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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
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Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
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Amad a Amadeus
Milos Forman dirigió, en 1989, la gran película Amadeus. Es grande por su duración (2 horas y 50 minutos) pero si algo la hace grande es, sin duda, el guión.

Una perfecta caracterización de personajes, que hace que admires a Mozart y, por ello, lo compadezcas. Te adentra en la vida de un genio cuya genialidad se convirtió en locura y esto lo destruyó. Pero la caracterización hace también que sientas cierta complicidad con el malvado Salieri y sepas qué íntimas razones le empujaron a hacerle la vida imposible al compositor alemán. Los dos protagonistas se complementan a la perfección y, en la más curiosa de las intrigas, hacen que te sientas parte de la historia, que rías con Mozart, que sufras con Salieri y que se te rompa el corazón al unirte al declive de ambos. Porque si bien Salieri dirigió todas las intrigas de la corte contra Mozart (al menos según esta película), se escondía para poder escuchar al genio. Los protagonistas son la envidia, la ambición y la destrucción.

Pero el guión reserva más sorpresas. Hay dos maneras de hablar de música: una, hablar de tonos, escalas, mostrar partituras y bocas abiertas ante la belleza de una composición; otra, enseñarnos una chispa creativa, hacernos escuchar la música y mostrarnos el resultado final, todo a la vez, en unos planos muy cortos y seguidos. La asociación de ideas es bestial. Explota dentro, comprendes qué tenía Mozart en su cabeza y entiendes, además, de dónde viene la envidia de Salieri. Y es que, en su situación, cualquiera hubiéramos pedido a Dios, sacrificándonos el resto de la vida, por tener una pizca del talento de Amadeus.

Pongamos una pega a esta obra maestra: las narraciones de Salieri a veces se hacen demasiado extensas y deseamos que aparten de nuestra vista a ese viejo decrépito y nos sumerjan de nuevo en la magnífica atmósfera de palacio.

Una nota, para terminar: sorprende ver los orígenes de unas actrices ahora famosas. Cynthia Nixon (Miranda en Sexo en Nueva York) hace de criada de Mozart y se la identifica por su cabello pelirrojo y la mirada, pero por nada más. 17 años no pasan en balde.

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