Opción Madrid: la nueva revista de ocio de la capital española
Opción Madrid es una revista digital hecha de jóvenes para jóvenes donde se intentará, cada semana, adelantar las novedades madrileñas para disfrutar del tiempo libre. Música, Arte y Espectáculos, Cine, Literatura y Cómics, Moda, Escapadas y Tecnología son sus secciones. Podéis visitarlo en Opción Madrid. Dejad algún comentario: todas las redactoras os lo agradeceremos.
DT-NOX
Buscaba por los quioscos una revista llamada NOX que sale cada seis meses y cuyo subtítulo es "tendencias-diseño-fotografía-arquitectura-arte-viajes-moda". El número seis (primavera-verano) está a la venta con la revista masculina DT, por lo que he comprobado que la revista, que llevaba tanto tiempo buscando, también está dedicada al público masculino. Menudo chasco.
Así que esta tarde me he aplicado y me he leído, casi de cabo a rabo, las dos revistas, intentando ponerme en la mente de un hombre. En resumen: NOX es una revista altamente recomendable donde destaca un diseño espectacular y fotos de gran calidad. En DT he descubierto "El Hormiguero" de Pablo Motos, una magnífica última página, donde hay grandísimas verdades. No puedo dejar de colgar esto:
"También te da vergüenza estar con tu chica y que se acerque una china con rosas. Hagas lo que hagas, te sientes mal: si se la compras, te sientes hortera y si no se la compras, un rata. Igual que a Frodo se le iluminaba la espada cuando detectaba orcos, debería vender cinturones que se iluminaran cuando se acerca una china. Aunque no entiendo cómo no las vemos venir, si llevan el escaparate encima: antenas y gargantillas fosforescentes, musicales... ¡parece un control de alcoholemia!"
Pablo Motos presenta "No somos nadie" en M80.
Así que esta tarde me he aplicado y me he leído, casi de cabo a rabo, las dos revistas, intentando ponerme en la mente de un hombre. En resumen: NOX es una revista altamente recomendable donde destaca un diseño espectacular y fotos de gran calidad. En DT he descubierto "El Hormiguero" de Pablo Motos, una magnífica última página, donde hay grandísimas verdades. No puedo dejar de colgar esto:
"También te da vergüenza estar con tu chica y que se acerque una china con rosas. Hagas lo que hagas, te sientes mal: si se la compras, te sientes hortera y si no se la compras, un rata. Igual que a Frodo se le iluminaba la espada cuando detectaba orcos, debería vender cinturones que se iluminaran cuando se acerca una china. Aunque no entiendo cómo no las vemos venir, si llevan el escaparate encima: antenas y gargantillas fosforescentes, musicales... ¡parece un control de alcoholemia!"
Pablo Motos presenta "No somos nadie" en M80.
Amad a Amadeus
Milos Forman dirigió, en 1989, la gran película Amadeus. Es grande por su duración (2 horas y 50 minutos) pero si algo la hace grande es, sin duda, el guión.
Una perfecta caracterización de personajes, que hace que admires a Mozart y, por ello, lo compadezcas. Te adentra en la vida de un genio cuya genialidad se convirtió en locura y esto lo destruyó. Pero la caracterización hace también que sientas cierta complicidad con el malvado Salieri y sepas qué íntimas razones le empujaron a hacerle la vida imposible al compositor alemán. Los dos protagonistas se complementan a la perfección y, en la más curiosa de las intrigas, hacen que te sientas parte de la historia, que rías con Mozart, que sufras con Salieri y que se te rompa el corazón al unirte al declive de ambos. Porque si bien Salieri dirigió todas las intrigas de la corte contra Mozart (al menos según esta película), se escondía para poder escuchar al genio. Los protagonistas son la envidia, la ambición y la destrucción.
Pero el guión reserva más sorpresas. Hay dos maneras de hablar de música: una, hablar de tonos, escalas, mostrar partituras y bocas abiertas ante la belleza de una composición; otra, enseñarnos una chispa creativa, hacernos escuchar la música y mostrarnos el resultado final, todo a la vez, en unos planos muy cortos y seguidos. La asociación de ideas es bestial. Explota dentro, comprendes qué tenía Mozart en su cabeza y entiendes, además, de dónde viene la envidia de Salieri. Y es que, en su situación, cualquiera hubiéramos pedido a Dios, sacrificándonos el resto de la vida, por tener una pizca del talento de Amadeus.
Pongamos una pega a esta obra maestra: las narraciones de Salieri a veces se hacen demasiado extensas y deseamos que aparten de nuestra vista a ese viejo decrépito y nos sumerjan de nuevo en la magnífica atmósfera de palacio.
Una nota, para terminar: sorprende ver los orígenes de unas actrices ahora famosas. Cynthia Nixon (Miranda en Sexo en Nueva York) hace de criada de Mozart y se la identifica por su cabello pelirrojo y la mirada, pero por nada más. 17 años no pasan en balde.
Una perfecta caracterización de personajes, que hace que admires a Mozart y, por ello, lo compadezcas. Te adentra en la vida de un genio cuya genialidad se convirtió en locura y esto lo destruyó. Pero la caracterización hace también que sientas cierta complicidad con el malvado Salieri y sepas qué íntimas razones le empujaron a hacerle la vida imposible al compositor alemán. Los dos protagonistas se complementan a la perfección y, en la más curiosa de las intrigas, hacen que te sientas parte de la historia, que rías con Mozart, que sufras con Salieri y que se te rompa el corazón al unirte al declive de ambos. Porque si bien Salieri dirigió todas las intrigas de la corte contra Mozart (al menos según esta película), se escondía para poder escuchar al genio. Los protagonistas son la envidia, la ambición y la destrucción.
Pero el guión reserva más sorpresas. Hay dos maneras de hablar de música: una, hablar de tonos, escalas, mostrar partituras y bocas abiertas ante la belleza de una composición; otra, enseñarnos una chispa creativa, hacernos escuchar la música y mostrarnos el resultado final, todo a la vez, en unos planos muy cortos y seguidos. La asociación de ideas es bestial. Explota dentro, comprendes qué tenía Mozart en su cabeza y entiendes, además, de dónde viene la envidia de Salieri. Y es que, en su situación, cualquiera hubiéramos pedido a Dios, sacrificándonos el resto de la vida, por tener una pizca del talento de Amadeus.
