Los pelos son una construcción cultural
La depilación suele ser, más que el solsticio de verano, lo que anuncia que se han terminado los examenes. Este año he adelantado tan importante fecha una semana y, durante la hora que tardo en despejarme las zonas peludas, me he puesto a reflexionar.
Mi profunda reflexión viene al cabo de que he descubierto que los chicos comenzaron hace unos años a depilarse las piernas. Para mí esto es incomprensible. Si fuera chico, ni me afeitaría. Y es que no sé por qué las mujeres tenemos que depilarnos.
Entiendo que el vello de la axila deba eliminarse por pura higiene y, la verdad, se agradece. Pero ¿por qué no podemos lucir la melena de nuestras piernas al viento? ¿Qué nos lo impide?
Simplemente, la depilación es una construcción cultural. Es decir, desde chiquititas nos han señalado a las mujeres que iban sin depilar: "mira esa qué guarra ahí con los pelos" y nos han bombardeado con imágenes de cremas depilatorias, cuchillas, cera insufrible y máquinas que hacen un ruido horroroso. Y todo ¿para qué? Cada mes la misma historia para ser más bellas. Y es que la belleza sí que es una construcción cultural. Si desde pequeñas nos hicieran competir por tener los pelos más largos y más negros, otro gallo nos cantaría. ¿No le dejan acaso a todas las niñas el cabello largo para que hagan la Primera Comunión estupendas de la muerte? ¿Por qué marginamos a las piernas de este modo?
Sí, es un gustazo acariciarse las piernas recién depiladas, cuando ha bajado la hinchazón y ya nos acordamos de los gritos que hemos dado. Entonces nos encontramos una piel blanca y reseca, pero eso es otra historia. En ese momento se activa nuestro mecanismo de reconocimiento de la belleza tras el sufrimiento, esto es, ya que hemos sufrido de lo lindo, al menos que nos quede el consuelo de que vamos a ligar más.
Tengo un trauma, no tan infantil, respecto a este tema. El verano que tenía 12 años, creo recordar, salí por fin con unos pantalones cortos por encima de la rodilla. Yo iba tan feliz aunque me había dado cuenta de que mi cuerpo a no era el de una niña. Fue entonces cuando un niño comenzó a meterse conmigo, a reírse de mí diciendo: "pareces un chico, pareces un chico, mira qué pelos". Yo le miraba a él y veía que tenía pelos, pero no le dije nada. Aquel día fue el de mi primera depilación.
Y es que la primera depilación es casi más importante que la primera regla, porque se ve. Lo peor es que se empieza depilándose sólo hasta media pierna, luego la pierna entera, luego te ves dos pelos en el bigote, después te da vergüenza enseñar los pelos de tus partes íntimas... hasta que terminas por arrancarte dolorosamente los pelillos de las cejas. En ese momento, no hay vuelta atrás. Tendrás que depilarte el resto de tu vida.
Mi profunda reflexión viene al cabo de que he descubierto que los chicos comenzaron hace unos años a depilarse las piernas. Para mí esto es incomprensible. Si fuera chico, ni me afeitaría. Y es que no sé por qué las mujeres tenemos que depilarnos.
Entiendo que el vello de la axila deba eliminarse por pura higiene y, la verdad, se agradece. Pero ¿por qué no podemos lucir la melena de nuestras piernas al viento? ¿Qué nos lo impide?
Simplemente, la depilación es una construcción cultural. Es decir, desde chiquititas nos han señalado a las mujeres que iban sin depilar: "mira esa qué guarra ahí con los pelos" y nos han bombardeado con imágenes de cremas depilatorias, cuchillas, cera insufrible y máquinas que hacen un ruido horroroso. Y todo ¿para qué? Cada mes la misma historia para ser más bellas. Y es que la belleza sí que es una construcción cultural. Si desde pequeñas nos hicieran competir por tener los pelos más largos y más negros, otro gallo nos cantaría. ¿No le dejan acaso a todas las niñas el cabello largo para que hagan la Primera Comunión estupendas de la muerte? ¿Por qué marginamos a las piernas de este modo?
Sí, es un gustazo acariciarse las piernas recién depiladas, cuando ha bajado la hinchazón y ya nos acordamos de los gritos que hemos dado. Entonces nos encontramos una piel blanca y reseca, pero eso es otra historia. En ese momento se activa nuestro mecanismo de reconocimiento de la belleza tras el sufrimiento, esto es, ya que hemos sufrido de lo lindo, al menos que nos quede el consuelo de que vamos a ligar más.
Tengo un trauma, no tan infantil, respecto a este tema. El verano que tenía 12 años, creo recordar, salí por fin con unos pantalones cortos por encima de la rodilla. Yo iba tan feliz aunque me había dado cuenta de que mi cuerpo a no era el de una niña. Fue entonces cuando un niño comenzó a meterse conmigo, a reírse de mí diciendo: "pareces un chico, pareces un chico, mira qué pelos". Yo le miraba a él y veía que tenía pelos, pero no le dije nada. Aquel día fue el de mi primera depilación.
Y es que la primera depilación es casi más importante que la primera regla, porque se ve. Lo peor es que se empieza depilándose sólo hasta media pierna, luego la pierna entera, luego te ves dos pelos en el bigote, después te da vergüenza enseñar los pelos de tus partes íntimas... hasta que terminas por arrancarte dolorosamente los pelillos de las cejas. En ese momento, no hay vuelta atrás. Tendrás que depilarte el resto de tu vida.





