Alcázar aprueba en inglés
El viernes 28 de julio Bryan Adams actuó en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) ante unos 4000 fans.
Para los que creíamos que estaba viejo, Bryan Adams nos demostró encontrarse en plena forma. Cantó todos sus éxitos, incluyendo solos de guitarra. Nos dejó cantar a voz en grito trozos enteros de canciones. Se extrañó cuando le gritamos "¡Ese Bryan, ese Bryan, eh, eh!", "Torero, torero" y demás borriquerías españolas.
La persona más admirada y odiada esa noche fue Carolina, de Madrid, que subió al escenario para cantar junto a su ídolo el tema When you´re gone. Bailó, cantó, le besó y se echaron una foto.
Al terminar el primer bis, bajó a saludar al público. Sabíamos por dónde estaba porque todos los móviles apuntaron hacia él. De ese modo, pudimos darle la mano y tocarle. Por unos momentos temí que volviera al escenario en calzoncillos porque los espectadores enloquecidos le arrancaran la ropa, pero no fue así.
No dejamos entonces que se marchara y le obligamos a cantar tres baladas, que acompañamos con las luces de nuestros móviles (las nuevas tecnologías sustituyen a los mecheros de toda la vida). Más tarde nos apiadamos de él y, después de un monumental atasco, conseguimos irnos de Alcázar.
El pueblo llenó sus hoteles, pero también colgaron el cartel de completo en los pueblos de alrededor. Entre el público había por igual chicos y chicas, la mayoría bastante jóvenes (eso sí, ninguna quinceañera), y algunos matrimonios mayores.
El recinto estaba muy bien acondicionado, pues sobre la hierba del campo de fútbol pusieron una lona plastificada. Dos barras para bebidas (a 6 euros la copa y a 7.50 el mini de cerveza; calimocho no había) y servicios portátiles.
En Ciudad Real, la misma noche, actuó Estopa en la Plaza de Toros. También lleno completo.
Y ahora lanzo al aire una pregunta (retórica): ¿Qué es lo mejor del verano? Los conciertos.
Para los que creíamos que estaba viejo, Bryan Adams nos demostró encontrarse en plena forma. Cantó todos sus éxitos, incluyendo solos de guitarra. Nos dejó cantar a voz en grito trozos enteros de canciones. Se extrañó cuando le gritamos "¡Ese Bryan, ese Bryan, eh, eh!", "Torero, torero" y demás borriquerías españolas.
La persona más admirada y odiada esa noche fue Carolina, de Madrid, que subió al escenario para cantar junto a su ídolo el tema When you´re gone. Bailó, cantó, le besó y se echaron una foto.
Al terminar el primer bis, bajó a saludar al público. Sabíamos por dónde estaba porque todos los móviles apuntaron hacia él. De ese modo, pudimos darle la mano y tocarle. Por unos momentos temí que volviera al escenario en calzoncillos porque los espectadores enloquecidos le arrancaran la ropa, pero no fue así.
No dejamos entonces que se marchara y le obligamos a cantar tres baladas, que acompañamos con las luces de nuestros móviles (las nuevas tecnologías sustituyen a los mecheros de toda la vida). Más tarde nos apiadamos de él y, después de un monumental atasco, conseguimos irnos de Alcázar.
El pueblo llenó sus hoteles, pero también colgaron el cartel de completo en los pueblos de alrededor. Entre el público había por igual chicos y chicas, la mayoría bastante jóvenes (eso sí, ninguna quinceañera), y algunos matrimonios mayores.
El recinto estaba muy bien acondicionado, pues sobre la hierba del campo de fútbol pusieron una lona plastificada. Dos barras para bebidas (a 6 euros la copa y a 7.50 el mini de cerveza; calimocho no había) y servicios portátiles.
En Ciudad Real, la misma noche, actuó Estopa en la Plaza de Toros. También lleno completo.
Y ahora lanzo al aire una pregunta (retórica): ¿Qué es lo mejor del verano? Los conciertos.