Pongamos una pega a esta obra maestra: las narraciones de Salieri a veces se hacen demasiado extensas y deseamos que aparten de nuestra vista a ese viejo decrépito y nos sumerjan de nuevo en la magnífica atmósfera de palacio.
Una nota, para terminar: sorprende ver los orígenes de unas actrices ahora famosas. Cynthia Nixon (Miranda en Sexo en Nueva York) hace de criada de Mozart y se la identifica por su cabello pelirrojo y la mirada, pero por nada más. 17 años no pasan en balde.
La crisis de Tercero: claves y manifiesto
Ya que María habla en su espacio personal de la Crisis de Tercero de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III (no pongo link porque sólo se ve con msn) yo también lo haré.
Entré en la carrera porque desde que tenía 8 años quise estudiar Periodismo. La verdad es que yo sólo leía novela y El pequeño país, pero me parecía que ser periodista era lo más parecido a ser escritora, que es lo que realmente me propongo. Como me daba la nota y, en mi ignorancia, creí que Periodismo duraba 5 años en vez de 4, decidí hacer la conjunta. Y aquí estoy, en tercero ya (cómo pasa el tiempo).
En el ecuador de la carrera, las ilusiones de mis compañeros han empezado a desmoronarse. La mayoría han renegado del periodismo para interesarse por el cine y se quejan del mercado laboral. La verdad: está difícil en todas partes, excepto para ingenieros y médicos. Aunque llevo un año buscando prácticas, incluso no remuneradas, por la tarde, no encuentro nada que tenga que ver, remotamente, con nuestra carrera. Cuando me apunté al paro, la chica me miró con cara de esto-ya-lo-he-oido-muchas-veces cuando le dije que mi opción de empleo era algo relacionado con mis estudios.
¿Por qué estamos en crisis? Primero: mucha teoría y pocas prácticas. Somos muchos alumnos en clase y no aprovechamos el magnífico estudio de radio y el plató que tenemos en la Universidad. La realidad es que en el resto de facultades de comunicación están bastante peor que nosotros, con ordenadores que no funcionan, inexistencia de medios técnicos modernos, etc, etc. Segundo: la vivienda por las nubes, los sueldos por los suelos, vivimos lejos de casa, reñimos con las compañeras de piso. Tercero: miles de trabajos que hacer (como periodistas de verdad, sin cobrar y sin tiempo para estudiar), prácticas en grupos de 6 personas que hay que coordinar (con los inevitables roces, grupillos, etc.) y estudiar el día antes de cada examen. Cuarto: te piden idiomas, experiencia laboral y un montón de cursos, cuantos más mejor, para cogerte en unas prácticas (¿cuántas horas tiene el día? Dividid).
Pues sí, yo ya no estoy ilusionada. Al menos no como cuando tienes 15 o 16 años y ya sabes que te vas a ir de casa a los 18 a pelearte, aunque sólo ligeramente, con la vida (sí, reconozcámoslo, la mayoría tenemos a los papás detrás dándonos apoyo). En cambio, sí estoy satisfecha. Estoy a gusto porque ahora sé cuál es la realidad, porque la ilusión no vale para mucho, pero sí el aprendizaje, el saber enfrentarte a situaciones bajo presión. Y eso es lo que estoy aprendiendo: a no perder la paciencia, a controlar los ataques de ansiedad, a hablar con la gente, a compartir. Y eso es lo que, hasta ahora, me ha dado la carrera. Aunque he de reconocer que escribo mucho peor que antes de empezar a estudiar.
Entré en la carrera porque desde que tenía 8 años quise estudiar Periodismo. La verdad es que yo sólo leía novela y El pequeño país, pero me parecía que ser periodista era lo más parecido a ser escritora, que es lo que realmente me propongo. Como me daba la nota y, en mi ignorancia, creí que Periodismo duraba 5 años en vez de 4, decidí hacer la conjunta. Y aquí estoy, en tercero ya (cómo pasa el tiempo).
En el ecuador de la carrera, las ilusiones de mis compañeros han empezado a desmoronarse. La mayoría han renegado del periodismo para interesarse por el cine y se quejan del mercado laboral. La verdad: está difícil en todas partes, excepto para ingenieros y médicos. Aunque llevo un año buscando prácticas, incluso no remuneradas, por la tarde, no encuentro nada que tenga que ver, remotamente, con nuestra carrera. Cuando me apunté al paro, la chica me miró con cara de esto-ya-lo-he-oido-muchas-veces cuando le dije que mi opción de empleo era algo relacionado con mis estudios.
¿Por qué estamos en crisis? Primero: mucha teoría y pocas prácticas. Somos muchos alumnos en clase y no aprovechamos el magnífico estudio de radio y el plató que tenemos en la Universidad. La realidad es que en el resto de facultades de comunicación están bastante peor que nosotros, con ordenadores que no funcionan, inexistencia de medios técnicos modernos, etc, etc. Segundo: la vivienda por las nubes, los sueldos por los suelos, vivimos lejos de casa, reñimos con las compañeras de piso. Tercero: miles de trabajos que hacer (como periodistas de verdad, sin cobrar y sin tiempo para estudiar), prácticas en grupos de 6 personas que hay que coordinar (con los inevitables roces, grupillos, etc.) y estudiar el día antes de cada examen. Cuarto: te piden idiomas, experiencia laboral y un montón de cursos, cuantos más mejor, para cogerte en unas prácticas (¿cuántas horas tiene el día? Dividid).
Pues sí, yo ya no estoy ilusionada. Al menos no como cuando tienes 15 o 16 años y ya sabes que te vas a ir de casa a los 18 a pelearte, aunque sólo ligeramente, con la vida (sí, reconozcámoslo, la mayoría tenemos a los papás detrás dándonos apoyo). En cambio, sí estoy satisfecha. Estoy a gusto porque ahora sé cuál es la realidad, porque la ilusión no vale para mucho, pero sí el aprendizaje, el saber enfrentarte a situaciones bajo presión. Y eso es lo que estoy aprendiendo: a no perder la paciencia, a controlar los ataques de ansiedad, a hablar con la gente, a compartir. Y eso es lo que, hasta ahora, me ha dado la carrera. Aunque he de reconocer que escribo mucho peor que antes de empezar a estudiar.
