IUVE: una semana bien aprovechada
La semana pasada celebré el fin de los exámenes de febrero trabajando, uno de esos trabajos en los que todo sale a pedir de boca, al que volverías sin dudarlo y que deja una satisfacción peculiar dentro de uno.
Conocí a la Fundación IUVE por María, una compañera de clase. Me habló del programa Acierta 2006, esto es: del 21 al 24 de febrero, los niños de primero y segundo de bachillerato de varios institutos de la Comunidad de Madrid se pasan por la Facultad de Medicina de la Complutense para solicitar información sobre las carreras que tienen en mente. En la primera planta había un total de 14 stands correspondientes a otras tantas áreas de estudio, más el de las Fuerzas Armadas, que venían a promocionar la futura Universidad de Defensa. Yo estaba en el Económico - Administrativo aunque me correspondía Comunicación Social, pero la verdad es que he aprendido mucho. No sé si habré servido de ayuda a los niños, pero he puesto todo mi empeño.
La organización ha sabido tratarnos bien a la gente de los stands y el ambiente era fabuloso, supongo que para compensar el sueldo que, dicho sea de paso, era una "compensación económica por una labor voluntaria" o algo así. Es decir, que era muy escaso.
He conocido gente fantástica, incluidos nuestros nuevos amigos, los militares. Si os pasáis el año que viene, no olvidéis visitar la segunda planta (la de las Asociaciones) y, especialmente, el stand de la Tuna de Farmacia (porque dan jamón y te rondan). Ademán, la chica que reparte El País os dará conversación.
IUVE lleva también a cabo otros proyectos, como el de Un Kilo de Ayuda. Si os pasáis por su sede (en la calle San Bernardo, 114) estarán encantados de atenderos y comentaros su labor. Desde aquí os mando un gran abrazo a todos los de IUVE y a los que han participado en Acierta 2006. ¡Espero veros el año que viene!
Conocí a la Fundación IUVE por María, una compañera de clase. Me habló del programa Acierta 2006, esto es: del 21 al 24 de febrero, los niños de primero y segundo de bachillerato de varios institutos de la Comunidad de Madrid se pasan por la Facultad de Medicina de la Complutense para solicitar información sobre las carreras que tienen en mente. En la primera planta había un total de 14 stands correspondientes a otras tantas áreas de estudio, más el de las Fuerzas Armadas, que venían a promocionar la futura Universidad de Defensa. Yo estaba en el Económico - Administrativo aunque me correspondía Comunicación Social, pero la verdad es que he aprendido mucho. No sé si habré servido de ayuda a los niños, pero he puesto todo mi empeño.
La organización ha sabido tratarnos bien a la gente de los stands y el ambiente era fabuloso, supongo que para compensar el sueldo que, dicho sea de paso, era una "compensación económica por una labor voluntaria" o algo así. Es decir, que era muy escaso.
He conocido gente fantástica, incluidos nuestros nuevos amigos, los militares. Si os pasáis el año que viene, no olvidéis visitar la segunda planta (la de las Asociaciones) y, especialmente, el stand de la Tuna de Farmacia (porque dan jamón y te rondan). Ademán, la chica que reparte El País os dará conversación.
IUVE lleva también a cabo otros proyectos, como el de Un Kilo de Ayuda. Si os pasáis por su sede (en la calle San Bernardo, 114) estarán encantados de atenderos y comentaros su labor. Desde aquí os mando un gran abrazo a todos los de IUVE y a los que han participado en Acierta 2006. ¡Espero veros el año que viene!
Frikis
Hubo un tiempo en que ser friki (forma castellanizada y algo macarra de freaky, es decir, raro-extraño) se utilizaba de manera peyorativa. Solía aplicarse, aunque la parte esencial de estos usos no ha cambiado, a informáticos, programadores, diseñadores, artistas y cinéfilos. El friki era estigmatizado, ignorado en el grupo y objeto de todas las burlas. Mientras tanto, el friki se aislaba en su mundo, lo que aumentaba la frikidad.
