Un poquito de ética periodística, por favor
Estos días he estado acudiendo al centro de mayores "Ramón Pérez de Ayala", situado en Puente de Vallecas (Madrid, España). Mi objetivo era entrevistar a una mujer y conseguir que me contara su historia. Desde el primer día conectamos muy bien y me contó todo lo que quise saber, sin tartamudeos, emociones ni sonrojos. Hoy, sin embargo, la animadora del centro me ha dicho que han tenido muchos problemas para que la gente participase, pues los periodistas no están bien vistos por allí. ¿Por qué?
Hace unos meses, cuatro señoras pertenecientes al centro fueron atropelladas en las proximidades. Madrid Directo intentó entrevistar a estas mujeres una y otra vez pero ellas, que todavía tenían el susto en el cuerpo, se negaban a hablar. Lo que querían era olvidar todo. Viendo que no conseguían lo que querían, se colaron en el centro en dos ocasiones para sonsacar información a los mayores que van diariamente y que, dicho sea de paso, han hecho de este edificio casi su hogar.
Por ello muchos fueron reacios a entrevistarse con los estudiantes de periodismo que buscábamos la historia de sus vidas. Pero aún hay más.
El resto de periodistas que han participado han tenido algunos problemas y no han conectado con el mayor que tenían que entrevistas. ¿Por qué? Porque los trataban como a tontos. Y estas personas no son tontas, ni mucho menos, y, al ser tratados como tales, se cierran en banda a colaborar. También lo haríamos los jóvenes si los viejecitos vinieran con aires de sabiduría a descubrirnos algo que ya sabemos.
Estos mayores tienen una experiencia acumulada que vale la pena conocer. La mayoría de las historias son trágicas, y es aquí donde el trabajo de los animadores sociales cobra vital importancia. La animadora del centro me ha contado que muchas veces se emociona porque, al final de curso, algunos le dan las gracias por haberles enseñado a firmar y a leer. Y es que los que no saben leer son víctimas de todo tipo de engaños de gente sin escrúpulos y, en el mejor de los casos, de burlas de gente sin dos dedos de frente.
Especialmente las señoras ven en los centros de mayores la oportunidad que nunca tuvieron. Las actividades que pueden realizar son de los más variopinto: informática, cultura general, macramé, sevillanas, etc. Y digo que son especialmente las señoras las que disfrutan porque la mayoría de ellas no pudieron ir a la escuela y tuvieron que obedecer siempre al marido. Es por ello que, en cuanto alguien intenta imponerles algo, se rebelan. Es por eso que son tan cabezonas.
Desde aquí quiero pedir un poco de respeto y, sobre todo, algo de ética periodística, pues en estos tiempos es lo que más va haciendo falta. El periodismo consiste en transmitir historias: ir con aires de superioridad no conviene a nadie. Igualarnos al entrevistado es lo que nos dará la mejor información y, sobre todo, la mayor satisfacción.
Hace unos meses, cuatro señoras pertenecientes al centro fueron atropelladas en las proximidades. Madrid Directo intentó entrevistar a estas mujeres una y otra vez pero ellas, que todavía tenían el susto en el cuerpo, se negaban a hablar. Lo que querían era olvidar todo. Viendo que no conseguían lo que querían, se colaron en el centro en dos ocasiones para sonsacar información a los mayores que van diariamente y que, dicho sea de paso, han hecho de este edificio casi su hogar.
Por ello muchos fueron reacios a entrevistarse con los estudiantes de periodismo que buscábamos la historia de sus vidas. Pero aún hay más.
El resto de periodistas que han participado han tenido algunos problemas y no han conectado con el mayor que tenían que entrevistas. ¿Por qué? Porque los trataban como a tontos. Y estas personas no son tontas, ni mucho menos, y, al ser tratados como tales, se cierran en banda a colaborar. También lo haríamos los jóvenes si los viejecitos vinieran con aires de sabiduría a descubrirnos algo que ya sabemos.
Estos mayores tienen una experiencia acumulada que vale la pena conocer. La mayoría de las historias son trágicas, y es aquí donde el trabajo de los animadores sociales cobra vital importancia. La animadora del centro me ha contado que muchas veces se emociona porque, al final de curso, algunos le dan las gracias por haberles enseñado a firmar y a leer. Y es que los que no saben leer son víctimas de todo tipo de engaños de gente sin escrúpulos y, en el mejor de los casos, de burlas de gente sin dos dedos de frente.
Especialmente las señoras ven en los centros de mayores la oportunidad que nunca tuvieron. Las actividades que pueden realizar son de los más variopinto: informática, cultura general, macramé, sevillanas, etc. Y digo que son especialmente las señoras las que disfrutan porque la mayoría de ellas no pudieron ir a la escuela y tuvieron que obedecer siempre al marido. Es por ello que, en cuanto alguien intenta imponerles algo, se rebelan. Es por eso que son tan cabezonas.
Desde aquí quiero pedir un poco de respeto y, sobre todo, algo de ética periodística, pues en estos tiempos es lo que más va haciendo falta. El periodismo consiste en transmitir historias: ir con aires de superioridad no conviene a nadie. Igualarnos al entrevistado es lo que nos dará la mejor información y, sobre todo, la mayor satisfacción.
Comentario:
Tienes toda la razón, Que pena la falta de escrúpulos de algunos para conseguir a la fuerza una noticia. Seguro que conseguirían mucho más con un poco de ética y educación.





