logotipo

img_google
ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
El camino hacia la intertextualidad
Desde que Flymusic entró en mi vida gracias a la TDT he descubierto grupos que de otra manera pasarían desaparcibidos. La mayoría de los grupos que sigo, aunque más por canciones sueltas que por un trabajo constante, no suelen tener éxito en España o, al menos, sus ventas son poco más que discretas.

Lo último que os traigo se refiere a algo que en clase hemos estudiado hasta la saciedad y que me parece uno de los temas más interesantes: la intertextualidad. Este palabro no es nada más, ni nada menos, que las relaciones que se establecen entre textos; en lenguaje común, las referencias. Eso que proporciona tanto placer cuando el espectador las descubre.

El grupo del ahora ex-actor Jared Leto, 30 seconds to Mars, juega en el video de The Kill con "El Resplandor" (obviamente, más con la película de Kubrick (The Shining, 1980) que con la novela de Stephen King). "El Resplandor", esa película que atemoriza y hace reír a la vez, parodiada ya por Los Simpson en su memorable capítulo "El resplandior".

30 seconds... podrían haber ido más lejos, pues las referencias se mantienen sólo en una primera parte del vídeo. Estas conexiones reinventan la estética, pues son mucho más oscuras, más estilizadas y, sobre todo, más contemporáneas. El vídeo resbala hacia una historia completamente distinta pero que pone sobre la mesa el juego del desdoblamiento de personalidad, algo ya trabajado por Kubrick.

Será mejor que lo veáis vosotros mismos...

 
... Y Bullock resucitó...
Charleroi espera por segunda vez al Madrid, deseoso de ganar una Copa Uleb que ya se le escapó hace años. La cita es el martes 10 de abril.

El equipo de Joan Plaza se ha impuesto a los Unics Kazan con una contundencia asombrosa. Ya que en la idea hicieron gala del peor baloncesto visto en muchos años (y aún así sólo perdieron de siete puntos), la vuelta les ha devuelto la ilusión y, sobre todo, la confianza perdida. Felipe Reyes ha confirmado, por si a alguien le quedaba alguna duda, que es absolutamente imprescindible para el equipo y Sekulic ha conseguido hacerse un hueco nada desdeñable debajo del aro. Hervelle peleó como siempre, incansable. Bullock por fin despertó de su letargo de los últimos partidos y volvió a sus cifras habituales (hoy, 27 puntitos), para gran alegría de una afición que hizo retumbar Vistalegre.

Sin embargo, el revulsivo de un partido que comenzó lento fue Raúl López, que supo mantener un ritmo al que los rusos no pudieron acostumbrarse. A Charles Smith le pudo la ansiedad de meter puntos y se retiró con una actuación no demasiado buena. Tunceri, aún no recuperado del todo, hizo lo que pudo y dio asistencias muy valiosas. El gran desaparecido sigue siendo Marko Tomas, que últimamente anda algo descolgado del juego de sus compañeros.

En cuanto al equipo ruso, que realmente nunca llegó a brillar, sólo Darjus Lavrinovic se salva de la quema. Comenzaron peleando, conocedores de que tenían que defender sus siete puntos de ventaja, pero su juego se tornó pronto desordenado, inconstante. Cuando el Madrid alcanzó la ventaja que necesitaba desplegó todo su arsenal, comenzó a dominar, a sentirse cómodo en la pista y a disfrutar de su propio juego. Bullock encontró su poder perdido y asombró con alguna que otra canasta de manual baloncestístico. Felipe, más que asombrar, deslumbró con un juego potente, agresivo y, a la vez, seguro. El Madrid todavía se permitió flaquear en el último cuarto y el Unics Kazan creyó ver ciertas posibilidades de una épica remontada, posibilidades que pronto quedaron enterradas en una ventaja irremontable.

Con este panorama el Real Madrid viaja a Bélgica para enfrentarse con el Lietuvos Rytas, un equipo joven con ganas de ganar títulos pero cierta inexperiencia. La final promete ser vibrante y, pase lo que pase, al menos el Madrid ya tiene garantizada su participación en la próxima Uleb.