Ciudad Real suena a Semana Santa
Este puente de San José, Ciudad Real ha comenzado a vestirse los hábitos primaverales de Semana Santa. Han tenido lugar multitud de pregones de las Hermandades. Yo he asistido al del Nazareno (Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima en su Gracia y Esperanza).
El acto comenzó con una breve presentación del pregonero, uno de los más jóvenes que, desde su infancia, ha sido hermano. El pregón se extendió demasiados minutos, pero fue igualmente interesante, pues contó toda su experiencia en las cofradías de Ciudad Real, aprovechó para agradecer que la Semana Santa haya sido declarada de Interés Turístico Nacional y también para presionar para que el Nazareno pueda entrar en la Catedral para saludar a la Vírgen.
Después tócó la banda de viento metal Santo Tomás de Villanueva. Deleitó con varios himnos y marchas de Semana Santa y acabó con la Marcha Real. El público se puso en pie y, aplaudiendo, pidió que se tocara "otra, otra".
En este concierto se presentó una marcha nueva, compuesta por uno de los músicos, cuyo solo de corneta emocionó a todos los asistentes. Los solos fueron, sin duda, las intervencions más aplaudidas.
El fin de semana continuó con actos parecidos. Por la calle podían verse los desfiles de las bandas de cornetas y tambores a cualquier hora de la tarde, vestidos los músicos con flamantes uniformes.
Todo esto hace que en Ciudad Real ya se respire el peculiar aroma de la Semana Santa. El Domingo de Pasión (2 de abril) se abrirá el ciclo de procesiones con la del Nazareno. A partir de entonces la actividad será frenética. En la medida que me sea posible (cosas de la conexión a Internet) iré contando mis experiencias para que tod@s podáis conocer cómo se viven estas fiestas.
El acto comenzó con una breve presentación del pregonero, uno de los más jóvenes que, desde su infancia, ha sido hermano. El pregón se extendió demasiados minutos, pero fue igualmente interesante, pues contó toda su experiencia en las cofradías de Ciudad Real, aprovechó para agradecer que la Semana Santa haya sido declarada de Interés Turístico Nacional y también para presionar para que el Nazareno pueda entrar en la Catedral para saludar a la Vírgen.
Después tócó la banda de viento metal Santo Tomás de Villanueva. Deleitó con varios himnos y marchas de Semana Santa y acabó con la Marcha Real. El público se puso en pie y, aplaudiendo, pidió que se tocara "otra, otra".
En este concierto se presentó una marcha nueva, compuesta por uno de los músicos, cuyo solo de corneta emocionó a todos los asistentes. Los solos fueron, sin duda, las intervencions más aplaudidas.
El fin de semana continuó con actos parecidos. Por la calle podían verse los desfiles de las bandas de cornetas y tambores a cualquier hora de la tarde, vestidos los músicos con flamantes uniformes.
Todo esto hace que en Ciudad Real ya se respire el peculiar aroma de la Semana Santa. El Domingo de Pasión (2 de abril) se abrirá el ciclo de procesiones con la del Nazareno. A partir de entonces la actividad será frenética. En la medida que me sea posible (cosas de la conexión a Internet) iré contando mis experiencias para que tod@s podáis conocer cómo se viven estas fiestas.
Sólo los jóvenes se mueven
Viajando en autobús por Madrid esta tarde me he dado cuenta de que la ciudad es intransitable para los mayores. No voy a hablar de las obras, pues ya se hace insorportable. Algo tan simple como coger el autobús puede ser una odisea: cuestas, conductores que no esperan, monederos que se enredan y, sobre todo, asientos inexistentes. Da lástima ver a un viejecillo aguantando de pie, agarrado a una barra de hierro, superando frenazos y acelerones, durante diez minutos. Algunos, he observado, viajan una o dos paradas. Y es que la vida moderna está hecha para los jóvenes, y sanos.
Lo mismo pasa con los móviles, con botones tan pequeños que apenas se ven. Algunos fabricantes se han dado cuenta de ello y están adaptando las nuevas tecnologías a los mayores. Por supuesto que todo ello no es necesario para vivir, pero ayuda mucho.
Nuestros mayores tienen mucho que contar. Hoy lo he comprobado. Tenía una entrevista con una mujer de 86 años que quería contarme cómo ligaba de joven. La verdad es que iba poco ilusionada porque el tema no parecía dar mucho así. Aún así, a mí lo del diálogo intergeneracional me encanta y he lamentado mucho llegar diez minutos tarde. La señora me ha deleitado con historias de familia, de amor, de muerte y de vida. Hilvanadas con poca memoria, pero muy interesantes.
Siempre me he quejado de que a mis abuelos no les gusta contar historias. Los jóvenes tenemos que aprender a escuchar, eso está claro, para poder comprender el mundo de hoy, para poder narrar a las nuevas generaciones nuestra historia más íntima. Ojalá más mayores tomen la iniciativa de esta mujer y se atrevan a destapar su vida. Un aplauso, de momento, a la campaña de Caixa Catalunya Tienes una historia que contar.
Lo mismo pasa con los móviles, con botones tan pequeños que apenas se ven. Algunos fabricantes se han dado cuenta de ello y están adaptando las nuevas tecnologías a los mayores. Por supuesto que todo ello no es necesario para vivir, pero ayuda mucho.
Nuestros mayores tienen mucho que contar. Hoy lo he comprobado. Tenía una entrevista con una mujer de 86 años que quería contarme cómo ligaba de joven. La verdad es que iba poco ilusionada porque el tema no parecía dar mucho así. Aún así, a mí lo del diálogo intergeneracional me encanta y he lamentado mucho llegar diez minutos tarde. La señora me ha deleitado con historias de familia, de amor, de muerte y de vida. Hilvanadas con poca memoria, pero muy interesantes.
Siempre me he quejado de que a mis abuelos no les gusta contar historias. Los jóvenes tenemos que aprender a escuchar, eso está claro, para poder comprender el mundo de hoy, para poder narrar a las nuevas generaciones nuestra historia más íntima. Ojalá más mayores tomen la iniciativa de esta mujer y se atrevan a destapar su vida. Un aplauso, de momento, a la campaña de Caixa Catalunya Tienes una historia que contar.
