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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Enfermos y "enfermos"
Lunes por la tarde. Sala de Espera de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid.) Espero en la fila trasera a que me digan el estado de mi novio (de nuevo con cólico nefrítico.) Este es el panorama:

Frente a mí hay una familia de 8 miembros cuyas edades varían desde los 12 años hasta los cuarentaitantos. Me parece entender que están esperando a la abuela, que tiene una úlcera en el estómago o algo así. Su espera parece más la cena de Nochebuena de una familia bien avenida. A la pregunta de si sigue con la novia, el muchacho de 17 años responde:
- Yo ahora soy como la abeja maya, voy de flor en flor.
Le siguen risas estruendosas.
- Callaos - dice la madre - la próxima vez os quedáis en casa.
¿Es que hacen vida en Urgencias?
- Me salís más caros... -repite.
Y entonces me fijo en que están devorando sandwiches y bebiendo Coca - Cola. Todo esto a voces. Como un cumpleaños de niños pequeños.

Hay unas veinte personas esperando allí. Los miro a ver si están tan molestos como yo. Unos dormitan. Otros juegan con un bebé. Alguna se está tocando los pies. Los más miran hacia la nada, esperando.

Un hombre, de unos cincuenta años, lleva moviéndose todo el rato de un asiento a otro hasta quedar frente a mí, pero unos asientos más hacia la izquierda. He notado que se está moviendo frenéticamente. Cuando lo miro, veo que se está masturbando. Con gesto de repugnancia me dirijo a una enfermera para que avise a seguridad. Cuando vuelvo, veo que el hombre ha recogido sus cosas y sale silbando a la calle, disimulando. Aviso de que ya se ha ido.

Atónita por la enfermedad mental de la gente, contemplo ahora cómo la familia que estoy observando vuelve a sacar comida de las máquinas, riñen por ir al baño y, finalmente, los llaman y dos familiares pasan a ver a la enferma. Se quedan los más pequeños, que discuten la alineación perfecta del fútbol. Es una niña, un niño y el chaval de 17 años. El niño riñe con la niña porque ha confundido a un lateral izquierdo con un lateral derecho.

Poco después, cuando vuelven las madres, que riñen de vez en cuando a sus hijos, sin mucha convicción, sólo por responder a las miradas que les estamos echando, los pequeños comparten tonos de móvil, se ríen por lo bajo en voz alta.

Gracias a Dios, a las tres horas de haber ingresado, mi novio recibe el alta y nos vamos a casa. Aún estoy pensando en qué demonios pasa por la cabeza de la gente. En primer lugar, ¿qué hace un hombre masturbándose en una sala de urgencias? Para hacerlo en público hay que estar loco, pero encima en urgencias la actividad adquiere cierto tinte macabro. Para continuar ¿qué educación tiene una familia que arma semejante escándalo en un lugar donde todo el mundo tiene los nervios de punta, a no ser que ya se esté agotado?

Yo me pregunto... ¿quiénes están más enfermos: los que están dentro o los que estamos esperando?

 
Esto es hacerse mayor... y no las arrugas
En los próximos días me embarcaré en una nueva aventura y, como todas ellas, empieza con el clásico nerviosismo. Voy a contratar Internet y teléfono con Telefónica.

Son las dudas de una nueva relación, como la adolescente en la primera cita. ¿Darán un buen servicio? ¿Me cobrarán aún más que lo acordado? ¿Podré abandonarlos cuando quiera o me perseguirán hasta el Infierno, como Auna? Y, la pregunta del millón... ¿me arrepentiré?

Espero contaros, en el futuro, que mi relación ha progresado y que, por fin, he encontrado a alguien hecho a mi medida. A la hora de la elección, casi no nos hemos fijado en precios: ¿qué más da dos euros más que menos, más velocidad o menos, si todo es volátil y fugaz, como el viento, más promesas incumplidas, entre tantas...? Nos aventuramosen esta ocasión con más miedo que la primera vez, porque ya no somos vírgenes, porque estoy acostumbrada a recibir cartas "amenazantes" de una compañía dolida porque la he dejado.

