola, eres de comunicación, ¿no?
El que yo creía mi salvador hizo algo que no me hubiese esperado nunca: mirarse el paquete. Su cara era todo un poema, me miraba como si fuese una aparición. Decidí insistir, a lo mejor no me había entendido.
- Te he visto la carpeta. ¿Eres de comunicación?
El tío seguía sin reaccionar. Estaba empezando a preocuparme. Igual le pasaba algo. ¿Y si era mudo? De repente sacudió la cabeza y me miró de nuevo. Algo en sus ojos había cambiado. Al parecer el chico estaba en su planeta y había vuelto a conectarse a la Tierra. Por tercera vez, le dije:
- Te he visto la carpeta. Eres de comunicación, ¿no?
Dicen que a la tercera va la vencida y así fue. Esta vez conseguí una mínima respuesta, “mi salvador” asintió con la cabeza. Se produjo entre nosotros un silencio extraño, luego comenzamos a hablar. El tampoco había encontrado el aula, así que decidimos investigar juntos. ¡Con la de tíos que hay en la universidad y había tenido que preguntarle al más...raro!
Tras 10 minutos de incómoda cola, mi nuevo amiguito “el pillao” y yo apenas hablamos, llegamos por fin enfrente de la señora de la ventanilla de información. Yo estaba histérica: iba a llegar tarde a mi primera clase universitaria por no encontrar el aula!!! Y mi único conocido en la universidad parecía tener que consultarle a su paquete antes de hablar. Penoso. Pues bien, en información nos explicaron que el aula M-21 se encontraba en el Aulario V que estaba en una calle llamada Gascó Oliag, al otro lado de Blasco Ibáñez. El pánico recorrió mi cuerpo. ¿Al otro lado de Blasco Ibáñez? Pero si esa avenida tiene 3 kilométros. La mujer de información debió verme la cara de susto y añadió:
- Sólo tenéis que cruzar la avenida, es la calle de enfrente.
Uff! Menos mal. Ya me veía pillando un taxi para llegar a clase. ¿Y qué coño le hacía tanta gracia al “pillao”? Se le notaba a tres pueblos que estaba tratando de aguantarse la risa. ¿Es qué no sabía disimular mejor? ¿No le preocupaba llegar tarde? Solo de pensar en tener que abrir la puerta cerrada del aula y soportar la mirada de toda una clase sobre ti mientras desesperadamente buscas un asiento que no sea en primera fila. ¿Y si al profesor le daba por preguntarme qué me había pasado? “Verá señor, es que me he perdido, es que no tengo sentido de la orientación, jeje (risa histérica)!!” Peor aún y si no me dejaba entrar y me pillaba manía y en quinto de carrera aún llevaba pendiente esa asignatura… ¡La paranoia era ya considerable! Tenía que relajarme.
“El pillao” y yo habíamos salido de la Facultad y nos dirigíamos al escurridizo Aulario V. “El pillao” no paraba de reírse entre dientes lo que acrecentaba mi histeria. Pero lo mejor estaba por llegar: el tío, de repente se para, me mira y suelta:
- ¿Aurelio Cinco? ¡Eso significa que hay otros cuatro Aurelios!
Tras soltar tremenda absurdidad, me mira y comienza a partirse la caja, esperando a que yo también me riera. Definitivamente, era tonto. Al menos esta vez no le había pedido permiso a su pene antes de hablarme.
- ¡Aulario! De aula, aulario. ¿Lo coges?- le conteste.
Acababa de tomar la firme decisión de huir de él tan pronto llegásemos a la dichosa Aula-21, por el momento con no hablarle bastaba. Pero al ver el Aulario, no pude contenerme:
- ¡Hala, como mola!¡Qué modernista! – dije sin querer en voz alta.
“El pillao” me miró extrañado, luego miró de nuevo el Aulario y soltó una risita. Me daba igual lo que pensara, el edificio era simplemente genial. Era super futurista y el techo flotante de la entrada era muy original. En vez de escaleras, tenía una enorme rampa de acceso, así que además de moderno, el Aulario era accesible, algo muy importante.