Los placeres de la vida
Mi novio me sorprendió invitándome a cenar en mi casa. Fue a hacer la compra al supermercado y se encontró con una degustación de jamones. ¿Sabéis que hay jamones que cuestan 150 euros el kilo? Si calculamos, más de mil euros el jamón. Pues de ese, que estaba a mitad de precio (o sea, 75 euros) se trajo medio kilo. Y lo acompañó con un vino catalán, Sangre de Toro, que yo no había probado en mi vida pero que espero tener el gusto de volver a probar. Esta cena, me dije, es una de esas cosas por las que merece la pena vivir.
Me acuerdo del hambre en el mundo y de los desamparados y me siento culpable por haberme comido cuarenta euros de jamón en un momento, pero la verdad es que, hoy en día, gastamos mucho dinero en cosas inútiles, o en cenas en restaurantes en los que, antes de entrar, ya sabes que te van a timar. Gastamos dinero en beber alcohol desaforadamente cada fin de semana, y no escarmentamos aunque al día siguiente nos duela la cabeza y no sepamos quiénes somos. ¿Cómo no te vas a permitir, una vez en la vida, un lujo como este? Hacedme caso, no desaprovechéis la oportunidad de probar una cena así en vuestra vida.
Lo que falló fue que perdió el Real Madrid Baloncesto frente al Maccabi, pero no me enfadé porque le ganaran de 15 puntos, como suelo hacer. Estaba tan a gusto que pensé que el cielo debe estar lleno de jamones como este.
Me acuerdo del hambre en el mundo y de los desamparados y me siento culpable por haberme comido cuarenta euros de jamón en un momento, pero la verdad es que, hoy en día, gastamos mucho dinero en cosas inútiles, o en cenas en restaurantes en los que, antes de entrar, ya sabes que te van a timar. Gastamos dinero en beber alcohol desaforadamente cada fin de semana, y no escarmentamos aunque al día siguiente nos duela la cabeza y no sepamos quiénes somos. ¿Cómo no te vas a permitir, una vez en la vida, un lujo como este? Hacedme caso, no desaprovechéis la oportunidad de probar una cena así en vuestra vida.
Lo que falló fue que perdió el Real Madrid Baloncesto frente al Maccabi, pero no me enfadé porque le ganaran de 15 puntos, como suelo hacer. Estaba tan a gusto que pensé que el cielo debe estar lleno de jamones como este.
España va bien
España va bien cuando lo más reseñable de una sesión de control del Gobierno es que Zaplana le dice a de la Vega que, ya que es tan aficionada a disfrazarse, por una vez se disfrace de Vicepresidenta. España va bien cuando esto es lo único que preocupa a los españoles. O eso cree la Ser, dedicándole cinco minutos de sus boletines (que duran diez).
Publicar estas noticias es hacerle el juego a los políticos que, como se dice en mi puebo, sólo quieren "figurar". Es decir, sólo quieren salir en la foto. Aquí no hay foto que valga, pero hay palabras, que muchas veces valen más, aunque se las lleve el viento. La intervención de Zaplana no es espontánea; simplemente pensó que, como no pasa nada de interés en España, pues vamos a aprovechar para ganar votos a base de meternos con la oposición, que es el Gobierno. Y a Zaplana le ha salido bien, porque ayer y hoy está en todos los medios (incluso en este blog, fíjense).
Vale como anécdota, eso sí, pero ¿no es más importante si ETA participó o no en el 11M? ¿No son más importantes los juicios paralelos que se están produciendo en torno a esta cuestión? Estas preguntas se quedan para la segunda noticia de un informativo. Vamos, que tampoco son cosas así como para tirar cohetes. Casi me parece más interesante que la Junta de Barcelona obligue a una anoréxica a ingresar en un centro médico. Eso sí nos puede interesar, porque todo el mundo, desgraciadamente, conoce algún caso cercano de anorexia, bulimia o enfermedades semejantes.
España va bien, pues, cuando lo que interesa es cómo se viste la ministra. Cuando cunde el ejemplo Etoo de largarse cuando algo no le hace gracia. Cuando se prefiere que el único argumento, como si no hubiera, sea levantarse y marcharse a casa. ¿En señal de protesta? No sé hasta qué punto es eficaz.
Lo de Zaplana no creo que sea machismo, simplemente creo que es un España va bien y vamos a entretenernos. Tampoco se diferencia mucho del manda huevos y esas curiosas expresiones que se hicieron famosas por salir de la Cámara. Por favor, vamos a poner los pies en la tierra y a hablar de lo que realmente intersa y afecta a la gente normal y corriente. Dejemos de publicar noticias para cubrir espacios. Vamos a dejarnos de sensacionalismo y vamos a lo que de verdad importa, que en España aún hay mucho que solucionar.
Publicar estas noticias es hacerle el juego a los políticos que, como se dice en mi puebo, sólo quieren "figurar". Es decir, sólo quieren salir en la foto. Aquí no hay foto que valga, pero hay palabras, que muchas veces valen más, aunque se las lleve el viento. La intervención de Zaplana no es espontánea; simplemente pensó que, como no pasa nada de interés en España, pues vamos a aprovechar para ganar votos a base de meternos con la oposición, que es el Gobierno. Y a Zaplana le ha salido bien, porque ayer y hoy está en todos los medios (incluso en este blog, fíjense).
Vale como anécdota, eso sí, pero ¿no es más importante si ETA participó o no en el 11M? ¿No son más importantes los juicios paralelos que se están produciendo en torno a esta cuestión? Estas preguntas se quedan para la segunda noticia de un informativo. Vamos, que tampoco son cosas así como para tirar cohetes. Casi me parece más interesante que la Junta de Barcelona obligue a una anoréxica a ingresar en un centro médico. Eso sí nos puede interesar, porque todo el mundo, desgraciadamente, conoce algún caso cercano de anorexia, bulimia o enfermedades semejantes.
España va bien, pues, cuando lo que interesa es cómo se viste la ministra. Cuando cunde el ejemplo Etoo de largarse cuando algo no le hace gracia. Cuando se prefiere que el único argumento, como si no hubiera, sea levantarse y marcharse a casa. ¿En señal de protesta? No sé hasta qué punto es eficaz.
Lo de Zaplana no creo que sea machismo, simplemente creo que es un España va bien y vamos a entretenernos. Tampoco se diferencia mucho del manda huevos y esas curiosas expresiones que se hicieron famosas por salir de la Cámara. Por favor, vamos a poner los pies en la tierra y a hablar de lo que realmente intersa y afecta a la gente normal y corriente. Dejemos de publicar noticias para cubrir espacios. Vamos a dejarnos de sensacionalismo y vamos a lo que de verdad importa, que en España aún hay mucho que solucionar.