 
Dardos contra las "falsas vocaciones"
Alberto Fernández Salido y Carlos Serrano Barrie lanzaron potentes dardos contra la realidad del periodismo en su libro "Copiar y pegar", publicado en 2003. Su objetivo expreso era matar las "falsas vocaciones" para acabar con la gran demanda de esta carrera.

Mezclando hábilmente una trama de ficción y una serie de interesantes entrevistas con reconocidos profesionales de medios diversos, han decidido hacer de la vocación periodística su bandera. Críticos, mordaces, a veces exagerados y siempre con un pie en el sueño de lo que quisieron ser y otro en la realidad, el resultado es un libro ameno, fácil de leer y que logra tocar alguna que otra fibra sensible en el interior del lector.

Los autores defienden un periodismo de calle más que de mesa y atacan frontalmente a los medios que están en manos de grandes empresas, a los políticos que manipulan la información y a los periodistas que hacen su trabajo de forma mediocre sin plantearse mayores aspiraciones. Para ellos, los ingredientes para el abandono de la vocación son las insufribles horas como becarios, los bajísimos sueldos, el gran número de horas de trabajo y la falta de libertad creativa a la hora de escribir un texto. Lloran por la ausencia de grandes historias en los periódicos, que se dedican a rellenar espacios para insertar publicidad y que cada vez piensan menos en lo que le interesa al lector.

El panorama, a sus ojos, se muestra sombrío y el único antídoto es una gran vocación. Pero ¿qué es la vocación? ¿Basta sólo con la vocación para enfrentarse a las exigencias de la vida contemporánea? Los horarios, la familia, el terrible final de mes, el tiempo de ocio...

Los autores pecan quizá de dirigir demasiado las entrevistas, de repetir frases muy manidas, de jugar con el estereotipo del periodista pero hay que reconocer que "Copiar y pegar" es, sin duda, un libro valiente y completamente distinto de los que circulan por el mercado.

 
Carnaval, Carnaval...
Youtube es el transmisor de curiosidades por excelencia. No soy ninguna fanática del carnaval, pero hay que decir que algunos disfraces consiguen animarte el día más tonto. Un ejemplito de lo que se cuece en el llamado "carnaval universitario" de Ciudad Real.

 
Love hurts...
Incubus es uno de tantos grupos que me han sorprendido últimamente, en un momento en que la música anda de capa caída. Con Love hurts se han sacado de la manga una balada rock con el mismo sabor de las de siempre pero con algún que otro aliciente nuevo. Podéis escuchar esta canción (y no os perdáis Anna Molly) buscando un poquito en los enlaces de su web. Os cuelgo este pequeño scroller pillado de Metrolyrics para que podáis revisar vuestro inglés y dejaros atrapar por algunas palabras bonitas...

Tonight we drink to youth...
Love hurts but something it's a good hurt and it feels like I'm alive.



lyrics - Incubus Lyrics
 
Pseudodictadura
En mi clase vivimos la dictadura de un pequeño grupo de gilipollas porque, lamentablemente, gilipollas tiene que haber en todas partes. Se trata de personas que no solamente hacen valer su opinión por encima de la del resto y no toman en consideración ningún tipo de proceso democrático organizativo de la cosa más simple del mundo, sino que también se ocupan de echar por tierra las acciones de todo aquel que no consideran "guay". Ellos son "guays", sí, si por tal entendemos ser unas personas excesivamente competidoras, es decir, unos "trepas". Porque no tienen otra palabra.

Me siento en primera fila (llamadme empollona, sí, jeje). Durante las clases hablamos bastante, algo que también hace el resto de alumnos. Todo el mundo arma alboroto y nosotras no nos quejamos, cuando nosotros hablamos se empiezan a escuchar shhhshhh con la boca pequeña.

Siempre se ha dicho que no es tonto el que pregunta sino el que se queda con la duda. Bien, el grupo de elite de la clase puede lanzar al aire cualquier reflexión, que será tomada en cuenta y analizada con el resto de la clase. ¡Ay de nosotras si hacemos una pregunta! ¡Ay, qué risas nos esperan!