En fin, dejo vía libre para que critiquéis mi decisión cuanto queráis... pero si a alguien le ha ido bien con Telefónica, ¡por favor, dilo!, me quitarás un gran peso de encima.

Contratar esta clase de servicios es la parte más dura de hacerse mayor.
 
¿Justicia?
Esta es una historia real; por razones obvias, se omite el nombre de los protagonistas.

Por un lado tenemos al hombre 1; de unos treinta años, tiene una empresa de reformas y vive con su novia. Alguna vez la Guardia Civil le ha pillado fumando porros y le tienen entre ceja y ceja. Por otro, tenemos al hombre 2: hasta hace poco vivía con su hijo y su novia. Ahora, se ha desentendido de ambas. Las novias son hermanas, luego hombre 1 y hombre 2 son concuñados. El año pasado descubrieron, en el jardín de la casa de hombre 2, 30 plantas de marihuana. Cultivaba, secaba y vendía. Hombre 2 inculpó al hombre 1, para el que trabajaba y el cual no tenía nada que ver. La familia desconocía la existencia de la plantación.

Ese día, hombre 2 se encontraba durmiendo con su novia en la casa de ésta. En el juicio, los argumentos de la familia no valen, aunque sean su coartada, porque "son familiares". Así, existe la palabra del hombre 1 contra la del 2.

A esto añadamos el hecho de que, en España, el consumo individual de drogas no está penado, aunque sí el tráfico con ellas.

Esta semana se ha celebrado el juicio. Los dos han sido condenados a un año de cárcel y 4000 euros de multa. ¿Es justo que el inocente cumpla la misma pena que el culpable? ¿Es eso Justicia?

Para mi amiga... ¡Ánimo!
 
¿Qué es la presentación de un libro?
La presentación de un/unos libro/s se podría resumir como una convención de frikis al más puro estilo de los informáticos, solo que en literatura.

Normalmente, el que abre el acto es el Editor/a, que pronuncia unas palabras sobre su labor al frente de los sueños de gloria de los escritores noveles. Cada autor que acude a presentar su libro debe tener un padrino, a no ser que sea prestigiosamente reconocido. Este padrino es una figura de muy diversa naturaleza: puede ser marido/esposa del autor, alguien que forme parte de la editorial, un conocido del mundillo literario, etc. Lo importante es, ante todo, que alabe la obra de la que se habla (para eso está allí.) Los que se vanaglorian de saber expresarse en público y pretenden desbancar la idea de escritor como ser solitario y atormentado, suelen leer un discurso, muy preparado pero salpicado de expresiones coloquiales y muletillas, para darle más frescura. Los que no son tan expertos, o simplemente son tímidos, leen un fragmento de alguien más experto que ellos y se detienen al menos cinco minutos en explicar por qué citan esa frase y no otra y por qué utilizan a ese autor y no a otro.

Recitar poesía es imprescindible, aunque se esté hablando de prosa o de cuentos para niños. La poesía es la madre de la literatura, el Arte entre el arte... decir que sólo escribes novela (y que no te gusta la poesía) parece relegarte al plano de "este/a tipo/a no sabe apreciar la belleza, no tiene sensibilidad". Por supuesto, entre poema y poema hay que hacer filosofía al respecto, llamar a la revolución, reivindicar el papel de las personas sensibles en este mundo caníbal y dárselas de personaje melancólico.

Cuando el acto ha terminado, hay que tomarse unas cañas. Antes, es necesario comprar el libro, pedir el autógrafo al autor en cuestión e hilvanar conversaciones con unos y con otros, para integrarse entre la elite de los escritores semi noveles. Hay que intercambiar direcciones, prometer leer cosas y sonreír, sobre todo sonreír. Y no ponerse nervioso/a porque no se conozca a nadie: es lo que tienes los frikis, que se te acercan y te hablan con la confianza de un amigo de toda la vida.