Entramos en el edificio y por fin llegamos a la dichosa aula. La puerta estaba abierta y había un montón de gente en el pasillo. Estaba de suerte. El profesor todavía no había llegado. Primer objetivo: conocer gente y así de paso poder librarme del “pillao”. En cinco minutos me había presentado a media clase, pero continuaba teniendo pegado al “pillao” porque al parecer éste había escogido la estrategia de seguirme y presentarse a todo aquel al que yo me presentase. Era horrible, mis nuevos compañeros, Pepo, Roni, Marco, Sonja, Josué y demás, me asociarían con él. Entonces llegó el profesor, un hombre no mucho mayor que nosotros que nos dijo que por favor entrásemos en el aula. Al entrar se puso a escribir cosas en la pizarra como un poseído, yo me quedé embobada (estúpida de mí) mirando los frenéticos movimientos de su mano y tome un asiento arrastrada por la multitud de alumnos. En lo primero que me fije fue en mi silla, era roja, que mona pensé, miré a mi derecha, la de Roni era Azul, parecía un parchís, miré a mi izquierda, ¡o no! Me había sentado al lado del “pillao”. Su silla era, amarilla. El “pillao” me miraba con cara de susto, al parecer tampoco sabía que se había sentado a mi lado. Yo que en la universidad pensaba encontrar chicos maduros y sensatos. En fin era solo el primer día.
Una risa sorprendente sonó a mi derecha, era Roni. Reía de forma super graciosa y, sobre todo, contagiosa. Miré al frente, el profesor que se llamaba Lermo Pezol, también reía, al igual que el resto de la clase. ¿Pero de qué reían? Lermo trató de continuar explicando el método de evaluación de la asignatura, pero su voz daba unos altibajos estridentes muy cómicos. Pero lo peor era que si le entraba la risa su voz adoptaba un tono grave. Parecía la niña de la peli del exorcista. Pero él continuaba con su explicación, debía ser normal.
- Bueno. Esta bien empezar con este buen humor. Pero a lo que vamos. Ya os habéis puesto por parejas, ¿no?-dijo el tal Lermo Pezol.
¿Por parejas? ¿Cuándo había dicho que teníamos que formar grupos? Mire instintivamente a mi derecha pero Roni y Marco ya habían escrito su nombre en un papel. Tratando de evitar la mirada del “pillao” miré a mi izquierda, por suerte él también estaba girado. Mala suerte, Sonja y Pepo y Josué y Xavier, habían cerrado ya sus grupos. No quedaba otro remedio, no conocía a nadie más, iba a tener que hacer mi primer trabajo con el “pringao”. Así que suspiré y le dijé:
- ¿Vamos juntos?-
Para mi sorpresa el “pillao” había pronunciado estas mismas palabras al mismo tiempo. Al menos, estábamos sincronizados.
Segunda semana del curso.
Lunes + 9:00h + 3 horas de “Análisis del Entorno Social”= sueño insoportable.
Cuando creía que ya no podía más y que mis parpados iban a ganar la batalla a mi conciencia, Josué me dio unos golpecitos en el hombro. Me giré y muy sonriente me ofreció un papel.
Sonja estaba histérica. Le pedí que me acompañara al baño, a ver si así se tranquilizaba un poco. Aunque en realidad me meaba por la patilla. El water de tías estaba petao. El de chicos tenía la puerta abierta y parecía que no había nadie dentro. Así que le dije a Sonja:Sonja sorprendida de mi huida me siguió.
- Tía, ¿qué te pasa?
- ¿Qué me pasa? Nada. Solo que le he visto el mazapán al “pillao”, digo a Alexxis.
- ¿Quéééé? Roni, chicas venid. Que Alexia tiene algo que contarnos
(Si claro si quieres escribo un articulo y lo publicamos en la GU. Al menos Sonja había recuperado la sonrisa).
- ¿Qué pasa? ¿Dónde os habiais metido? – dijo Roni acercándose seguida de todas las demás.
- Tías, que Alexia le ha visto el pajarito a Alexis. ¿Y qué tal? ¿Está bien…tu ya sabes? – se adelantó Sonja.
Roni había abierto los ojos como platos y me miraba ansiosa. El resto, también me miraba fijamente.
- Pero, ¿qué decís? Apenas se la he visto. He cerrado los ojos y he salido corriendo muerta de la vergüenza. (Eso era lo que debería haber hecho, pero la verdad es que el “amiguito” del “pillao” no estaba nada mal. Eso sí, no pensaba reconocerlo ante nadie).