Hoy en día, ser friki se ha puesto de moda; ya lo son el metrosexual y el programador, pero también puede serlo la cajera del supermercado, la señora que saca a pasear al perro o un banquero trajeado. Es más, si no eres friki no eres nadie.
Los que antes se escondían ahora discuten a voces en los pasillos sobre Linux y Macintosh, proclamando las virtudes y defectos de cada uno. Los que veían las películas en versión original subtitulada ya no tiene que esconderse; pueden hablar por la calle de Kiarostami y Truffaut como quien habla de las meteduras de pata de Etoo. ¡Un aplauso para los frikis! viene a decir el nuevo anuncio de Coca-Cola.
Lo peor es que ahora se estigmatiza a aquel que no es lo suficientemente friki. Pululan por la red blogs y foros donde la gente expone sus rarezas. Compiten a ver quién puede ser el más raro de la clase. La complejidad de ser friki viene dada por la amplitud de las opciones que la vida moderna nos ofrece; y es que para serlo totalmente tiene que ser algo muy restringido, donde nadie (y todos) puedan entrar. Tiene que ser una afición lo suficientemente delimitada como para poder especializarse en los puntos y en las comas de los textos fundacionales de la corriente a seguir. En otras palabras, no sólo debe gustarte el cine, sino que debe gustarte el cine iraní rodado en plano secuencia en versión original subtitulada en arameo y con actores lo más cotidianos posible. Sólo así, chic@s, seréis aceptados en la sociedad.
Hoy en día, ser friki se ha puesto de moda; ya lo son el metrosexual y el programador, pero también puede serlo la cajera del supermercado, la señora que saca a pasear al perro o un banquero trajeado. Es más, si no eres friki no eres nadie.
Los que antes se escondían ahora discuten a voces en los pasillos sobre Linux y Macintosh, proclamando las virtudes y defectos de cada uno. Los que veían las películas en versión original subtitulada ya no tiene que esconderse; pueden hablar por la calle de Kiarostami y Truffaut como quien habla de las meteduras de pata de Etoo. ¡Un aplauso para los frikis! viene a decir el nuevo anuncio de Coca-Cola.
Lo peor es que ahora se estigmatiza a aquel que no es lo suficientemente friki. Pululan por la red blogs y foros donde la gente expone sus rarezas. Compiten a ver quién puede ser el más raro de la clase. La complejidad de ser friki viene dada por la amplitud de las opciones que la vida moderna nos ofrece; y es que para serlo totalmente tiene que ser algo muy restringido, donde nadie (y todos) puedan entrar. Tiene que ser una afición lo suficientemente delimitada como para poder especializarse en los puntos y en las comas de los textos fundacionales de la corriente a seguir. En otras palabras, no sólo debe gustarte el cine, sino que debe gustarte el cine iraní rodado en plano secuencia en versión original subtitulada en arameo y con actores lo más cotidianos posible. Sólo así, chic@s, seréis aceptados en la sociedad.
La evolución de las especies
Teorías por todos conocidas nos hablan de que las especies consiguen adaptarse a las condiciones más extremas. Prueba de ello es que el ser humano ha llegado a la Antártida y hasta viaja por el espacio como Pedro por su casa.
Los madrileños (y, por extensión, los residentes y/o trabajadores en la capital) son una evolución del hommo sapiens sapiens: han desarrollado su capacidad de aguante, superando el umbral en el que no situamos el resto de los mortales, para reducir su volumen corporal hasta conseguir que la capacidad de los vagones de tren y metro (indistintamente) se multiplique. Asimismo, son capaces de retener la respiración durante al menos quince minutos y soportar las más brutales agresiones. Y, en estas condiciones, sobreviven una hora de ida y otra de vuelta al trabajo ¡diariamente!