Como escritora que soy, no me gusta esta clase de eventos. Quizá cuando yo sea la protagonista le coja el gustillo (algo que dudo; la apariciones en público no me aterran: simplemente, no van conmigo). Con este post no quiero decir en modo alguno que menosprecie a todos los que ayer acudieron conmigo a la presentación de los libros de Ediciones Atlantis en la Sala Triángulo de Madrid; es que hay que hacer un poco de burla al gremio.

 
Paseando por Madrid
Ayer estuve paseando por Lavapiés mientras hacía hora para entrar a la presentación de unos libros en la Sala Triángulo.

Lo primero que me llamó la atención es que aún hay niños que juegan en la calle. En la Plaza de la Corrala jugaban al fútbol niños de entre siete y doce años, más o menos, pertenecientes a un centro infantil y juvenil que tiene allí su sede (perdonen pero no recuerdo el nombre.) Ninguno de ellos era español, salvo el monitor.

Esta circunstancia, sumada al hecho de que sólo me crucé con tres españoles en todo mi recorrido, me hizo preguntarme lo siguiente: ¿cuándo la inmigración pasa de ser necesaria a ser excesiva?

Espero que seáis vosotros los que me déis la respuesta.

 
En Urgencias
Hoy ha sido un día horroroso.

A las 3 de la mañana me llamó mi novio por teléfono para contarme, entre gemidos, que le había dado un cólico nefrítico. A las 5 lo trasladaron al Hospital Severo Ochoa de Leganés.

Yo me encontraba en Ciudad Real. Hice la maleta y me metí en el primer AVE, el de las 7.17. Llegué al hospital poco antes de las 9 y he pasado todo el día deambulando por allí. Al principio pude estar con él en la sala de Urgencias, pero sobre las 12.30 me dijeron que los familiares no podíamos estar allí. Así que pasee por la cafetería, por el quiosco de prensa para terminar diseñándome una cama eventual en las sillas de la sala de espera.

Es sorprendente ver cuánta gente sufre del riñón. En el nivel II de Urgencias, donde estaba ingresado mi novio, ha habido otras muchas personas en su misma situación, de todas las edades y sexos.

A las 2 del mediodía le tuvieron que repetir los análisis de sangre, y nos dieron como media de espera una hora. Nos ilusionamos pensando que estaríamos a tiempo en casa para ver el partido de la Selección Española en el Mundial de Baloncesto. Tras mucho insistir, y tras sacarle sangre de nuevo, hemos conseguido salir de allí a las 19.15. El dolor se lo han quitado, sí, a base de calmantes, pero no hay ninguna solución viable.

- Si te duele, pásate por aquí para que te lo quitemos.

Y yo lo que quiero es que le quiten el dolor, por supuesto, pero lo que quiero, por encima de todo, es que se preocupen de investigar las causas. Porque causas a la vista no hay, al menos no muy claras: ni frío, ni alcohol, ni piedras en el riñón. Nada de nada. Sólo exceso de minerales que nadie sabe cómo solventar. Es que mi novio está que lo tira.

Afortunadamente, se encuentra ya mucho mejor. Respiro tranquila casi por primera vez en todo el día, aunque sé que no pasará mucho tiempo hasta que le vuelva el dolor y tengamos que montar el circo de nuevo. Espero no tener que contaros una situación similar nunca más.

 
No soporto que...
¡Cuidad el mobiliario urbano! ¿Os suena de algo?

Pues aunque la mayoría de nosotros no quememos papeleras ni volquemos contenedores, todos soltamos sin ningún cuidado el asiento del tren. Me refiero a los asientos del tren de cercanías, esos que se levantan cuando tú te levantas y se agachan cuando tú te sientas, esos mismos, los que soltamos sin ningún cuidado, haciendo que duren menos y molestando con el ruido a los que hay alrededor. No es el único comportamiento molesto en el sitio, por excelencia, en el que todos nos apretujamos. ¡Pero cuesta tan poquito sujetarlo al levantarnos y cerrarlo con suavidad!

 
El Himno español
Acabo de ver, en Informativos Telecinco, una noticia curiosa: en Francia, los alumnos estarán obligados a aprender la Marsellesa.