Y es que para entrar a la Universidad exigen una nota mínima pero nadie se ocupa de exigir un mínimo de educación. O, al menos, que la edad natural se corresponda con la edad mental. Como mis amigas y yo somos personas civilizadas, nos callamos y dejamos que sigan a lo suyo, si eso les hace felices. Sabemos que contestarles, aunque a veces lo hagamos, es seguirles el juego. De verdad, cada vez nos parecemos más a nuestros poderes públicos...

 
Las grandes historias
La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones, me ha traído a la mente sabores de otros platos cocinados antes. Se trata de una novela tejida sobre unos mimbres usados, pero igualmente efectiva, y deslumbrante, como sus predecesoras en el género de las grandes historias.

Mis libros preferidos siempre han estado apoyados en lo que yo llamo una gran historia. Los personajes no suelen ser grandes héroes, a menudo tienen cierta doble moral pero, paradójicamente, se atienen a sus principios. Cada reacción a cada suceso, por inverosímil que resulte a veces, está plenamente justificada en el desarrollo del texto. No sólo encontramos una justificación mirando hacia atrás sino que, una vez terminada la historia, podemos reconocer una serie de motivos significativos que estaban ahí sin que nos percatáramos de ello.

Los personajes protagonistas cometen errores, aman a sus parejas pero también suelen tener profundos afectos hacia la familia y hacia aquellos que los han ayudado. Son agradecidos, pero alimentan poco a poco su sed de venganza por algo que les marcó en el pasado. Sin llegar al extremo de mi amado Edmundo Dantés, cualquier personaje que ha sido atado, por caprichos del autor, a un destino que no puede controlar termina vengándose de los que le hicieron daño.

Puede parecer que dicha venganza está presente en cada pieza de literatura para satisfacer los más profundos deseos del lector, a menudo también caprichoso como el autor, pero totalmente decidido a enamorarse de unos personajes de ficción que va conociendo poco a poco. Esto hace que las grandes historias se reconozcan también por la rabia y la desidia que generan en el lector. Todavía recuerdo cuando me leí, hace años ya, Los Pilares de la Tierra (de Ken Follet, pieza inaugural del nuevo subgénero denominado novela de catedrales): trabajaba por la mañana, solía leer a mediodía y por la tarde, en el trabajo, aún me mordía las uñas, aún tenía ganas de dar un sonoro puñetazo sobre la mesa, al recordar una trama que me había dejado en vilo. Es la única novela, dicho sea de paso, por la que he perdonado la siesta en verano.

Las grandes historias, al fin y al cabo, tienen éxito por lo que nos dicen de nosotros mismos y de la raza humana en general. Nos permiten conocer el origen y el destino de toda una estirpe de gente común, con sus valores y sus desgracias, de modo que se convierten, durante el tiempo que dura la ficción, en nuestra familia. Las grandes historias están siempre en nuestro origen y en nuestro destino, las llevamos con nosotras por la calle, las subimos al autobús, les pedimos explicaciones, discutimos con ellas, las adoramos y renegamos. Las grandes historias nos deleitan y nos hacen sufrir y, cuando terminan, dejan un pequeño vacío, el mal sabor de una despedida que no se produce, la tristeza de saber que esos personajes, esas vidas, han quedado atrapadas, para bien y para mal, en un papel del que no podemos sacarlas. El único consuelo es volver al inicio, entregarnos de nuevo al placer pero, seamos sinceros, nunca, nunca, el placer, el dolor, la pasión, la tristeza y la rabia son iguales que cuando nos acercamos a una gran historia por primera vez.
 
"Confessions" in a cercanías
En los últimos quince días he tenido varios momentos Superpop. Entendemos por tal término aquel que designa una regresión a la más profunda adolescencia y que se manifiesta en conversaciones absurdas, palmoteos exacerbados y un incesante hablar del sexo opuesto. Cuál ha sido mi sorpresa al comprobar, que no descubrir, que "ellos" también viven sus momentos FHM.

Lunes. 5 de la tarde. Incipiente primavera. Cercanías destino Parla. Dos chicos, de aspecto normal (ni locas ni raperos ni pijos ni castores ni erasmus...) y rondando la treintena, se confiesan al más puro estilo Sexo en Nueva York. La que escribe pega bien la oreja (periodismo de investigación que se llama, jeje).

