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Total... aquí no nos conoce nadie...
Bolqueo Central

NUEVA ENTRADA: ¿Practicas conmigo? ¡Ha vueeeeeltooooo!

A ver a los apaneros!!!

Kusooo!!!

Esto me suena...

¿Una partidita?
Sindicación
 
Ei, que yo ni foca...

La biblioteca: sucesos para(a)

normales



Eisenhower, Kennnedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush, Clinton, Bush... ¿Y porqué coño se repite un presidente? Eisenhower, Kennnedy, Nosequién, Nixon, Ford, Ferrari, Testarrosa,… Nada, que no podía. En señal de vencimiento, dejé caer mi cabeza sobre la mesa, pero con tal brusquedad que me di un buen “rijostio” en la frente. Los de las mesas de alrededor se giraron en señal de odio.

- La has cagado, les has despertado de su letargo –susurró Marco sonriente.

La biblioteca estaba más silenciosa que nunca, y era extraño, pues también estaba más petada que nunca. La invitación para pasar la noche estudiando me atrajo en un principio, pues creí que no todo iba a ser estudiar. No obstante, aquello parecía una sala de hibernación, donde los durmientes despertaban y te apuñalaban con sus miradas al mínimo ruido que excediera de un susurro. Solo los esporádicos comentarios de Marco, sentado a mi lado, y Josué, en frente, ahuyentaban momentáneamente el aburrimiento. Faltaban Roni y la exdiosa, que habían desaparecido hacía una hora. Seguro habían sido volatilizadas por una de las miradas de los zombis que petaban el recinto. Esta imagen me divirtió un instante, pero enseguida fue sustituida por la del colgante de diamante en forma de hoja. De todas las explicaciones y comentarios varios que recibí de mis compañeros sobre el episodio de los orcos, ninguno se refería a la elfa. Lógico, ésta llegó una vez salí del pub. La única referencia que tenía era el colgante, puesto justo encima del pecho. Hacia semanas que miraba a las chicas en esa parte, lo cual me provocó alguna que otra reprimenda. ¿Tan mal iba aquella noche para no reconocerla? La respuesta, muy a mi pesar, era sí.

toñaaazoooo...Volví a fijar mi mirada en los apuntes, hechos a ordenador y muy maqueados, firma personal de Josué. Su apellido, Benedicto, le iba que ni pintado, pues “benedictos” sean los altruistas que se curran unos peazo apuntes y los ceden a los amigos. Desde Benedicto, la mayoría guiábamos nuestros estudios mediante una referencia universal: “página tal de los apuntes de Josué”. Eisenhower, Kennnedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush, Clinton, Bush... todos en fila y numeraditos, pero aún así no entraban. Resoplido de desesperación.

- Si no te entra, ¿porque no “probes” un truco que hago yo? –propuso Josué-. Pilla la primera sílaba de “cada ú” y memoriza la tira, es “més fácil”.

El resultado: “ei, que, yo, ni fo, ca, rre, bush, cli, bush”.

- ¿“Ei, que yo ni foca”? ¡Mejor “ei, que yo ni zorra”! –solté pensando en voz alta.

Nos estábamos riendo de la parida cuando llegaron Roni y la exdiosa, ésta con cara de malhumorada. Era extraño. Desde hacía unos días, la exdiosa me miraba de forma rara. Incluso algunas veces abría la boca para hablar pero no soltaba palabra. Esa mirada entre pícara y divertida incluso asomaba en aquel estado de cabreo.

- ¡Qué fuerte! Nos han dado una referencia para un libro ¡y estamos una hora intentando encontrarlo! –dijo Roni para luego reírse sin contenciones, soltando su particulares carcajadas.

De nuevo miradas de odio de los muertos vivientes. Era cierto. En aquella biblioteca pedías un libro y te daban un número de referencia. A partir de ahí averíguate la vida, pues las referencias estaban hechas con tan mala leche que podían indicar varias salas, incluso plantas. Decidimos separarnos en busca del libro en cuestión, Roni y la exdiosa por un lado, Marco y yo por otro. Benedicto iría a recepción a preguntar por el mismo libro, por si le daban una referencia distinta.

Marco y yo llegamos a una sala de la segunda planta. Ni un alma. Los únicos habitantes de allí eran los libros que se apiñaban en las altísimas estanterías. Ante tal laberinto de pasillos, decidimos ir cada uno por un lado. Empecé a buscar. “Ei, que, yo, ni, fo, ca, rre, bush, cli, bush”; “ei, que, yo, ni, ca, rre, bush, cli, bush” ¡Oye, pues funcionaba!

- Shhhhhhhhhh… ¡Agáchate!

metal jaaaaaaarl!!!Marco me sorprendió, a mi lado, agazapado cual tigre esperando a su presa. Tiró de mí hasta que consiguió ponerme de rodillas. Se puso el dedo índice en los labios, en señal de silencio, y luego señaló hacia la estantería. No se refería a ningún libro, sino a lo que se podía ver a través de la estantería. En el pasillo paralelo estaba Roni, paralizada, con cara de susto. Miraba fija a algo que supuestamente estaba en el suelo, cerca de ella. No nos había visto. Marcos, sonriente, se incorporó sin hacer ruido y metió cuidadosamente su brazo en la estantería hasta lograr empujar un libro del otro lado. Ante el silencio reinante en la sala, el sonido del libro contra el suelo se amplificó sobremanera. Roni salió despavorida de la habitación, soltando un gritito.

- ¡Menudo cabrón! ¡Que susto le has dado! –le solté a Marco entre risas, mientras salíamos de la sala.
- Ya me veo su historia en el Punt de Mira... –bromeó Marco-. [Poniendo voz de presentador] Avui amb nosaltres una història esgarrifant. Una xica mantingué contacte amb un fantasma de biblioteca…

Llorando de la risa llegamos a la escalera y Marco, contagiado de emoción, decidió bajarla deslizándose por el pasamanos.

- ¡Estas como una jodida cabra! –bromeé mientras bajaba como las personas normales para reunirme con él en el descansillo.
- Cierto, pero no sabes lo que mola. ¡Prueba, no te cortes! –dijo señalando al pasamanos.

Como no quería romper el clima de cachondeo que por fin había adquirido la noche, decidí montarme al pasamanos y dejarme caer.






- ¿Pero que haceees? –gritó una voz anónima.

Acto seguido topete con algo y llegué al rellano de la primera planta. Me giré, y encontré a la exdiosa en la posición más ridícula en que la vería jamás: sentada en un macetero. En mi interior me moría de la risa, pero la culpabilidad impidió soltar carcajada alguna. Pero el descojone se hizo inevitable cuando Roni ayudó a la exdiosa a incorporarse y apreciamos que ésta tenía todo el trasero manchado de tierra mojada. Todos menos ella reímos. Marco incluso casi cae por las escaleras al intentar bajarlas en semejante estado de desternillamiento. No obstante, enmudecimos cuando la exdiosa se arrodilló y se levantó la pernera derecha del pantalón. Era el tobillo más hinchado que había visto en mi vida.


No