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Total... aquí no nos conoce nadie...
Bolqueo Central

NUEVA ENTRADA: ¿Practicas conmigo? ¡Ha vueeeeeltooooo!

A ver a los apaneros!!!

Kusooo!!!

Esto me suena...

¿Una partidita?
Sindicación
 
¿He cerrado la puerta?

Primera cena:

Los pequeños ruiseñores



Sin duda alguna, lo mejor para unir al personal es una primera cena de clase, aderezada con alcohol, por supuesto. La cita: 21’30 en la puerta del Aulario, excasa Aurelio. Por supuesto llegué tarde, como siempre nos pasa a los que vivimos allá donde Cristo perdió la peineta. Nadie en la puerta de Aurelio, pero no hizo falta, pues tuve un buen guía. Cruzando la calle, un grupo de gente vociferaba y destruía un himno al alcohol. Allí estaba el Sento, una especie de cueva habitada por un par de camareras-cocineras que despachaban a dos retafilas de mesas rectangulares puestas en la acera.

¿Te suena la Ventana Indiscreta? ¡Pues al lío!


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Me acerqué todo feliz, apunto de unirme a los vítores, cuando me percaté de que los rebuznos no provenían de la mesa en la que estaban mis compañeros, sino de la mesa de al lado, en la que se agrupaban una especie de convención de pordioseros con una pinta de yonkis que pa qué. Con los gritos tardé en apreciar la curiosa disposición de nuestra mesa: chicos a un extremo, chicas al otro. Daban ganas de cantar “Los chicos con las chicas deben estaaar”. Los chicos partiéndose el hojal, las chicas cuchicheando entre ellas.
Tomé asiento al lado de Pepo.

- ¿Qué me he perdido? – le pregunté.
- Nada. - Señalando a la mesa de los chungos -.Al final van a llover hondonadas de hostias –dijo con una risa malévola.

Enfrente mía, Josué, que soltó una generosa carcajada. A su lado, Xavier, sin quitar ojo a la “mesa Eurovisión”, llorando de la risa y volviéndose de cuando en cuando a soltar algún que otro comentario. Ocupamos parte de la noche en rajar de los pequeños ruiseñores y, por supuesto, a beber. Con el contentillo, las conversaciones múltiples estilo party line aumentaban, así como las idas y venidas de extremo a extremo de la mesa para poder entender algo, pues los cantores subían más y más el volumen. Con tanto movimiento, era difícil no apreciar a las dos única personas que permanecían en sus asientos: Sonja, con cabeza gacha y mirada fija en el infinito, la exdiosa, hablando con ella. A Sonja, con cara de haberle sentado mal la cena, le empezaba a asomar una especie de vena en la sien. Fue mientras contemplaba aquella especie de protuberancia cuando mi vejiga me dio un toquecito. Tocaba descargar. Me dirigí al zulo-despensa que se hacía pasar por cuarto de baño y nada más llegar oí un grito estridente que cortó en seco los vítores de los chungos. Pensé en salir corriendo a ver qué pasaba, pero “¡Ey, soy tu vejiga! ¡No puedo más!”.

¡¡¡Pero mírame a LOS OJOOOS!!!En plena descarga, oí unas voces femeninas que se aproximaban.

- Tranquilízate. Seguro que han tomado sustancias psicotrópicas. Ay, no puedo más. Mira, me meto aquí, que el “uve ce” de las chicas está ocupado.

<<¿”Sustancias psicotrópicas”? Pues por los documentales de La 2, que sino no hubiera recordado que así se llamaban también las drogas… ¿“Uve ce”? ¿Quién coño llama así al bater? Ehm, Alexis, ¿has cerrado la puer…?>> Pues no. Allí hizo su entrada triunfal la exdiosa, quien dirigió inmediatamente su mirada al descargador. Éste cortó el suministro en seco, y el agua que no pudo salir por él empezó a asomar por mi frente. La exdiosa, con ojos como lunas, sacudió la cabeza como quien despierta de un sueño, me miró a los ojos (por fin) y pasó de blanca copito a roja tomate en una décima de segundo. Finalmente reaccionó saliendo por pies y dejando la puerta de par en par. ¡Madrileña!

No