A mis compañer@s de grupo
Lo que más me molestaba el primer año de carrera era que todos los trabajos (miles de trabajos a la semana) se tenían que hacer en grupo. Yo venía en un instituto en el que el nivel era más bien bajo, donde la mitad de los alumnos estaban haciendo tiempo para ponerse a trabajar o esperando a que sus padres les cantaran las cuarenta. Había excepciones, por supuesto, pero en general los trabajos eran aburridos y era muy difícil motivar a la gente. Me costó mucho acostumbrarme a tener que lidiar con otra persona, con los distintos intereses y las formas diferentes de ver un tema.
El otro día me encontré a mí misma, no sin sorpresa, preguntando desesperadamente si un trabajo se podía hacer en grupo. Entonces me di cuenta de que todo ha cambiado. Todo ha cambiado porque ahora disfruto contando con la opinión de otra persona, repartiendo el trabajo, quedando por las tardes para terminar a tiempo y entregar dentro de plazo. Hoy teníamos que presentar un proyecto para una serie de ficción para televisión. Mi grupo ha sido el primero en presentar un proyecto que hemos preparado con ilusión, motivadas por el tema, disfrutando de verdad con lo que hacíamos. A pesar, todo ello, de comer fuera de casa más de una vez, de discusiones en voz alta y de coordinar los horarios de seis personas. Al final todo ha salido muy bien y creo que a la gente le ha gustado bastante nuestra idea (que no desvelo, no vaya a ser que algún ojeador nos la quiera comprar).
Lo más chocante ha sido que el resto de grupos ha presentado proyectos muy currados, poniendo énfasis en la puesta en escena e hilvanando una historia que no es más que una idea. Y es que cuando una asignatura o una carrera te gusta, se disfruta hasta trabajando.
Y a este nivel estoy, con tres o cuatro trabajos en grupo con personas distintas, algunos sin empezar y otros sin definir muy bien. Llego a mi casa con ataques de nervios que mi novio aguanta estoicamente y con dolor de cabeza de tanto calcular de dónde voy a sacar el tiempo. Pero cuando una está reunida, comiendo y charlando de la idea que tiene el grupo entre manos, no puedes sino sentirte orgullosa de estar haciendo una carrera tan bonita, aunque se lleve tanto tiempo y no deje mucho espacio a la vida social. Chicas, no nos podemos quejar.
El otro día me encontré a mí misma, no sin sorpresa, preguntando desesperadamente si un trabajo se podía hacer en grupo. Entonces me di cuenta de que todo ha cambiado. Todo ha cambiado porque ahora disfruto contando con la opinión de otra persona, repartiendo el trabajo, quedando por las tardes para terminar a tiempo y entregar dentro de plazo. Hoy teníamos que presentar un proyecto para una serie de ficción para televisión. Mi grupo ha sido el primero en presentar un proyecto que hemos preparado con ilusión, motivadas por el tema, disfrutando de verdad con lo que hacíamos. A pesar, todo ello, de comer fuera de casa más de una vez, de discusiones en voz alta y de coordinar los horarios de seis personas. Al final todo ha salido muy bien y creo que a la gente le ha gustado bastante nuestra idea (que no desvelo, no vaya a ser que algún ojeador nos la quiera comprar).
Lo más chocante ha sido que el resto de grupos ha presentado proyectos muy currados, poniendo énfasis en la puesta en escena e hilvanando una historia que no es más que una idea. Y es que cuando una asignatura o una carrera te gusta, se disfruta hasta trabajando.
Y a este nivel estoy, con tres o cuatro trabajos en grupo con personas distintas, algunos sin empezar y otros sin definir muy bien. Llego a mi casa con ataques de nervios que mi novio aguanta estoicamente y con dolor de cabeza de tanto calcular de dónde voy a sacar el tiempo. Pero cuando una está reunida, comiendo y charlando de la idea que tiene el grupo entre manos, no puedes sino sentirte orgullosa de estar haciendo una carrera tan bonita, aunque se lleve tanto tiempo y no deje mucho espacio a la vida social. Chicas, no nos podemos quejar.
Lágrima Mountain
Brockeback Mountain (que pasará a la historia por el sobrenombre de la de los vaqueros gays) trata de cómo dos personas, tras pasar días enteros bebiendo whisky y mirando ovejas, descubren su homosexualidad. Inician entonces una relación que durará el resto de sus vidas.
La película no es una historia de amor en modo alguno, sino una historia de autodestrucción. Una relación hermosa se convierte poco a poco en un nicho cerrado donde cada uno da rienda suelta a lo que es. En una perfecta caracterización de personajes, hay un gay que lo ha asumido y otro que nunca lo asumirá, aunque en su fuero interno abrazará las camisas de su amor cuando se encuentre solo o deprimido.
Brockeback Mountain es una historia de, sobre todo, egoísmo. El personaje de Heath Ledger deja de lado una familia, con una mujer maravillosa y dos hijas pequeñas. Hay escenas buenísimas que debían enarbolar las feministas: por ejemplo, Heath le suelta a las niñas a la madre, que también tiene que ir a trabajar, para irse a pescar con su amiguísimo. De nada sirve la angustia de la madre.
Ang Lee se merece el Óscar y eso que tampoco ha hecho nada del otro mundo. Planos largos, escenas lentas pero muy precisas, arrancando pedazos de realidad para hilvanar toda una vida a lo largo de unos veinte años. Hay escenas que ponen los pelos de punta y otras que aburren soberanamente, pero estoy segura que cualquier director hubiera vendido su alma por rodar algunas tomas con la sensbilidad con la que lo ha hecho Ang Lee.
Película apta para los amantes de la lágrima fácil, como yo que, con todos mis prejuicios frente a una película a la que se le ha dado tantísima publicidad, me he puesto a llorar como una magdalena. Eso sí, no lo he hecho al final (el final es bastante flojo, reconozcámoslo) sino en esas escenas donde la ira y la pasión se confunden y que son, sin duda alguna, lo mejor de la película.
La película no es una historia de amor en modo alguno, sino una historia de autodestrucción. Una relación hermosa se convierte poco a poco en un nicho cerrado donde cada uno da rienda suelta a lo que es. En una perfecta caracterización de personajes, hay un gay que lo ha asumido y otro que nunca lo asumirá, aunque en su fuero interno abrazará las camisas de su amor cuando se encuentre solo o deprimido.