Por un lado, coincido con los que dicen que no está bien enseñar palabras crueles a niños pequeños. Los profesores franceses inventan toda clase de trucos para cumplir su obligación sin desobedecer su moralidad; por ello, ponen mucho entusiasmo en explicar que el himno es militar y que pertenece a una época determinada.

Por otro lado, he intentado trasladar la situación a nuestro país, España. No he podido, porque es inimaginable. En primer lugar, porque no tiene letra que nos podamos aprender. Además, porque nadie políticamente correcto lo entonaría a sabiendas de que será maldito con la palabra facha el resto de su vida.

Y es que en España tenemos complejo hasta de patriotismo. Es más, en España no existe el patriotismo. Sólo conozco a algún guardia civil que se emociona cuando lo escucha y que aplaude cuando ve a Raul, en los partidos del Madrid, con la cabeza bien erguida. No es que no sintamos España, es que si lo hiciéramos no nos atreveríamos a decirlo en voz alta.

Es una herencia de la Guerra, supongo, el tildar de fascista a todo aquel que sienta cierta reverencia por el país que le ha visto nacer. Podemos aclamar a otros países o condenarlos, pero nunca nos sentiremos orgullosos de ser españoles. ¡Qué dirían de nosotros! Es casi más honroso decir que España es una mierda que pronunciar un tímido Viva España, con las connotaciones que esto conlleva.

Y, sin embargo, cuando salimos al extranjero nos falta tiempo para poner en la radio Paquito el Chocolatero, Los Chichos y demás himnos populares. Cuando nos preguntan qué comida es nuestra preferida no decimos la verdad (hamburguesas, pizzas) sino que nos acordamos del pisto, de las migas, de la paella, etc.

¿Qué es ser patriota? ¿Es lo mismo serlo en España que en el extranjero? ¿Por qué nunca nos sentiremos orgullosos de nuestro país? Quizá no vendría mal que nos enseñaran algo de esto en las escuelas...

Ver más en:
- Himno Nacional Español
- ¿Patriotismo en España?
 
¿Invertir o no invertir?
El subtítulo debe ser ¿invierto cuando seguro que pierdo el dinero? Dicho así, es fácil contestar: ¡¡noooo!!, pero es que yo soy muy rebuscada. Os cuento:

Hace un mes aproximadamente envié una novela (la primera como tal) a Ediciones Atlantis, una editorial que trabaja en régimen de coproducción. Para los ajenos al tema, diré que en este sistema de edición el autor paga la impresión y la editorial corre con los gastos de distribución, publicidad, etc. Quería que mi novela fuera leída por profesionales y que me remitieran el informe, gratis, para poder utilizarlo cuando mendigue frente a la puerta de una editorial mayor.

Mi sorpresa fue cuando recibí la noticia de que estaban interesados en publicarla; algo que, en principio, ni me había planteado. Me adjuntaron el presupuesto: más de tres mil euros por 750 ejemplares. Primero aparté de mi cabeza la sola idea de acceder, pero empecé a darle vueltas y a buscar en Internet para ver si esta editorial era de fiar.

He contactado con un chico que ha publicado con ellos y dice que son fenomenales; claro, que todavía no ha empezado a vender porque su libro está en proceso de edición. Con el tiempo, me he hecho a la idea de que es inútil mandar nada a una editorial grande, que si me quiero hacer un hueco, no me queda otra manera, salvo la coproducción.

Me gusta mi novela, pero quizá yo no la compraría si la viera en el escaparate de una tienda. Sin embargo, si la publicidad es buena, quizá lo hiciera. Mis amigas la han leído, les gusta, qué me van a decir, que para eso están las amigas, pero sé que no la comprarían,. El público al que le puede gustar es reducido, veinteañeras, y es que la escribí con 18 añitos.

¿Ventajas?
- que mi novela se lea
- será más fácil encontrar trabajo como periodista
- satisfacción personal
- posibilidad de ganar un dinerillo

¿Inconvenientes?

