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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Síndrome postvacacional
He pasado unos días en Almuñécar (Granada) con mi novio y su familia para escapar de la queridísima feria de mi pueblo y su aglomeración de gente dándote el pésame. En Almuñécar, el tiempo se ha detenido y las piernas se han cansado. No hay nada como viajar en temporada baja, con el paseo marítimo desierto y los camareros dispuestos a llenarte la barriga sin hacerte esperar mucho tiempo. Sin que los calamares sepan a croqueta y el pulpo a jamón. Es estupendo zambullirte en la piscina sin que ningún niño se te cruce ni te den con la pelota en la cabeza. Es genial sentarte en la terraza por la noche y poder gritar y reir y hablar de lo que sea porque no hay nadie en ninguno de los apartamentos aledaños.

Y vuelta a la rutina. Personalmente, y a pesar de que llevaba sin salir de vacaciones dos años, no siento pena al volver a una casa vacía con olor a cerrado con una montaña de ropa sucia y el sabor de la sal todavía en los labios. Estoy deseando llegar a casa para descargar las fotografías en el ordenador, mirarlas una y otra vez y comentarlas. Pero ayer por la mañana llegué después de seis horas de un viaje estupendo, cantando a voz en grito con mi novio en el coche (que es realmente lo bueno de las vacaciones) y la depresión vino a mí con una rapidez asombrosa.

Al abrir la puerta veo que el número de bolsas de basura ha aumentado, que la pelusa campa por doquier, que el baño sigue pringado de maquillaje... y las casa se me cae encima. No me importan los trabajos que me quedan por entregar ni los tropecientos examenes que comienzo en quince días. Me importa tener que soportar a una compañera de piso sinvergüenza y guarra y, dados los antecedentes, tengo que dar gracias porque esta vez no ha invitado a los okupas. Me importa no saber dónde voy a vivir el año que viene y tener que echar números para entender cómo se puede pedir 300 euros por una microhabitación en un barrio asqueroso de Getafe. Me importa tener que marcharme de un piso que yo busqué y respeté y que una persona sin escrúpulos, dignidad ni ganas de trabajar campe a sus anchas sin ninguna preocupación.

En resumidas cuentas: después de todo tengo que hacer un esfuerzo para intentar ponerme al día y salvar el cuello estos examenes. Deseadme suerte.
No