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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
La dualidad del ser
Algo se muere en el alma / cuando un amigo se va...

Esta semana he estado desaparecida porque ha muerto una de esas personas a las que consideraba amigas más que familiar. No me pierdo en detalles por respeto a la familia.

A lo que voy:

Es desconcertante, a veces, lo que llamaré la dualidad del ser. Tras horas y días eternos de hospital y de tanatorio, cualquier persona necesita liberar los pulmones, y a veces la risa es más necesaria que el llanto.

Lo bueno que tienen los funerales (si es que tienen algo bueno) es la posibilidad de volver a reunirte con aquella gente que quieres y que hace tiempo que no ves. Todos te muestran su apoyo, aunque sea con su sola presencia, en los momentos más difíciles. A todos ellos (de mi parte y de la de mi novio): gracias.

Entonces llegan los chistes. Es terrible y absurdo ver reír a la gente a carcajadas en la puerta de un tanatorio, entre vestiduras negras y lágrimas amargas. Es terrible y absurdo, pero a la vez es liberador. La risa estalla con una energía inusual y, por primera vez desde hace mucho tiempo, reímos de verdad, reímos porque nos apetece, reímos porque reír es necesario para la vida. Nada de risas falsas, de una tímida carcajada ante un chiste que no hemos terminado de entender... la conexión de la desesperación de la gente genera por fin algo positivo y no vale la pena avergonzarse de reír entre lágrimas.

A veces recuerdo a mi abuela, cuando se murió su madre (hará ya cinco años o así), pasar de la risa al llanto en uno de esos velatorios manchegos que no tienen desperdicio. Los hombres a un lado, las mujeres a otro, las más viejecitas rezando al lado del féretro, besos sonoros en las mejillas, jamoncito por aquí y por allá si se tercia y, de vez en cuando, una carcajada bien sonora.

Lina Morgan (o uno de sus personajes, años ha) decía que aburría a su amigos porque sólo conocía chistes de muertos, de los que se contaban en los velatorios del pueblo. Y no es una exageración almodovariana, es la realidad.

La vida subyace a las lágrimas y nos obliga a volver a preguntar por el presupuesto para asegurar el coche (que habíamos dejado de lado por unos días), nos obliga a llamar al trabajo para ver qué turnos nos tocan, nos obliga a volver a mirar, con monotonía, gruesos catálogos del vacaciones, nos obliga a pensar en el verano... nos obliga a olvidarnos de que la muerte puede estar a la vuelta de la esquina. Y tenemos que vivir con ello.
No