Los chicos habían formado corro alrededor de Alexis. Le había faltado poco para ir a contarlo a sus amiguitos. Seguro que estaba fardando. Aunque parecía nervioso porque se bebía todo lo que pillaba por la mesa. Entonces pasó algo sorprendente, que aunque desagradable me sacó de la embarazosa situación en la que me veía envuelta. Un huevo acababa de aterrizar en la cabeza de Josué. Y a este le siguieron unos cuantos más. Así que salimos por patas.
Al parecer a los vecinos tampoco les había gustado el concierto de los “cantores de Móstoles”. Un huevo me dio de lleno en el pelo. Pero la verdad es que los vecinos tenían buena puntería. Cuando llegamos a Rumbo teníamos unas pintas bárbaras, el segurata flipó al vernos. Nos costó convencerlo para que nos dejara entrar. La noche estaba siendo muy extraña. Pero cuando entramos en la discoteca me pareció que la cosa iba a cambiar. Estaba lleno de tíos universitarios, la música estaba guapa, Sonja sonreía al fin y como había tanto ruido nadie me preguntaba por el “amiguito” de Alexxis.
De vez en cuando miraba a Alexis. Me sentía un poco culpable. Además el tío estaba como ido. Nuestro encuentro le había afectado más de lo que imaginaba. No paraba de gritar como un loco. De pronto, empezó a mirar en todas direcciones compulsivamente, parecía asustado y gritando hecho a correr hacia la puerta. Le seguí. Quería hablar con él, así me quedaría más tranquilla. Pero el tío, iba dando tumbos, chocando con la gente. Flipante el ostión que se dio contra el segurata.
Cuando salí me fije que Alexis llevaba un condón desplegado en el dedo, que se lo quitaba y miraba a su alrededor. Estaba empezando a asustarme. Me caía mal, pero ese nivel de paranoia no era normal. Pero la cosa no quedó ahí, el tío miraba embelesado la carretera y echó a correr hacia los coches.
- ¡Loco, para! ¡Te van a atropellar!- le grité corriendo hacia él.
Este chico cada vez me sorprendía más. Paró en seco. Me miraba como si fuera una aparición. Entonces detuvo su mirada en mi pecho. ¡Será guarro el tío! Bueno, vale, yo había estado casi un minuto mirándole sus partes... ¡Anda! Pero si no me estaba mirando las tetas, estaba como hipnotizado mirando el broche en forma de hoja que me había prestado Vane, mi compi de piso.
- ¿Tu me puedes guiar? – me preguntó como ido.
- Si, yo te guiaré- le dije, cualquier cosa para apartarle de la carretera.
Le llevé a portal y le pedí que se sentara. Al menos era dócil y me hacía caso. Me senté con él y a los pocos segundos se quedó dormido. No iba a irme y dejarle allí solo, así que me quedé con él hasta que Pepo salió de la disco y viendo el estado de Alexis, decidió llevárselo a su casa ya que sus padres estaban de viaje.
Generalmente suelo estudiar en casa porque no puedo estarme quietecita mientras estudio y tengo manías como recitar en voz alta y poniendo acentos (mejicano, andaluz, etc.) aquello que me tengo que aprender. Y estas costumbres pues no están muy bien vistas en un biblioteca. Siempre me ha sorprendido el silencio que hay en esos lugares y lo quisquillosa que es la gente cuando se te escapa algún ruidito. Pero ese día Vanesa, mi compañera de piso, me había pedido que le dejara la casa para ella sola pues tenía un nuevo ligue. Así que como un grupito de clase había decidido ir a estudiar a la biblioteca toda la noche pues me uní a ellos. La verdad es que en clase teníamos muy buen rollo y ni siquiera los exámenes podían con nuestro compañerismo. El mejor de todos era Josué, que se curraba unos apuntes de alucine que luego nos pasaba a todos. ¡Siempre me he quedado con las ganas de preguntarle como coño se hace eso en Word!