Científicos de todo el mundo deberían ponerse a estudiar este fenómeno y ver si tiende a repetirse y contagiarse o si algunos, de los núcleos periféricos-campestres, seremos los guardianes de la calidad de vida.
Los madrileños (y, por extensión, los residentes y/o trabajadores en la capital) son una evolución del hommo sapiens sapiens: han desarrollado su capacidad de aguante, superando el umbral en el que no situamos el resto de los mortales, para reducir su volumen corporal hasta conseguir que la capacidad de los vagones de tren y metro (indistintamente) se multiplique. Asimismo, son capaces de retener la respiración durante al menos quince minutos y soportar las más brutales agresiones. Y, en estas condiciones, sobreviven una hora de ida y otra de vuelta al trabajo ¡diariamente!
Científicos de todo el mundo deberían ponerse a estudiar este fenómeno y ver si tiende a repetirse y contagiarse o si algunos, de los núcleos periféricos-campestres, seremos los guardianes de la calidad de vida.
Los mejores anuncios
Tal y como está hoy por hoy la televisión, muchas veces se prefiere ver los anuncios. Y es que algunas marcas tienen un equipo de publicitarios que ya quisieran muchos. Hay varios que me llaman la atención, pero sobre todo quiero destacar tres.
El anuncio de las Fuerzas Armadas, invitándonos a que nos unamos para "calmar el miedo y la indefensión". Se acompaña de "quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado" y "no hablemos de la lucha si no estamos preparados", es decir, que la música se la han currao. Hay algo que me enternece en ese anuncio, que conecta conmigo. Lo primero, cuando dice "tú cambias los códigos": lo ilustran con un mensaje de móvil en ese idioma tan conocido que a los mayores de cuarenta todavía se les atraganta. Y esto no es ninguna tontería: estamos cambiando los códigos. La realidad asusta si lo pensamos en profundidad. Además, también me gusta mucho la imagen de la flor metida en una lata.
Otro anuncio que me gusta es el de las Chips Ahoy: una galleta (lindísima, por cierto, dan ganas de comérsela) está en un cumpleaños con una niña al lado y pregunta "¿dónde está el pastel?" y la niña responde, con cara de Jack Nicholson en El Resplandor: "no hay pastel". La galleta tiene que tragar saliva.
En la madrugada de ayer vi el nuevo anuncio de Cruzcampo: unas hormigas van caminando por el suelo de un bar cargando con sus granitos (cacahuetes, pipas y demás); ven a la gente en la barra bebiendo Cruzcampo y se ponen felices y contentas y empiezan a saltar y a corretear por doquier. Perdón que no lo pueda contar con más detalle, pues sólo lo he visto una vez.
Hay anuncios que no sé cómo consiguen pasar la autorregulación; quiero decir que, si se tratara de una bebida alcohólica cualquiera y no de Donnettes, ese anuncio no podría emitirse. Hay varios spots, pero todos coinciden en que un@ chaval@ de un grupo dispuesto a divertirse a tope de repente corta el rollo; le meten un Donnette en la boca y ¡hala!¡marchando!. ¿Os imagináis algo así para anunciar, yo qué sé, vodka por ejemplo?
El anuncio de las Fuerzas Armadas, invitándonos a que nos unamos para "calmar el miedo y la indefensión". Se acompaña de "quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado" y "no hablemos de la lucha si no estamos preparados", es decir, que la música se la han currao. Hay algo que me enternece en ese anuncio, que conecta conmigo. Lo primero, cuando dice "tú cambias los códigos": lo ilustran con un mensaje de móvil en ese idioma tan conocido que a los mayores de cuarenta todavía se les atraganta. Y esto no es ninguna tontería: estamos cambiando los códigos. La realidad asusta si lo pensamos en profundidad. Además, también me gusta mucho la imagen de la flor metida en una lata.
Otro anuncio que me gusta es el de las Chips Ahoy: una galleta (lindísima, por cierto, dan ganas de comérsela) está en un cumpleaños con una niña al lado y pregunta "¿dónde está el pastel?" y la niña responde, con cara de Jack Nicholson en El Resplandor: "no hay pastel". La galleta tiene que tragar saliva.
