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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Información vs. realidad
El Artículo 20 de nuestra Consitución Española reconoce que todo ciudadano tiene el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

La información, a veces, puede salvar vidas. Hace unos días vi United 93, la última película de Paul Greengrass, que cuenta el secuestro del cuarto avión del 11-S, el que no llegó a su destino y se estrelló en Pensilvania.

En cuanto a la película, he de decir que es muy buena. No comparto con Cinemanía la opinión de que es "una obra maestra del cine de suspense" pero sí he de decir que United 93 es la definición de suspense por excelencia. Greengrass se las arregla para mantener la intriga pese a que todo el mundo conoce el final: de ahí la impotencia del espectador.

Pero hoy quiero fijarme en algo que nos atañe a todos y que espero explicar lo mejor posible. Los pasajeros del avión secuestrado conocieron las intenciones de los terroristas por teléfono. Los familiares a quienes llamaban habían visto por televisión que se estaba secuestrando aviones para estrellarlos contra edificios importantes y así dañar iconos culturales y, por supuesto, asesinar a miles de personas. Enseguida supieron que iban a morir, hicieron lo posible para sobrevivir y, aunque no lo consiguieron, al menos sí se erigieron como héroes al evitar que el avión matara a miles de seres humanos.

La transmisión de información fue indirecta, no contó con la participación directa de profesionales, pero lo importante es que el proceso comunicativo funcionó y produjo resultados.

La información o, mejor dicho, la falta de información puede complicarte la vida, y determinadas empresas se aprovechan de ello. Mi queridísima Telefónica no es una excepción y hace de la omisión de información su aliado económico. No sé si habrá alguna ley que reconozca que la omisión de información es igual de dañino, o peor, que la mala información.

En primer lugar, Telefónica no realiza contratos escritos, por lo que es imposible demostrar si se conocen o no las condiciones contractuales. El comercial que me atendió me explicó que "sólo tendrás que pagar 39.90 euros al mes más IVA". De primeras, me llega una factura de 120 euros por alta de la línea y, además, cada mes me cobrarán 13.40 más por la línea telefónica. De los 120 euros no sabía nada, ya que me informaron que el alta era gratuita. El cargo de 13.40 mensuales sí, porque en ocasiones he contratado con Telefónica.

Cuando le he preguntado al comercial por qué no me explicó eso dice que "todo el mundo lo sabe". Debería venir en los libros de texto, en el apartado de "La génesis del mundo según Telefónica", que, cuando nacemos, los médicos nos azotan para que lloremos y abramos nuestros pulmones y que, mientras, nos susurran al oído que Telefónica cobra 13.40 euros al mes por la línea telefónica. Quizá no sea en las lecciones del cole, sino que baje la Santísima Trinidad del Cielo y nos llene de conocientos vitalmente prácticos.

Bromas aparte, Telefónica hace de la omisión de información su negocio. Según la sabiduría popular, al menos, cuando uno de los firmantes de un contrato (esto es un decir, porque jamás veréis un contrato escrito) desconoce los términos, éste queda invalidado. En la práctica, a cualquiera se le ocurre quitar el servicio de Telefónica ya que, en realidad, es un monopolio, aunque nos lo quieran disfrazar de libertad de mercado.

Así, el consumidor está indefenso y, sobre todo, malinformado. No es que yo no quiera pagar más o menos a Telefónica, es que simplemente nadie me dijo verazmente cuánto tenía que pagar. En estas estamos en el siglo XXI, donde dar información al ciudadano es peligroso porque esto le hace tomar decisiones. Será que las empresas no se fían de su propio servicio y tienen que recurrir a estos ardides.
No