El examen en cuestión era de Historia. El profesor que impartía esa asignatura era un tanto peculiar, y más que su persona lo peculiar era su acento. Así que cuando pronunciaba nombres propios en su inglis catalaninglis no había manera. Cada uno de los que estabamos en la biblioteca, Josué, Roni, Marco, Alexis y yo, habíamos entendido una cosa distinta en clase cuando el profesor nos habló de los distintos cargos públicos dentro de los gobiernos de los distintos presidentes americanos. ¡Que vete tu a saber porque nos debe importar eso a nosotros! Como yo ya no aguantaba más en mi asiento rodeada de los silenciosos habitantes de la biblioteca, le propuse a Roni ir a buscar un libro de historia americana que pudiese aclarar nuestras dudas. Además quería comentarle una cosa. No lo había hablado con nadie y no sabía que hacer. Alexis y yo no habíamos vuelto a hablar de su huida suicida de Rumbo en la primera cena de clase, ni de su extraña forma de comportarse ni de mirarme. El se comportaba como si nada hubiese pasado. Iba tan ciego que probablemente no se acordaba de nada. Pero yo sentía la necesidad de hablar con él, aunque no me atrevía. Estaba decidida esa noche rompería mi silencio y pediría consejo a Roni.
El libro no lo encontramos, pero Roni me aconsejo que hablara con Alexis. “Seguro que le gustas, sino no te hubiese mirado así. Ni se hubiese dormido sobre ti”. ¿Cómo le voy a gustar? ¡Nos caemos mal! “Además los borrachos nunca mienten” . Pero si lo único que me dijo es que si le podía guiar. La conversación estaba tomando un rumbo que no me gustaba y decidí atajar. Le dije a Roni que hablaría con Alexis después del examen y que lo mejor era subir a pedir ayuda al resto para que nos ayudasen a encontrar el dichoso libro.
Estaba de mal humor. No entendía porque ese niñato me afectaba tanto.
- Qué fuerte! Nos han dado una referencia para un libro ¡y estamos una hora intentando encontrarlo! – dijo Roni mientras se echaba a reír cuando nos acercamos a la mesa de los chicos.
Alexis estaba susurrando algo parecido a “eiqueyonifosa...” o algo así. Este chico era muy raro. Los habitantes de la biblioteca asesinaron con la mirada a Ronie. Así que, en voz baja, decidimos separarnos para encontrar el libro. En quince minutos nos reuniríamos en las escaleras principales.A mi me había tocado investigar en una sala del primer piso. Nada. El libro no aparecía. Cuando llevaba unos diez minutos buscando apareció Roni blanca y sudorosa.
- Alexia, he oído unos ruidos muy extraños. Ven, creo que hay fantasmas!!! –soltó a grito pelao.
Para evitar un asesinato (debíais haber visto la cara de los habitantes de la biblioteca) saque a Roni de la sala. Una vez en las escaleras comenzó de nuevo a contarme su rocambolesca historia.
- Estaba en la sala 5, no había nadie. Son pasillos super estrechos. Y un libro se me cayó en los pies. Luego comencé a oír unos murmullos extraños, hablaba un idioma raro. Y otro libro cayó. Y hubo una risita y pasos.
- Roni tranquilizate. Los fantasmas no existen. Seguro que había alguien más en la sala pero tu no lo has visto.
/En ese momento algo chocó contra mí y me desestabilizo, recule un poco, estaba en el borde del último escalón antes del rellano. Noté un fuerte dolor en el pie, me había doblado el tobillo y caía. Algo húmedo amortizó mi caída. Había aterrizado con el culete sobre uno de los maceteros que decoraban la biblioteca. Levante la vista. Alexis estaba frente a mí con cara de culpabilidad. Detrás Marco y Roni reían sin complejos. El tobillo me dolía mucho. Me levanté la pernera del pantalón. Las risas cesaron. ¡Tenía el pie como un botijo!
Lo ideal antes de un examen es pasarte la noche en el hospital. Todos los expertos lo recomiendan. Y si encima tienes toda la noche detrás de ti a un plasta pidiéndote perdón y a una amiga insistiéndote para que hables con el plasta para aclarar los sucesos paranormales que ocurrieron en una noche de borrachera, mucho mejor.