El sábado por la noche, Chico A se había enrollado con una chica y, según todos los indicios, no era la primera vez. Estaban en una fiesta, se sentaron juntos, "nos besamos tres segundos, me separé y ella me miró a los ojos" y siguieron besándose. Una vez terminado el momento pasional, ella, que había tomado la iniciativa, le dijo que le quería mucho pero que "no era el momento". Chico A se mostró abatido, le dijo que "enrollarnos no es lo mejor para que yo me aclare". Llegó el momento de los tequieros enlazados con reproches. El éxtasis llegó con "es que después de lo de mi marido no quiero complicarme".

Chico A, lunes a las 5 en la incipiente primavera, pide consejo a Chico B. Chico B le dice que si cree que se ha equivocado. Chico A responde que sí. Se aprecia que Chico A está enamorado, aunque quizá no lo sepa. De Chica X no sabemos nada, pero ha dejado a Chico A destrozado.

¿Veis? Momentos de confessions los hay a patadas, incluso cuando y donde menos te lo esperas. De aquí al Diario de Patricia...

 
Falsa independencia
Comprobado está que, conforme te haces mayor, pierdes independencia. Te pasas toda la infancia contando los días que faltan para cumplir los 15. En la adolescencia, los 18 parecen estar muy lejanos. Ah, los 18... esa edad que parece ser el comienzo de todo... poder fumar, beber, salir sin tener hora de llegar a casa... Una de mis metas al cumplir los 18 era aprender a conducir y así lo hice. Conseguir un coche de segunda mano fue el siguiente paso.

Entonces llega la Universidad. El primer año se pierde en intentar saber dónde estás. ¿Qué es eso de cocinar? ¿Residencia de estudiantes, piso... bajo un puente vistos los precios? Y hacerte un grupo de amigos que irá variando y variando según el capricho de quienes hagan los planes de estudios. Dicen que los amigos de la Universidad son amigos para toda la vida. Si es que el sufrimiento une mucho.

Y entonces llegas a los 22. Estudias, trabajas, mantienes una relación, pierdes la noción de dónde vives y los días de 24 horas de repente empiezan a hacerse muy, muy cortos. Es en ese momento, cuando se te pasa por la cabeza que a lo mejor puedes hacer algo por ti misma, que quizá seas capaz de hacer algo sola, que te apetece que las cosas empiecen a ser tuyas y no de tu novio, de tus padres, de tu casero o vete a saber de quién. Decides comprarte un coche, porque quieres, porque lo necesitas y porque te lo puedes permitir. Buscas, analizas, pruebas, te ilusionas... para nada. Es entonces, sí, cuando empiezan los discursos entre líneas sobre la naturaleza de los caprichitos y resuenan en tu cabeza unas palabras nunca pronunciadas de niñita mimada, de niñita caprichosa. Algo que nadie te ha dicho pero que en tu interior es patente.

Como todo en la vida, no sabes si es cierto o falso, si es una sensación o una verdad. Pero el hecho es que en esta vida se vive de sensaciones y si decides echarte para atrás en tu decisión es para poder sentirte bien contigo misma, sin la sensación de traicionar a nadie. Para que nadie te pueda echar nada en cara.

Empiezan en ese momento las dependencias ajenas. Justificar dónde vas y por qué, ajustar horarios con toda la familia... y te sientes como una niña pequeña, a la que de nada le han servido cuatro años viviendo sola y una boda a la vista. Te levantas cada sábado y cada domingo a trabajar con la sensación de que no pintas nada; de que, al fin y al cabo, te lo van a dar todo hecho. Aquello que te enseñaron de pequeña, y de no tan pequeña, sobre el esfuerzo individual flota en el aire, en suspensión.

Entonces miras las notas del cuatrimestre. Unas notas que has obtenido con mil cosas dando vueltas en la cabeza, sin que te guste de verdad ninguna asignatura, preguntándote que sentido tiene tanto esfuerzo... y, para mí, las notas, al menos las de este año, sólo tienen un sentido: es lo único que nadie me ha regalado.