En la madrugada de ayer vi el nuevo anuncio de Cruzcampo: unas hormigas van caminando por el suelo de un bar cargando con sus granitos (cacahuetes, pipas y demás); ven a la gente en la barra bebiendo Cruzcampo y se ponen felices y contentas y empiezan a saltar y a corretear por doquier. Perdón que no lo pueda contar con más detalle, pues sólo lo he visto una vez.
Hay anuncios que no sé cómo consiguen pasar la autorregulación; quiero decir que, si se tratara de una bebida alcohólica cualquiera y no de Donnettes, ese anuncio no podría emitirse. Hay varios spots, pero todos coinciden en que un@ chaval@ de un grupo dispuesto a divertirse a tope de repente corta el rollo; le meten un Donnette en la boca y ¡hala!¡marchando!. ¿Os imagináis algo así para anunciar, yo qué sé, vodka por ejemplo?
Orgasmos televisivos
Cuando Harry encontró a Sally inauguró la era de los orgamos fingidos en pantalla. Tenía su gracia porque el sexo (y su disfrute) ha sido durante muchos años un tema tabú. En el cine hay muchas escenas de cama, pero pocas de orgamos.
Hace unas semanas, en Mis adorables vecinos, uno de los protagonistas estaba muy preocupado porque su mujer fingía los orgasmos. El vecino lo habló con su mujer y le aseguró que él se daría cuenta si ella fingía. Entonces ella llevó a cabo una lección magistral acerca de los orgasmos de ficción y se quedó tan ancha.
Ahora veo en el avance de Los hombres de Paco algo muy similar. Un chaval dice "cómo no te vas a dar cuenta de que está fingiendo, si la tienes ahí delante, pegada" o algo así. Entonces una chica, en la cafetería, comienza su actuación. Todos ríen ante la perplejidad del chico.
Desde siempre me han gustado que el cine y la televisión se hagan referencias mutuas; el espectador encuentra una especie de gran satisfacción cuando lo detecta; entonces se lo cuenta a sus amigos, emocionado: "mira, esto ocurría en tal o cual película". Y los demás asienten. Satisfacción personal y reconocimiento ante los demás ¿qué más se puede pedir?
Para mí, la función de presentar este tipo de orgamos a los que me refiero es la diversión banal. Primero, porque es muy triste que una mujer tenga que fingir los orgamos en pleno siglo XXI, pues quiere decir que su vida sexual no es satisfactoria. Pero, lo más importante, porque a los guionistas se les han acabado las ideas y utilizan recursos fáciles para arrancarte una sonrisa gratuita, para que vuelvas a decir "esto ya lo he visto" (ya sin emoción, con desgana, una vez vale, tres cansa) y pases a la siguiente escena sin pensar en qué chorrada más grande acaban de colarte.
Hace unas semanas, en Mis adorables vecinos, uno de los protagonistas estaba muy preocupado porque su mujer fingía los orgasmos. El vecino lo habló con su mujer y le aseguró que él se daría cuenta si ella fingía. Entonces ella llevó a cabo una lección magistral acerca de los orgasmos de ficción y se quedó tan ancha.
Ahora veo en el avance de Los hombres de Paco algo muy similar. Un chaval dice "cómo no te vas a dar cuenta de que está fingiendo, si la tienes ahí delante, pegada" o algo así. Entonces una chica, en la cafetería, comienza su actuación. Todos ríen ante la perplejidad del chico.
Desde siempre me han gustado que el cine y la televisión se hagan referencias mutuas; el espectador encuentra una especie de gran satisfacción cuando lo detecta; entonces se lo cuenta a sus amigos, emocionado: "mira, esto ocurría en tal o cual película". Y los demás asienten. Satisfacción personal y reconocimiento ante los demás ¿qué más se puede pedir?
