Blogs.ya.com Quitar publicidad
Al fondo hay sitio
(El último, que cierre)
Sindicación
 
28 de septiembre
HOY CUMPLO AÑOS.
 
Verdad rotunda
Tras un paréntesis que se repite cada año en el período comprendido entre el tercer sábado y el cuarto domingo de septiembre, la tostada vuelve a caer por el lado de la mantequilla.
 
Algo está pasando.
No sé si culpar a la situación astral del momento, al máximo histórico del euro frente al dólar, a la vuelta al cole o al vecino de la esquina, pero algo parece estar cambiando.
Mi amiga la pija de Cullera (alias Antoñita la Fantástica) gracias a Dios (más bien a una opción de polla) vuelve -menos mal- a reir a carcajadas tras dos meses de caos emocional. Y cuenta, a sus cuarentaymuypocos, batallas dignas de niñas de 15, con calentones sin consumación y pilladas in fraganti. Gusta verla así, ocupada más que preocupada.
A la vez, la Miniyo que cada día me sorprende más con un parecido casi patológico a la que soy o a la que fui, -eso sí, ella es muuuuuuuuuucho más segura y muuuuuuuuuuuuchísimo más sincera-, a sus recién cumplidos quince me sorprende rompiendo una relación cuasiperfecta de casi dos años. Y me sorprende porque utiliza argumentos que más me gustaría ser capaz de utilizar yo; me habla de libertad personal, de espacio propio, de anhelos personales y de opciones propias, de balanzas en las que, pese al gran amor, la sintonía y las ganas, en este momento pesan más las necesidades de llegar a ser la que soñó, o al menos de intentarlo.
Me quito el sombrero ante Miniyo, que es capaz de sentir, razonar, elegir, sufrir intensamente por un sueño y renunciar a algo muy grande en pos de unos proyectos personales a los que yo, se supone que más adulta por mis 18 años de más sobre ella, a buen seguro claudicaría (reprochando, eso sí) con un poso de amargura.
Me quito el sombrero ante Antoñita, que ha decidido jugar al juego sin aristas de una aventura, logrando con ello efectos mucho más beneficiosos que con dosis de caballo de orfidal y lexatin.
Algo está cambiando en los extremos de mi entorno: las de quince se comportan con una madurez que se supone a los cuarenta, y las de cuarenta, hartas de cargar con el sambenito obligado de la claridad de ideas, se zambullen en bonitas historias sin sentido y con sentimiento.
Creo que me gusta el cambio, a mí, que por edad estoy en medio de las dos y quizá gracias a eso me mantengo estable -¡y que dure!-.