- Es mucha pasta
- Puedo no recuperarla
- El dinero no es mío

Todo esto me sobrepasa. No sé qué hacer. ¿Alguien se ha visto alguna vez en una situación semejante?

 
Venciendo mis miedos
Ayer fui al dentista después de 10 años. Para algunos, el dentista es un ser afable que vela por la salud de nuestra boca. Para la mayoría, es un ser atroz que, aparte de cubrirse de oro a costa de nuestra dentadura, disfruta viendo cómo nos retorcemos de dolor.

Fui al dentista porque la revisión era un regalo de mi novio, que deseaba ver cómo me pongo histérica, llorando y pataleando, a mi edad. Por no hacerle un feo, decidí ir. La verdad es que lo hice después de hacerle prometer que esa señora no me haría nada, pero nada, de daño. Mi sorpresa fue grandiosa cuando me dijo que no tengo ni caries ni sarro. Salí más contenta que unas castañuelas porque, al fin, mis dos cepilladas de dientes al día habían dado su resultado.

Mi miedo al dentista tiene su origen en dos momentos de mi infancia, tan temprana que no recuerdo ni qué edad tenía.

Una vez fui para que me empastaran una muela. Armada de valor y, con mis papás alrededor, me dispuse a que hurgaran en mi boquita. Tres horas estuve con un aparato que me forzaba a abrir la boca mientras el dentista se largaba a atender a otros pacientes. Tuvieron que ir mis padres a buscarlo para que recordara que me había dejado abandonada en la sala contigua.

La otra ocasión es aún más insignificante. Desde que tengo uso de razón, me mareo con la sangre, tanto propia como ajena. Así voy diciéndoselo a cualquiera que me atiende: "ojo, no te asustes, que yo soy así y no pasa nada".

Un dentista se lo tomó a broma. Mi madre le había dicho, a escondidas, que tirara delicadamente de un diente que se me movía. Pues bien, este señor tiró con todo su entusiasmo, mofándose de mi debilidad y terminando con una gloriosa frase parecida a "estos niños no sirven para nada" o algo así.

La última vez que fui, esa la recuerdo bien, monté tal escándalo que me tuvieron que sacar a rastras de la consulta. Y eso fue, atención, después de tener puesta la anestesia. Y es que sentí tal pánico que me olvidé hasta de la goma de saltar que me había regalado mi madre para que me portara bien. No lo hice. Aún me pesa aquello. Así que, para no volver a defraudar a nadie, decidí no volver al dentista nunca más.

 
USA es vulnerable
Esta es la noticia con la que me he levantado esta mañana, proclamada en varias páginas por el Diario Qué de Madrid, sensacionalista como él solo. La definición, a grandes rasgos, de noticia es "narración de un hecho desconocido hasta el momento". Bien ¿ser vulnerable es un notición?

La Humanidad se caracteriza, precisamente, por ser vulnerable. El Ser Humano es el más débil de todos los animales, si bien tiene su inteligencia para poder adaptarse a múltiples situaciones, algo de lo que el resto de seres vivos carece. Nos cuesta pedir ayuda, nos cuesta reconocer errores, nos cuesta anticiparnos a las situaciones... Si esto ocurre en cada uno de nosotros... ¿cómo no en un país tan poblado? Es absurdo haber creído alguna vez que USA era lo que aparece en sus películas. Cualquier película es mentira.

El resto de los diarios han tratado de forma más limitada la petición de ayuda de Bush. El Diario Qué incluía, incluso, la noticia de que las ONGs españolas no mandarán ayuda porque "este país tiene una economía fuerte y puede hacer frente a este desastre". En definitiva, se ha regodeado de "la súplica de Bush", "los pobrecitos ricos que han perdido su jacuzzi" y demás connotaciones. Debe ser que leo mucho entre líneas.

Si bien en anteriores catástrofes, de las que podríamos elaborar ya un buen catálogo, ha surgido toda la bondad que somos capaces de albergar, estos diez mil muertos son distintos. He oído conversaciones con este contenido:
- Que se jodan, que así espabilan.
- Si son americanos...
- Se lo tienen merecido.
- Es un castigo para ellos.