Brockeback Mountain es una historia de, sobre todo, egoísmo. El personaje de Heath Ledger deja de lado una familia, con una mujer maravillosa y dos hijas pequeñas. Hay escenas buenísimas que debían enarbolar las feministas: por ejemplo, Heath le suelta a las niñas a la madre, que también tiene que ir a trabajar, para irse a pescar con su amiguísimo. De nada sirve la angustia de la madre.
Ang Lee se merece el Óscar y eso que tampoco ha hecho nada del otro mundo. Planos largos, escenas lentas pero muy precisas, arrancando pedazos de realidad para hilvanar toda una vida a lo largo de unos veinte años. Hay escenas que ponen los pelos de punta y otras que aburren soberanamente, pero estoy segura que cualquier director hubiera vendido su alma por rodar algunas tomas con la sensbilidad con la que lo ha hecho Ang Lee.
Película apta para los amantes de la lágrima fácil, como yo que, con todos mis prejuicios frente a una película a la que se le ha dado tantísima publicidad, me he puesto a llorar como una magdalena. Eso sí, no lo he hecho al final (el final es bastante flojo, reconozcámoslo) sino en esas escenas donde la ira y la pasión se confunden y que son, sin duda alguna, lo mejor de la película.
El matrimonio CSI-Tarantino
Tanta expectación ante el episodio de CSI dirigido por Tarantino (Peligro Sepulcral) y, la verdad, no es para tanto.
En primer lugar, Tarantino se hace referencias a sí mismo. El capítulo es un claro homenaje a la segunda secuela de Kill Bill, aunque no provoca el mismo pánico que la escena de la película.
Además, la primera parte (o primer capítulo, pues son dos) es bastante floja. Se echan de menos las dos tramas que siempre combina CSI y que, para mí, son una de las bases de su éxito. La segunda (el desenlace) está llena de emoción.
Para mí, Tarantino es uno de los mejores autores contemporáneos, y subrayo que lo considero más autor que cineasta. Es uno de los pocos cuyo estilo es reconocible. En CSI lo demuestra con la secuencia donde Nicky imagina su muerte. En blanco y negro para que las imágenes no sean tan crueles, Tarantino derrocha humor negro.
A los amantes de CSI, este capítulo los decepcionará o los apasionará; a los seguidores de Tarantino, les emocionará la segunda parte y, al resto, nos dejará bastante fríos.
Nota para creativos de tv: a ver si toman ejemplo y se arriesgan a que los directores de cine intenten algo en televisión. Los resultados siempre serán interesantes, aunque sean como experimento.
En primer lugar, Tarantino se hace referencias a sí mismo. El capítulo es un claro homenaje a la segunda secuela de Kill Bill, aunque no provoca el mismo pánico que la escena de la película.
Además, la primera parte (o primer capítulo, pues son dos) es bastante floja. Se echan de menos las dos tramas que siempre combina CSI y que, para mí, son una de las bases de su éxito. La segunda (el desenlace) está llena de emoción.
Para mí, Tarantino es uno de los mejores autores contemporáneos, y subrayo que lo considero más autor que cineasta. Es uno de los pocos cuyo estilo es reconocible. En CSI lo demuestra con la secuencia donde Nicky imagina su muerte. En blanco y negro para que las imágenes no sean tan crueles, Tarantino derrocha humor negro.
A los amantes de CSI, este capítulo los decepcionará o los apasionará; a los seguidores de Tarantino, les emocionará la segunda parte y, al resto, nos dejará bastante fríos.
Nota para creativos de tv: a ver si toman ejemplo y se arriesgan a que los directores de cine intenten algo en televisión. Los resultados siempre serán interesantes, aunque sean como experimento.
Muchos y muchas en la entrega de Premios "8 de marzo"
Mañana es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y todas las instituciones se vuelcan en preparar discursos sobre la igualdad de género y dar premios a diestro y siniestro. En 2006 se cumplen 75 años desde que la mujer obtuvo el derecho al voto en España. El eslogan de los "Premios 8 de marzo" que entrega el Ayuntamiento de Getafe se queda un poco largo: 1931: derecho al voto; 1978: igualdad legal; Igualdad ¡ya! Muchas dicen que parece que sólo se habla de igualdad un día; para remediarlo, Getafe no tiene un día ni una semana para defender la igualdad y convocar este tipo de actos ¡tiene un mes!
Se han entregado menciones especiales a las asociaciones de mujeres de Getafe, que colaboran en la organización del certamen. Además, ha habido una vertiente local, otra regional y otra nacional. Incluso se han entregado dos premios a título póstumo: a Campoamor y a La Pasionaria. El público se ha puesto en pie para recibir a Amaya Ibarruri, hija de esta última, que ha pronuncido un emotivo discurso.
La mayoría de las galardonadas ha hablado con nerviosismo, apoyada por los familiares, amigos y compañeros desde el público. Otras han hecho de su discurso una extensión de un mitin político, subrayando cómo ha cambiado el país, hasta el punto de vista de ser irreconocible, desde hace dos años. Porque antes España estaba adormilada, paralizando adrede leyes en defensa de las víctimas de violencia doméstica, negando la voz a los que defendían la igualdad. No sé si advertís el tono irónico. Hoy no estoy muy inspirada.
Pues eso: acto soporífero donde los haya y con 45 minutos de retraso. Eso sí, es importante reconocer la labor de todos los que se ocupan no sólo de organizar estos eventos, sino que trabajan realmente codo con codo para que lleguemos más lejos aún de lo que ya hemos llegado.
Se han entregado menciones especiales a las asociaciones de mujeres de Getafe, que colaboran en la organización del certamen. Además, ha habido una vertiente local, otra regional y otra nacional. Incluso se han entregado dos premios a título póstumo: a Campoamor y a La Pasionaria. El público se ha puesto en pie para recibir a Amaya Ibarruri, hija de esta última, que ha pronuncido un emotivo discurso.
La mayoría de las galardonadas ha hablado con nerviosismo, apoyada por los familiares, amigos y compañeros desde el público. Otras han hecho de su discurso una extensión de un mitin político, subrayando cómo ha cambiado el país, hasta el punto de vista de ser irreconocible, desde hace dos años. Porque antes España estaba adormilada, paralizando adrede leyes en defensa de las víctimas de violencia doméstica, negando la voz a los que defendían la igualdad. No sé si advertís el tono irónico. Hoy no estoy muy inspirada.