Para mí, la función de presentar este tipo de orgamos a los que me refiero es la diversión banal. Primero, porque es muy triste que una mujer tenga que fingir los orgamos en pleno siglo XXI, pues quiere decir que su vida sexual no es satisfactoria. Pero, lo más importante, porque a los guionistas se les han acabado las ideas y utilizan recursos fáciles para arrancarte una sonrisa gratuita, para que vuelvas a decir "esto ya lo he visto" (ya sin emoción, con desgana, una vez vale, tres cansa) y pases a la siguiente escena sin pensar en qué chorrada más grande acaban de colarte.
El Boxeo y El País
Leo hoy con sorpresa el artículo 1.29 del Libro de Estilo de El País, bajo el epígrafe "singularidades informativas":
El periódico no publica informaciones sobre la competición boxeística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que contribuyan a su difusión.
Es decir, que aunque el boxeo esté reconocido como deporte, El País está en contra y decide que no exista, porque de todos es sabido que lo que no sale en los medios no existe. A esto se añade que sólo contará lo malo, no lo bueno. Esto entra en contradicción con otros puntos del citado Libro de Estilo donde se dice que en temas conflictivos se hablará con las dos partes en litigio.
Yo lo único que digo es (y que conste que yo el boxeo lo veo como una barbaridad): las guerras también son malas e informamos de ellas.
El periódico no publica informaciones sobre la competición boxeística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que contribuyan a su difusión.
Es decir, que aunque el boxeo esté reconocido como deporte, El País está en contra y decide que no exista, porque de todos es sabido que lo que no sale en los medios no existe. A esto se añade que sólo contará lo malo, no lo bueno. Esto entra en contradicción con otros puntos del citado Libro de Estilo donde se dice que en temas conflictivos se hablará con las dos partes en litigio.
Yo lo único que digo es (y que conste que yo el boxeo lo veo como una barbaridad): las guerras también son malas e informamos de ellas.
Sensibles princesas
Ayer tuve ocasión de ver Princesas, de Fernando León de Aranoa. Si bien el cine español, en general, no goza de mi simpatía, esta película, sencilla, cotidiana, sensible, me ha sorprendido. Leer en los créditos el nombre del director ya nos da una idea de qué cine vamos a ver: Barrio y Los lunes al sol fueron grandes éxitos en su carrera. La verdad es que a mí nunca me han gustado mucho, especialmente la segunda.
En Princesas destaca, sobre todo, el guión. Intercala de forma maestra las reflexiones serias (sobre la nostalgia, sobre la ambición, etc.) con momentos de risa de puro absurdo. Las reflexiones a las que me refiero se hacen en sitios tan cotidianos como una peluquería o un piso de alquiler. Fernando León ha conseguido dar dimensión a sus dos personajes principales, espléndidamente interpretados por Candela Peña y Micaela Nevárez, que les han valido el Goya a la mejor actriz protagonista y a la mejor actriz de reparto (aunque, en mi opinión, estos permios no significan nada en el contexto en el que se dan, pero para gustos se hicieron los colores).
Además, del guión se desprende también una magnífica labor de documentación. En contra de lo que se predica del cine español, Princesas recoge las emociones más íntimas de unos personajes hasta ahora estereotipados. Emociones íntimas que a mí, en particular, me sorprendieron: la mayor ilusión de Caye (C. Peña) es que su amor la recoja después del trabajo.
Voy a poner una pega que nada tiene que ver con lo específicamente cinematográfico: creía que existía una especie de proyecto de autorregulación (vamos, eso no es decir nada, digamos que existía la intención) de que no se mostrara a los personajes fumando durante toda la película, para no inducir a la gente a que adopte malos hábitos. Esto se lo han saltado: al menos en la mitad de las escenas, Candela Peña tiene un cigarrillo en los labios.