Lo único que me daba consuelo eran las pastillas contra el dolor que me había dado la enfermera, me daban un sueñecito. Las radiografías confirmaron que me había roto el tobillo. Me iban a escayolar e iba a tener mínimo dos meses de muletas. Genial. Y todo porque el “pillao” no sabía que las escaleras sirven para subir y bajar y que no hace falta lanzarse de arriba abajo cuál mona chita.
Menos mal que el hospital estaba al lado del aulario, porque sino no llegamos al examen. ¡Hay que ver lo mal que se me da a mí lo de las muletas! Así que Josué, Roni, Marco, Alexis y yo llegamos tarde al examen. Por supuesto solo quedaban plazas a primera fila. El profesor ya había comenzado su discurso, así que nos sentamos lo más rápido que pudimos. A un lado tenía a Roni, al otro al “pillao rompe-piés”. Verme allí sentada con el examen a punto de empezar me hizo recordar lo poco que había estudiado y que al final no habíamos encontrado el libro y no habíamos aclarado nuestras dudas. Realmente estaba muy nerviosa. Pero entonces sucedió algo increíble.

Me gire y vi al profesor en el aire haciendo una graciosa pirueta. Meneaba los brazos de forma frenética y sus pies se levantaban más y más. Las hojas de examen que llevaba en las manos cayeron al suelo adornando su baile. El ruido de su cuerpo chocando contra el suelo resonó en toda la clase. En ese momento me dio un pinchazo en el tobillo. Pie tienes razón- pensé- la situación no tiene gracia. Caerse no es gracioso y menos delante de 100 personas. Su móvil había salido despedido y había llegado a los pies de Alexis, que no se había dado cuenta, ya hacía bastante con intentar contenerse la risa. Es que no tenía corazón. Pobre hombre. Truntull, así se llamaba el profesor, intentaba levantarse pero no podía. Me recordó a cuanto Xuxa mi tortuguita se caía panza para arriba y tenía que ir yo a darle la vuelta.
Estaba claro que nadie iba a levantarse a ayudar a Truntull así que me levanté yo.
- Al menos cógele el móvil, ¿nó?- le casi grité a Alexis de mal humor.
Trate de ayudar a Truntull a levantarse y casi nos caemos los dos. Al final se acercó Alexis con el móvil y nos ayudo a los dos a estabilizarnos. El profesor nos miró y más rojo que un tomate salió del aula por piernas sin mediar palabra. Alexis me sujetaba del brazo para que no me cayera. La situación era incómoda. Me miraba riéndose entre dientes. No sé donde veía la gracia. Evitando mi mirada (me encanta poner mirada asesina cuando estoy enfadada) Alexis se fijó en el suelo. Seguí su mirada. Y entonces lo ví, el tacón del Truntull estaba allí
- ¿El tacón?- toda la mala leche que había en mi se borró de un plumazo.
Al parecer lo dije más alto de lo que quería y toda la clase comenzó a partirse la caja. Yo lloraba de la risa. Al fin y al cabo, la caída había sido graciosísima. Alexis, que aún me sujetaba por el brazo, también reía con ganas y me miraba entre extrañado y divertido. Al darme cuenta de que me estaba mirando, aparté la mirada. Seguía enfadada con él y mucho. Me ayudó a sentarme y no volvimos a hablarnos en todo el examen.
Vanessa, una de mis compañeras de piso, era, bueno y es, un poco suelta. Cada dos por tres nos pedía que le dejáramos la casa para ella y sus polvetes. Porque nunca ningún tío le había durado más de una noche, un fin de semana alargándolo mucho. Vanessa tiene un ritual de preparación para las citas muy peculiar. Es una fanática del Señor de los Anillos, nunca sale sin su broche de Galardiel (o algo de eso) así que se encierra en el cuarto de baño con la BSO de la peli a toda leche. Tras ducharse, depilarse (si toca) y ponerse sus cremitas pasa a la habitación donde se echa desnuda en la cama y con la puerta abierta. Apaga la luz y duerme una media hora. Y no trates de cerrarle la puerta que se cabrea. Dice no se qué de que a la naturaleza hay que dejarla fluir… Luego viene la elección de la ropa, los complementos, el maquillaje… No entiendo como puede ser tan indecisa arreglándose, tendríais que verla como le entra a los tíos. ¡Es una fiera! Todavía no conozco a ninguno que le haya dicho que no. ¡Es que son todos iguales! Y no es envidia, a mí no me gustaría algo así, busco algo más, aunque en las épocas de sequía…
Bueno, que me desvio del tema. El caso es que ese día no me apetecía salir, así que decidí alquilarme una peli y quedarme en casa. En cuanto viniese Vanessa con su acompañante me metería en mi cuarto, me pondría unos tapones en los oídos y a dormir. Y así lo hice. Oí la puerta del ascensor, apagué la tele (en lo mejor de la peli todo hay que decirlo: esta chica cada vez “cena” más rápido) y me escondí en mi habitación.