Pues eso: acto soporífero donde los haya y con 45 minutos de retraso. Eso sí, es importante reconocer la labor de todos los que se ocupan no sólo de organizar estos eventos, sino que trabajan realmente codo con codo para que lleguemos más lejos aún de lo que ya hemos llegado.
El temporal de viento no me deja dormir
A las 7.35 de la mañana nos despertó un fuerte golpe en el patio interior: el ruido metálico de un objeto pesado que rebotaba contra las paredes. Como oíamos soplar el viento contra el piso y la lluvia gotear sobre el tejadito de uralita, decidimos no salir a ver qué había pasado. Tranquilos, nos volvimos a dormir.
A las 10.50 de la mañana ya parloteaban las vecinas, aventurando conjeturas sobre lo acaecido durante la noche.
- Yo creía que era una bomba.
- Yo pensé que era una bombona de gas que había explotado.
La verdad, no sé como suena una bomba ni la explosión de una bombona, pero os aseguro que ese ruido no se parecía en nada. Es que la gente se sugestiona fácilmente.
- Yo dije: alguien que se ha caído por la ventana.
- Anda, ¿cómo va a ser eso?
- Oye, hay gente muy desesperada.
La gente elegirá otro día y otra hora para suicidarse; no sé, a mí no se me ocurre hacerlo un domingo a las siete y pico, el único momento feliz de la semana cuando no se tiene que trabajar, cuando se duerme plácidamente. Además ¿dónde estaba el cuerpo?
Conclusión: una lámina de chapa que estaba anclada al tejado solamente por una cuerda (o algo así) ha caído al suelo. Misterio resuelto.
Patri, puedes volver a dormir plácidamente. Media vuelta en la cama y a taparse hasta las orejas. Pero el temporal no había pasado: hasta las 12.30 han estado intercambiando recetas de cocina, remedios quitamanchas, consejos para teñir la ropa y diagnósticos sobre las diferentes enfermedades familiares. Domingo, dulce domingo.
A las 10.50 de la mañana ya parloteaban las vecinas, aventurando conjeturas sobre lo acaecido durante la noche.
- Yo creía que era una bomba.
- Yo pensé que era una bombona de gas que había explotado.
La verdad, no sé como suena una bomba ni la explosión de una bombona, pero os aseguro que ese ruido no se parecía en nada. Es que la gente se sugestiona fácilmente.
- Yo dije: alguien que se ha caído por la ventana.
- Anda, ¿cómo va a ser eso?
- Oye, hay gente muy desesperada.
La gente elegirá otro día y otra hora para suicidarse; no sé, a mí no se me ocurre hacerlo un domingo a las siete y pico, el único momento feliz de la semana cuando no se tiene que trabajar, cuando se duerme plácidamente. Además ¿dónde estaba el cuerpo?
Conclusión: una lámina de chapa que estaba anclada al tejado solamente por una cuerda (o algo así) ha caído al suelo. Misterio resuelto.
Patri, puedes volver a dormir plácidamente. Media vuelta en la cama y a taparse hasta las orejas. Pero el temporal no había pasado: hasta las 12.30 han estado intercambiando recetas de cocina, remedios quitamanchas, consejos para teñir la ropa y diagnósticos sobre las diferentes enfermedades familiares. Domingo, dulce domingo.
Ayer pasé la noche con HIM
En un ambiente lúbrico-gótico, tuvo lugar ayer por la noche el concierto de HIM en la Riviera (Madrid). La cola, plegada como la de los parques de atracciones, daba una gran vuelta al parque que hay antes de la sala y se prolongaba por el puente sobre el Manzanares (en obras). Ya habían comenzado las actuaciones previas (Natural Project) y la gente seguía llegando.
La organización fue muy buena. Primero, comprobaron por el DNI de la mayoría de edad de cada asistente (prohibida la entrada a menores); después, se aseguraron de que nadie llevaba elementos sospechosos y, por último, certificaron la validez de las entradas. El interior nada tenía que ver con otros conciertos, abarrotados, a los que he asistido en otras ocasiones. La Riviera tiene el aforo muy medido y nos permitió estar a nuestras anchas. Ya sólo falta que a alguien se le ocurra colocar al personal por altura.
¿Lo peor? Los 28 euros de la entrada. A los fans de HIM no se nos debió hacer muy caro, porque horas antes ya se habían vendido todas y los revendedores ofrecían su mercancía (imagino que a precios bastante superiores a la media). En Internet, que yo haya visto, la entrada se revendía a 60 euros. A ello añadamos los 9 euros que valía cada mini de cerveza y el transporte hasta allí: ¡uf, mejor no hago cuentas!
HIM comenzó tocando Rip out the wings of a butterfly y, la verdad, lo hizo mal, muy mal. Después se ve que le cogió el truquillo y el resto del concierto fue un derroche de voz, calidez y guitarra. Si tenéis ocasión de verlos en concierto, no os perdáis al guitarra (el de la melena rubia de trenzas hasta la cintura), que fue casi lo mejor. El escenario estaba adornado con candelabros de muchos brazos y velas iluminadas.
Ville Valo, el cantante, no paró de fumar durante todo el concierto, y digo yo que debe ser muy difícil fumar y cantar a la vez, pero el tío lo hacía con todo su arte. Mi teoría es que el fumeteo no es porque el cantante no pueda aguantar sin nicotina, sino porque formaba parte del espectáculo. Era bonito ver el amaneramiento con el que encendía cada cigarrillo y las volutas de humo, entre las luces de colores y la música vibrante, que salían de su boca.
Entre el público (la verdad, no iban demasiado disfrazados de góticos) predominaban las mujeres. Todo el mundo se extraña de que, en un concierto de love-metal (así define HIM su música) haya casi más mujeres que hombres pero, la verdad, a mí me soprendería que fuera al revés. Es una música muy suave, en mi opinión, para los rockeros de toda la vida. Las posturas del cantante son de lo menos masculinas y la letra de las canciones apela, la mayoría de las veces, a la soledad, a la amor, al sacrificio. HIM tiene un encanto peculiar difícil de describir y puedo decir que el ambiente era, sobre todo, muy lúbrico (preguntad a los que fueron (o irán, que hoy actúa en Barcelona) y os dirán lo mismo.)