No he visto ninguna lágrima ante el televisor como pude ver cuando el Tsunami del Pacífico. Nadie va a sacrificar su paga semanal. Es cierto que ya se están viendo algunos actos de solidarización, pero será que el Kathrina nos ha pillado con los bolsillos saqueados tras las vacaciones. Se la pueden apañar solos (supongo que de eso se ocupan los economistas, no nosotros), decimos, pero ¿dónde están los gestos de apoyo psicológico? ¿Dónde está nuestro corazoncito empático?
 
Mañana de domingo
Me he levantado a las 11 de la mañana. He desayunado tostadas, bien rebosantes de mantequilla y con una pizca de mermelada de melocotón. Después me he sentado en el sofá. He ordenado los periódicos atrasados por fechas y me he lanzado a leer, uno por uno, cada una de las entrevistas que forman parte de la serie "La Guerra Civil desde el siglo XXI" que, hasta la semana pasada, ha estado ofreciendo El Mundo entre sus páginas de opinión. Entrevistas a Berlanga, Carillo, etc. que, de acuerdo o no con las ideas propias de cada cual, impregnan de autenticidad y compromiso unas páginas grises.

La Guerra Civil está de moda, de eso no hay duda, para bien y para mal. Aquellos cuyos padres nacieron en los años de la guerra, o que tienen vagos recuerdos del hambre y las penurias, han dejado de lado aquellas sensaciones encontradas que un conflicto de esta magnitud genera. Han perdonado o han olvidado, algo que no siempre va de la mano.

Somos los nacidos en los setenta y, en menor medida, los hijos de los ochenta, los que intentamos rescatar ese trozo de historia; un trozo de historia que se debate entre la realidad cercana y la irrealidad con la que la camuflamos. Se nos hace difícil imaginar algo así y para muchos son meras batallitas de los abuelos, aunque la mayoría de ellos casi se niegan a contarlas y, los aficionados a este tipo de cosas (llámenme morbosa si quieren, yo me denominaría curiosa) tenemos que escrutar conversaciones espontáneas para encontrar esas pequeñas historias.

De repente, ha surgido una necesidad (no sabemos si real o impuesta) de rescatar la memoria de aquellos años. Considero de suma importancia la recuperación de la memoria histórica, ya no por aquella famosa frase de quien no conoce la historia está condenada a repetirla, sino simplemente por cuestiones de identidad, de saber quiénes somos, de dónde venimos, etcétera, etcétera.

Lo que he detectado es cierta tendencia a transportar la situación de aquellos años a la actual. Uno de los entrevistados (perdónenme la mala memoria) dejaba caer que se asemeja, guardando las distancias, a la crispación política que vivimos en nuestros días. Lo que he detectado, como decía, es el esfuerzo de algunas personas en dividir España, tomando como raíces históricas los bandos de la Guerra Civil, como si España (tal y como la hemos conocido) no fuera a resquebrajarse de un momento a otro. Ni qué decir tiene que la realidad política existente dista mucho de asemejarse a la de aquella época, pero muchos intentan establecer paralelismos, dividirnos y distribuir a cada cual bajo una consigna, sin atender a los matices de grises que se observa en cualquier grupo de personas, por muy reducido que sea.

¿Por qué tantos libros sobre la Guerra Civil? La verdad es que son bonitos, quedan bien alineados en la estantería y parece que confiere a un saloncito minimal cierto aire de intelectualidad. Puede ser que los coleccionemos, sin leer, por si alguna vez nuestros hijos tienen que hacer un trabajo sobre la Guerra Civil en lo que alguna vez se llamó España. Puede ser que los leamos, nos apasionemos, los debatamos en grupo y hagamos de ellos algo más que mero entretenimiento. Puede ser que respondamos reuniendo rencores olvidados, intentado hacer pagar ahora en las urnas las penalidades de sesenta años atrás. Puede ser que, como yo, los compremos y los mantengamos en la estantería, a la espera de encontrarnos con suficiente inteligencia para poder enfrentarnos a ellos de una manera libre y sin coacciones.