Algo está pasando.
No sé si culpar a la situación astral del momento, al máximo histórico del euro frente al dólar, a la vuelta al cole o al vecino de la esquina, pero algo parece estar cambiando.
Mi amiga la pija de Cullera (alias Antoñita la Fantástica) gracias a Dios (más bien a una opción de polla) vuelve -menos mal- a reir a carcajadas tras dos meses de caos emocional. Y cuenta, a sus cuarentaymuypocos, batallas dignas de niñas de 15, con calentones sin consumación y pilladas in fraganti. Gusta verla así, ocupada más que preocupada.
A la vez, la Miniyo que cada día me sorprende más con un parecido casi patológico a la que soy o a la que fui, -eso sí, ella es muuuuuuuuuucho más segura y muuuuuuuuuuuuchísimo más sincera-, a sus recién cumplidos quince me sorprende rompiendo una relación cuasiperfecta de casi dos años. Y me sorprende porque utiliza argumentos que más me gustaría ser capaz de utilizar yo; me habla de libertad personal, de espacio propio, de anhelos personales y de opciones propias, de balanzas en las que, pese al gran amor, la sintonía y las ganas, en este momento pesan más las necesidades de llegar a ser la que soñó, o al menos de intentarlo.
Me quito el sombrero ante Miniyo, que es capaz de sentir, razonar, elegir, sufrir intensamente por un sueño y renunciar a algo muy grande en pos de unos proyectos personales a los que yo, se supone que más adulta por mis 18 años de más sobre ella, a buen seguro claudicaría (reprochando, eso sí) con un poso de amargura.
Me quito el sombrero ante Antoñita, que ha decidido jugar al juego sin aristas de una aventura, logrando con ello efectos mucho más beneficiosos que con dosis de caballo de orfidal y lexatin.
Algo está cambiando en los extremos de mi entorno: las de quince se comportan con una madurez que se supone a los cuarenta, y las de cuarenta, hartas de cargar con el sambenito obligado de la claridad de ideas, se zambullen en bonitas historias sin sentido y con sentimiento.
Creo que me gusta el cambio, a mí, que por edad estoy en medio de las dos y quizá gracias a eso me mantengo estable -¡y que dure!-.
Mi amiga la pija de Cullera (alias Antoñita la Fantástica) gracias a Dios (más bien a una opción de polla) vuelve -menos mal- a reir a carcajadas tras dos meses de caos emocional. Y cuenta, a sus cuarentaymuypocos, batallas dignas de niñas de 15, con calentones sin consumación y pilladas in fraganti. Gusta verla así, ocupada más que preocupada.
A la vez, la Miniyo que cada día me sorprende más con un parecido casi patológico a la que soy o a la que fui, -eso sí, ella es muuuuuuuuuucho más segura y muuuuuuuuuuuuchísimo más sincera-, a sus recién cumplidos quince me sorprende rompiendo una relación cuasiperfecta de casi dos años. Y me sorprende porque utiliza argumentos que más me gustaría ser capaz de utilizar yo; me habla de libertad personal, de espacio propio, de anhelos personales y de opciones propias, de balanzas en las que, pese al gran amor, la sintonía y las ganas, en este momento pesan más las necesidades de llegar a ser la que soñó, o al menos de intentarlo.
Me quito el sombrero ante Miniyo, que es capaz de sentir, razonar, elegir, sufrir intensamente por un sueño y renunciar a algo muy grande en pos de unos proyectos personales a los que yo, se supone que más adulta por mis 18 años de más sobre ella, a buen seguro claudicaría (reprochando, eso sí) con un poso de amargura.
Me quito el sombrero ante Antoñita, que ha decidido jugar al juego sin aristas de una aventura, logrando con ello efectos mucho más beneficiosos que con dosis de caballo de orfidal y lexatin.
Algo está cambiando en los extremos de mi entorno: las de quince se comportan con una madurez que se supone a los cuarenta, y las de cuarenta, hartas de cargar con el sambenito obligado de la claridad de ideas, se zambullen en bonitas historias sin sentido y con sentimiento.
Creo que me gusta el cambio, a mí, que por edad estoy en medio de las dos y quizá gracias a eso me mantengo estable -¡y que dure!-.
Comentario:
a ver, curiosa mía, que la duda no era esa, sino a qué te referías con dejarse llevar en el caso específico que nos ocupaba, el de nuestra común amiga la pija de cullera.
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Comentario:
Claro si es que no me leís na de na. Que la vidaaaaaa a los veinteeeeee es como una cajita (y no de bombones) envuelta en lazo azul. Tienes ahí todas las sorpresitas pendientes de descubrir. A los 30 desatas el lazocolorao o de otro color. A partir de los 40 (digamos) la cajitaloswebs ya está abierta. Que está tol pescao vendio...¿si?. Entoooooooooonces ya, visto lo visto la señora en cuestión dice (o parecido): joder joder me queda poco tiempo...y se tira a la piscina...o no...Entooooonces se dejas llevar o no...por las sorpresas que faltan por descubrir.¿era tan dificil?
Comentario:
Nitro, un placer que sigas por ahí... nos vemos en la segunda estrella a la derecha.
Curiosa, no sé si es por el sueño, la semiresaca o la afonía, pero me pierdo entre el lazo rojo y el dejarse llevar... será que siempre busco truculencias ocultas.
Curiosa, no sé si es por el sueño, la semiresaca o la afonía, pero me pierdo entre el lazo rojo y el dejarse llevar... será que siempre busco truculencias ocultas.
Comentario:
No no no noooo, no...que no...que es normal perder la cabeza a partir de los 40 cuando (utilizando un símil de la Grandes) la caja de sopresas de tu vida ya está abierta y el lazo rojo que la envolvía ya no existe...Otra cosa bien distinta es dejarte llevar...
Salud y Curiosidad
Salud y Curiosidad
Comentario:
Los de cuarenta parecen de quince y los de 15 de 40. por eso yo me quede en la media... en los veintialgo jajaja. Me he negado a crecer como Peter Pan.
salud
salud
Comentario:
Tienes razón, Mónica... je, y quizá por eso me guste...
Comentario:
Si es que a veces no importa la experiencia...se intercambian los papeles...se nos escapa de las manos...
Un beso Pepi
Un beso Pepi





