logotipo

img_google
ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
De caseros y alquileres
Hace unos días vi un cartel donde un hombre alquilaba una habitación en el piso superior al que él vivía. Como el piso en total salía muy barato, le pregunté si podía alquilárnoslo a mi novio y a mí aunque él no fuera estudiante. Tras varias llamadas y un par de días de pensárselo, el casero me dijo que no porque, en el caso de que cortáramos, a lo mejor yo me iba y él se vería obligado a alquilárselo a otro chico, con el resultado de alquilárselo a quien no quería.

De todos modos, yo alquilé una de las habitaciones del piso, firmé el contrato y pagué la fianza. No me convencía mucho la habitación porque era aún más pequeña de la que yo tenía hasta ahora y sin los muebles adecuados a una estudiante, pero la alquilé para tener algo seguro cuando volviera a Getafe y así no tener que dar muchas vueltas. Ya me he acostumbrado a vivir en cualquier sitio.

El casero, ese mismo día, no paraba de insistir en el tema de los novios. La chica con la que iba a compartir había venido a ver el piso acompañada también de su novio y de su madre, con lo que yo pensé que el tema de si los novios podían venir o no a casa nos correspondía decidirlo a las dos. Viendo que el casero estaba empeñado en el tema, le pregunté directamente qué le parecía que mi novio viniera a comer, a ver una película o a lo que fuera. Sus respuestas fueron ambiguas.

Decidí no darle más importancia al tema. Sin embargo, hace dos días me llamó y me contó la misma película. Esta vez fue rotundo: el novio puede venir a comer algún día, pero hasta la siesta que se la eche en su casa. El casero alega que es por no tener problemas de convivencia y mi opinión es que quién entra o no en casa, dentro del sentido común, lo decidiremos quienes vamos a vivir allí, es decir, mi compañera y yo. El casero añadió además que, si la otra chica me preguntaba algo semejante, que le dijera lo mismo que él me ha dicho a mí.

Entonces analizo la situación: pago 250 euros por una habitación en un piso viejo y compartido en Getafe, donde no hay muebles adecuados para un estudiante y donde el casero pasa de vez en cuando a coger sus trastos. Pueden venir amigos y amigas a mi casa, pero mi novio no. Como él vive abajo, tendré que controlar cuántos minutos pasa mi novio en mi casa, no vaya a ser que piense que vive allí. ¿Qué conclusión he sacado? Que el den por saco, así, abiertamente. Que hay muchas habitaciones en Getafe y aún tengo tiempo de buscar.

A mi ya ex-casera no la he visto en todo el año. Nos comunicábamos, para el pago de las facturas, por mensajes de móviles y poco más. El piso era nuevo, céntrico y a un precio decente y, además, no pagábamos verano y nos lo guardaba para el curso siguiente. Como una de mis compañeras de piso es una sinvergüenza y habíamos llegado a una fase en que nos comunicábamos por post-it, decidimos sortear el piso a ver quién se quedaba el año que viene. Le tocó a ella, la que nunca se había preocupado de pagar una factura, la que no limpiaba nunca y, por supuesto, la que más ensuciaba.

Yo me fui de Getafe antes que ella. Limpié mi habitación y barrí el resto del piso, pero no limpié en profundidad porque ella, con un minuto que esté, ensucia lo mismo que el resto de persona durante una semana. La otra compañera de piso me contó ayer que ella llegó a los dos días sólo para despedirse de la casera y devolverle las llaves y se encontró todo el piso sucísimo, los pelos de la bañera aún sin quitar (diez días llevaban allí cuando yo me fui) y cuatro bolsas de basura. Pese a ello, la sinvergüenza se había ido a su casa para el resto del verano.

Esta chica limpió el piso y se lo dijo a la casera, que nos aclaró que si se lo hubiera encontrado en ese estado nos hubiera quitado parte de la fianza. Entonces nos informó de que la sinvergüenza aún no había firmado contrato para el año siguiente, que había dejado las cosas allí y se había ido a casa y que no había encontrado a la chica que faltaba para alquilar, como había prometido.

Así están las cosas: quien cuida un piso como si fuera suyo se ve en la calle, buscando meterse en cualquier sitio y quien menos se preocupa tiene alojamiento seguro con todas las comodidades. ¿Será que la clave en esta vida es ser mala?

No