Con las prisas no cogí los tapones del cuarto de baño y allí estaba yo pared con pared con una pareja en celo. En cierta manera, y aunque no me guste reconocerlo, era emocionante. A oscuras me metí en la cama intentando no hacer ruido. En vano traté de pensar en otras cosas, a ver si cogía el sueño. Pero los sonidos de la habitación de al lado me atraían irremediablemente. “!Qué coño pensé! ¡Si total mañana me lo va a contar todo!”. Y entonces me concentré en tratar de oír lo que sucedía. Se oía el típico ruido de besos, alguna palabra (más bien pocas) y de momento unos pasos… “Espera -, sonó la voz de Vanessa - mejor utilizamos los míos” Tras un rato de cuchicheos que no logré descifrar, la puerta de la habitación se abrió y unos pasos resonaron en el pasillo. ¡Joder, la Vane me había contado que había comprado unos condones muy especiales y que pensaba probarlos esa noche! Conociéndola no sabía que pensar, si ¡pobre chico! o ¡cuando se lo cuente a sus amigos va a quedar como un campeón! Seguramente esto último es lo que estaría pensando en él. Pero de repente, un grito agudo rompió el silencio de la casa. ¡El ligue de la Vane grita como una nenaza! ¡Ya verás mañana cuando me comente la jugada! Los pasos volvieron a sonar en el pasillo, al parecer el chico aguantó la compostura. Vane soltó una alegre risotada al ver aparecer a su partenaire y rápidamente debió abalanzarse sobre él, empezaban a sornar los primeros compases de muelles…. cuando la oí por primera vez, era la risa más, más, más….NO SE COMO DEFINIRLA. Ni la de Roni ni la de Lermo Pezol la superarían en la vida. ¡Menudo friki!
El ritmo de los muelles iba increschendo, los grititos de Vane también, cuando se oyó un golpe sordo, un nuevo grito y, ¡o no!, la risa de nuevo. ¡Cómo no deje de reírse así no voy a poder contenerme y me van a pillar! Por fortuna, a parte de los ruiditos propios de una noche de pasión (por decirlo finamente) no hubo ninguna sorpresa más.
Lo siguiente que recuerdo es que Vanessa entró en mi habitación la mañana siguiente, el chico ya se había ido, y necesitaba comentar, comentar, comentar. Ese es el deporte favorito de la Vane. Lo bueno de tener una compañera de piso tan promiscua (vuelvo a tratar de ser fina) es el comentario del día después. Esta vez pensaba reirme de lo lindo, pero Vane me sorprendió diciéndome lo dulce y detallista que había sido el chico, que había accedido a todo lo que ella quería y… bueno que aunque fue más bien rápido en los preliminares había dado la talla. Y que además era muy divertido, un poco torpe también, pero que tenía una risa que la ponía a mil. ¡Queeeeeeeeeee! ¿Esa risa erótica?, pero sí… Evidentemente tuve que contenerme y asentir dócilmente a todo lo que me contaba Vanessa, incluyendo el episodio de la risa.
Aquel día estaba sobre-excitada. En mi cabeza se arremolinaban un montón de pensamientos, de ilusiones y de temores. No era lo mismo dejar Selun para venir a la capi (al fin y al cabo en tren había solo una hora) que pillar un avión a Lyon y no volver a casa en nueve meses, aunque lo que más me preocupaba era mi elevadísimo conocimiento del francés. ¡Era una locura!. Otra cosa que me inquietaba era el dinero, ¡¿de verdad alguien cree que puedes vivir con 90 euros al mes?! Yo creo que los del ministerio iban borrachos el día que establecieron la dotación de las Becas Erasmus. Pero por otro lado, tenía tantas ganas de vivir esta nueva experiencia, ¡un año fuera! Iba a conocer mucha gente de otras culturas, iba a viajar, a conocer otro sistema de enseñanza superior, iba a aprender a valerme por mi misma y a madurar. Todo esto me había tocado repetirle a mi madre para que se quedara tranquila y me dejara marchar. Y era verdad, pero también estaba la parte “jashonda”, también iba a conocer la vida “orgasmus””, es decir, una vida de fiesta, locura y despreocupación. Total, allí no me iba conoce nadie. O al menos al principio. 