Respecto a esto, tengo que añadir (así a modo de kit-kat) que estoy segura que la película de El Cuervo (y todas sus secuelas) tienen más audiencia femenina que masculina.
Resumiendo: HIM tocó las seis primeras canciones de su último disco, cinco del primero (el de la preciosa portada rosa), otras tantas de los discos intermedios (lo siento, no son de mi gusto) y un último homenaje a Los Ramones para terminar. A eso de las 11 de la noche fuimos saliendo, con unas colas inmensas para salir al exterior, un hombre con una plancha vendido chorizos y panceta y una marea de góticos viajando hacia el metro.
Una nota para los despistados como mi novio y yo, que dimos muchas, pero que muchas, vueltas por el metro hasta saber dónde estaba la Riviera: la parada de metro más cercana es Puerta del Ángel.
La organización fue muy buena. Primero, comprobaron por el DNI de la mayoría de edad de cada asistente (prohibida la entrada a menores); después, se aseguraron de que nadie llevaba elementos sospechosos y, por último, certificaron la validez de las entradas. El interior nada tenía que ver con otros conciertos, abarrotados, a los que he asistido en otras ocasiones. La Riviera tiene el aforo muy medido y nos permitió estar a nuestras anchas. Ya sólo falta que a alguien se le ocurra colocar al personal por altura.
¿Lo peor? Los 28 euros de la entrada. A los fans de HIM no se nos debió hacer muy caro, porque horas antes ya se habían vendido todas y los revendedores ofrecían su mercancía (imagino que a precios bastante superiores a la media). En Internet, que yo haya visto, la entrada se revendía a 60 euros. A ello añadamos los 9 euros que valía cada mini de cerveza y el transporte hasta allí: ¡uf, mejor no hago cuentas!
HIM comenzó tocando Rip out the wings of a butterfly y, la verdad, lo hizo mal, muy mal. Después se ve que le cogió el truquillo y el resto del concierto fue un derroche de voz, calidez y guitarra. Si tenéis ocasión de verlos en concierto, no os perdáis al guitarra (el de la melena rubia de trenzas hasta la cintura), que fue casi lo mejor. El escenario estaba adornado con candelabros de muchos brazos y velas iluminadas.
Ville Valo, el cantante, no paró de fumar durante todo el concierto, y digo yo que debe ser muy difícil fumar y cantar a la vez, pero el tío lo hacía con todo su arte. Mi teoría es que el fumeteo no es porque el cantante no pueda aguantar sin nicotina, sino porque formaba parte del espectáculo. Era bonito ver el amaneramiento con el que encendía cada cigarrillo y las volutas de humo, entre las luces de colores y la música vibrante, que salían de su boca.
Entre el público (la verdad, no iban demasiado disfrazados de góticos) predominaban las mujeres. Todo el mundo se extraña de que, en un concierto de love-metal (así define HIM su música) haya casi más mujeres que hombres pero, la verdad, a mí me soprendería que fuera al revés. Es una música muy suave, en mi opinión, para los rockeros de toda la vida. Las posturas del cantante son de lo menos masculinas y la letra de las canciones apela, la mayoría de las veces, a la soledad, a la amor, al sacrificio. HIM tiene un encanto peculiar difícil de describir y puedo decir que el ambiente era, sobre todo, muy lúbrico (preguntad a los que fueron (o irán, que hoy actúa en Barcelona) y os dirán lo mismo.)
Respecto a esto, tengo que añadir (así a modo de kit-kat) que estoy segura que la película de El Cuervo (y todas sus secuelas) tienen más audiencia femenina que masculina.
Resumiendo: HIM tocó las seis primeras canciones de su último disco, cinco del primero (el de la preciosa portada rosa), otras tantas de los discos intermedios (lo siento, no son de mi gusto) y un último homenaje a Los Ramones para terminar. A eso de las 11 de la noche fuimos saliendo, con unas colas inmensas para salir al exterior, un hombre con una plancha vendido chorizos y panceta y una marea de góticos viajando hacia el metro.
Una nota para los despistados como mi novio y yo, que dimos muchas, pero que muchas, vueltas por el metro hasta saber dónde estaba la Riviera: la parada de metro más cercana es Puerta del Ángel.
Compartid secretos
Secretos compartidos es una comedia romántica, de eso no cabe duda. Comencé a verla esperando encontrarme con una serie de paparruchadas melosas y me sorprendí al comprobar la delicadeza que envuelve a toda la película. Es una mezcla de humor, de mordacidad, de ternura y, sobre todo, de amor. El film destila amor por todas partes: amor entre una madura y un jovencito, el amor de una madre por su hijo, el amor de una mujer por sus futuros hijos...
Lo que me llamó la atención cuando vi un cartel publicitario en la parada de los taxis fue el reparto. No os perdáis la interpretación de la genial Meryl Streep, perfecta en casi todo lo que hace, esta vez con una pinta de psicóloga tan real que desearíamos que fuera nuestra terapeuta. Uma Thurman está perfecta en su papel de enamorada (y yo que creía que sólo se le daban bien las catanas). Deja más que desear la interpretación del joven (y desconocido en España) Bryan Greenberg; al principio a mí me pegaba más un Matthew McConaughey, pero es que el protagonista tenía que tener ese aire bobo (a la vez que encantador) de Greenberg.
La página web está bastante currada.
Otra película que he visto últimamente es Casanova. Entretenida, sí, como esas películas de los sábados por la tarde. Y decir esto de ella ya es exagerar.
Lo que me llamó la atención cuando vi un cartel publicitario en la parada de los taxis fue el reparto. No os perdáis la interpretación de la genial Meryl Streep, perfecta en casi todo lo que hace, esta vez con una pinta de psicóloga tan real que desearíamos que fuera nuestra terapeuta. Uma Thurman está perfecta en su papel de enamorada (y yo que creía que sólo se le daban bien las catanas). Deja más que desear la interpretación del joven (y desconocido en España) Bryan Greenberg; al principio a mí me pegaba más un Matthew McConaughey, pero es que el protagonista tenía que tener ese aire bobo (a la vez que encantador) de Greenberg.
La página web está bastante currada.
Otra película que he visto últimamente es Casanova. Entretenida, sí, como esas películas de los sábados por la tarde. Y decir esto de ella ya es exagerar.