En Princesas destaca, sobre todo, el guión. Intercala de forma maestra las reflexiones serias (sobre la nostalgia, sobre la ambición, etc.) con momentos de risa de puro absurdo. Las reflexiones a las que me refiero se hacen en sitios tan cotidianos como una peluquería o un piso de alquiler. Fernando León ha conseguido dar dimensión a sus dos personajes principales, espléndidamente interpretados por Candela Peña y Micaela Nevárez, que les han valido el Goya a la mejor actriz protagonista y a la mejor actriz de reparto (aunque, en mi opinión, estos permios no significan nada en el contexto en el que se dan, pero para gustos se hicieron los colores).
Además, del guión se desprende también una magnífica labor de documentación. En contra de lo que se predica del cine español, Princesas recoge las emociones más íntimas de unos personajes hasta ahora estereotipados. Emociones íntimas que a mí, en particular, me sorprendieron: la mayor ilusión de Caye (C. Peña) es que su amor la recoja después del trabajo.
Voy a poner una pega que nada tiene que ver con lo específicamente cinematográfico: creía que existía una especie de proyecto de autorregulación (vamos, eso no es decir nada, digamos que existía la intención) de que no se mostrara a los personajes fumando durante toda la película, para no inducir a la gente a que adopte malos hábitos. Esto se lo han saltado: al menos en la mitad de las escenas, Candela Peña tiene un cigarrillo en los labios.
HIM en Madrid
Falta un mes para el concierto de HIM en la Riviera (3 de marzo) y ya estoy emocionada. Llevo toda la tarde escuchando el último single (que podéis escuchar en su página web), llamado Rip out the wings of a butterfly.
También estoy emocionada porque es el segundo concierto al que iré en Madrid, después de la desastrosa (bueno, tanto no) experiencia con Mago de Oz en Vistalegre hace ya (uy, cómo pasa el tiempo) 2 años. Desde luego, el concierto ya puede ser bueno, porque la entrada cuesta la friolera de 28 euros. Y luego me quejo de que no tengo dinero.
Si hace unos meses me hubiera propuesto ir a este concierto, hubiera dicho que no rotundamente. Después del gran disco inaugural del grupo (el de la portada rosa) que los puso en boca de todo el mundo, HIM entró en horas bajas. Ahora ha vuelto a recuperarse, con un disco (Dark Light) más comercial pero que recupera lo que es para mí la esencia de HIM: ser heavy sin serlo. Lo peor es lo feo que se ha puesto ahora el cantante, con lo guapísimo que estaba antes (para l@s que les gustan los que se maquillan la cara de blanco y se visten de vampiros).
Recuperé el interés después de la colaboración que hicieron Lauri (cantante de Rasmus) y Ville Valo (cantante de HIM) con Apocalyptica, la banda que desde 1998 lleva tocando heavy con violonchelos.
También estoy emocionada porque es el segundo concierto al que iré en Madrid, después de la desastrosa (bueno, tanto no) experiencia con Mago de Oz en Vistalegre hace ya (uy, cómo pasa el tiempo) 2 años. Desde luego, el concierto ya puede ser bueno, porque la entrada cuesta la friolera de 28 euros. Y luego me quejo de que no tengo dinero.
Si hace unos meses me hubiera propuesto ir a este concierto, hubiera dicho que no rotundamente. Después del gran disco inaugural del grupo (el de la portada rosa) que los puso en boca de todo el mundo, HIM entró en horas bajas. Ahora ha vuelto a recuperarse, con un disco (Dark Light) más comercial pero que recupera lo que es para mí la esencia de HIM: ser heavy sin serlo. Lo peor es lo feo que se ha puesto ahora el cantante, con lo guapísimo que estaba antes (para l@s que les gustan los que se maquillan la cara de blanco y se visten de vampiros).
Recuperé el interés después de la colaboración que hicieron Lauri (cantante de Rasmus) y Ville Valo (cantante de HIM) con Apocalyptica, la banda que desde 1998 lleva tocando heavy con violonchelos.