Espera, ¿que acabo de escribi? “Total, si aquí no me conoce nadie”, es la frase que siempre dice Alexxis antes de hacer alguna de sus “gracias”, como el día que bajo la rampa del Aulario haciendo la croqueta e intentó hacer creer a todo el mundo que yo le había empujado. Bueno, la verdad es que tuvo su gracia, se levantó gritando que si estaba loca, que lo había hecho a propósito, que me imaginase si en ese momento pasaba por allí Anne Rose Prof y la tiraba también y la pobre se despeinaba. Ojalá pudieseis ver la cara que puso cuando se dio cuenta que Anne Rose estaba justo detrás de él. Meter la gamba con los profesores era otra de las especialidades de Alexxis. Pero, un momento, una de las experiencias más emocionantes de mi vida iba a dar comienzo y no dejaba de pensar en él. ¿Por qué no me podía sacar de la cabeza a ese niñato? Ahí me di cuenta de lo que le iba a echar de menos. Pero, la historia no acaba aquí. Alexxis siempre sorprende.
Estaba con Vanessa y Olga, mis compis de piso, que me habían acompañado al aeropuerto. Mi avión iba a salir ya, así que estaba dándole un abrazo de despedida a Vane, cuando aparecieron mis compañeros de clase, entre ellos Alexxis. ¡Vaya, detalle! Roni, Pepo, Marco, Sonja, Xavier…. habían venido a despedirse. Me fije en Alexxis, quería conseguir su promesa de que escribiría, pero éste se había quedado blanco. Nos miraba a Vane y a mi, que estábamos cogidas de la mano, como si hubiese visto una aparición. Entonces se rió. Pero no como lo hace normalmente. ¡No me lo podía creer! Esa risa, la risa de…, ERA ALEXXIS QUIEN HABÍA ESTRENADO LOS CONDONES CON ANILLO VIBRADOR DE VANE !!! Mi amiga por supuesto no perdió cancha, se acercó, le plantó dos besos, y le invitó a casa. “Tenemos que celebrar la beca de Alexxia”, le dijo, la muy….
Y Alexxis, ¿qué hizo? Pues reírse como un lerdo, luego me miró de reojo (no sé porqué, no soy su madre, no tengo que darle permiso) y, como no, aceptó la invitación de la implacable Vanessa. En ese momento sentí rabia, no quería que Alexxis y Vane estuviesen juntos, ¿pero por qué? Roni, Marco, Sonja, Pepo se acercaron a mí para abrazarme y desearme suerte. Olga me recordó que mi avión estaba apunto de salir. Así que me despedí de todos, bueno, de todos menos del crío de Alexxis, a quién no concedí ni una mirada, y me marché. Una nueva vida me esperaba.
Mi primer día de prácticas. Como todos los profesores repiten hasta la saciedad las prácticas son una de las cosas más importantes de la carrera, son un puente entre la universidad y el mundo laboral y nos hacen conocer nuestra futura profesión a fondo, además de ayudarnos a crecer como personas. Y yo me pregunto: ¡¿Qué coño quieren que aprenda de mi futuro profesional, como COMUNICADORA AUDIOVISUAL o como se llame lo que sea cuando acabe la licenciatura, en un ARCHIVO HISTÓRICO?! ¡¿Cómo pretenden que crezca como persona si no voy a poder ni dormir?! Prácticas 6 horas al día, ir a clase y luego buscate un curro porque por supuesto en las prácticas NO VAS A VER NI UN DURO, tienes que pagar el piso y a tus padres no les puedes pedir nada porque les has arruinado con tu año Erasmus.
Tal era mi estado de ánimo de camino a las prácticas, además el dichoso archivo estaba en el quinto pino a la izquierda y sigues la avenida todo recto, en el semáforo a la derecha, cruzas el puente…, es decir, A TOMAR POL (piiiiiiiiii). Pero quizá es necesario que rebobine un poco. Este verano lo he pasado en Lyon. Algunos compañeros del Erasmus y yo decidimos quedarnos y apurar nuestro días “orgasmus”. El caso es que conocí a un tipo alucinante con el que recorrí Francia-Holanda-Bélgica y Luxemburgo en tren, con ese maravilloso invento que es el Interrail. Y acabo de regresar. Por cierto lo de este chico fue una locura, increíble pero acabada. Lo único malo es que claro no estaba en Valencia el día de la subasta de prácticas, avisé a la coordinadora Erasmus por email y también al responsable de prácticas, me dijeron que no me preocupara que no me quedaría sin nada. Vale, no me he quedado sin nada, pero UN ARCHIVOOO!!!
Le Tras más de media hora andando llegué al Archivo. Al menos el edificio era bonito y la secretaria que me atendió parecía maja. Me dijo que mi nuevo jefe me esperaba en su despacho y que mi compañero de prácticas estaba ya con él. ¡Un compañero! Había otro pringado al que se la habían metido doblada. Estaba ansiosa por conocer al cateto de mi compañero, o igual era un friki apasionado del orden y los papeles viejos. Así que me arreglé el pelo, tomé aire y llamé a la puerta. Oí unos pasos, la manecilla de la puerta giró y apareció mi nuevo compañero. Nos miramos largo rato. Él se puso rojo como el tomate, yo blanca como la cera. Caer a una piscina helada no me hubiese causado tanta impresión. No me lo podía creer, era ALEXXIS. Sabía que alguna vez tendría que volver a verle, pero de eso a compartir mis 6 horas de prácticas diarias con él. Desde aquel día en el aeropuerto no habíamos vuelto a hablar, sin embargo todo el mundo se empeñaba en contarme cosas sobre él en sus cartas y emilios. ¿Por qué me iba a importar lo que hiciese ese niñato? Aunque la verdad es que se había puesto fuerte y estaba muy moreno.
-Pero bueno chicos que os pasa, sentaros, os miráis como si anoche os hubieseis acostado juntos sin saber que ibais a ser compañeros de trabajo- dijo mi jefe soltando una sonora risotada. . “Lo que me faltaba, encima el jefe es un graciosillo. NO, por Dios, Alexxis no te rías, contrólate, pero por qué me preocupo por él si con quien se acostó fue con mi amiga”.
-Usted debe de ser Alexxia Danera. Bienvenida- continuó mi nuevo jefe.
-Ah! Sí, hola. Encantada.
- Le presento a Alexxis (tu apellido). Pero no se queden parados, pónganse cómodos “que si nos hemos acostado, que nos pongamos cómodos pero donde estoy en la casa de tu vida”.
Y esto no es todo atención al discursito que nos soltó nuestro nuevo jefe, bueno a lo que yo llegué a entender:
Aquí trabajamos muy estrechamente. “Si desde luego, las dimensiones del despacho no dejan lugar a dudas” Aquí vais a trabajar mucho, queremos informatizarnos y veis todos esos tomos, “la verdad es que si te tiene un buen torso”Y después viene la parte más divertida, haréis unas diapositivas de esas para presentaciones, “aún recuerdo nuestra presentación: la casa de Aurelio, y ¿por qué se miraría aquel día la bragueta?” Empezaremos todos los días a las 9 de la mañana. Sé que sois jóvenes pero lo mejor para que el trabajo funcione es el trabajar en equipo, “sí, hombre, sí, si quiere nos pegamos con loctite”. Si queréis un consejo lo mejor para que una relación funcione es cuidar la comunicación y reírse “no por favor, que no se ría y ¿comunicación? De verdad cree que se puede hablar con él?”.Venga empezemos: con un choque de manos bastara para romper el hielo. “¿No puedo romperle otra cosa?”
Nada me apetecía menos que chocar la mano a Alexxis, pero algo inesperado sucedió cuando nuestros dedos se rozaron: un CALAMBRE con mayúsculas. ¿Por qué se empeñará el destino en juntarnos?