Industria pirata
Leí el otro día en el número de noviembre de Fotogramas una verdad como un templo que yo, a falta del texto original, reproduzco con mis propias palabras: ¿por qué no se dice de una puta vez que la piratería proviene de la propia industria?
Voy a hacer de adivina por un momento. Ante la inminente salida a escena de la PlayStation3 (no sé qué tal el funcionamiento, pero es preciosa) en las mentes del público en general se plantea una pregunta muy importante: ¿cómo se piratea? Los entendidos dicen que la primera versión que saquen admitirá juegos piratas tal cual, sin necesidad de piratear la consola. ¿Por qué? Reflexión al canto:
FASE 1: Los juegos de la Play3 son los juegos del futuro y, por tanto, su formato es blu-ray. Una grabadora de blu-ray cuesta unos 1000 euros. Cada disco vírgen puede costar unos 30 euros. Por tanto, la única manera de que alguien pueda hacer dinero con ello es comprando discos a gran escala. El primero que se haga con 100.000 discos vírgenes a precio aceptable y una grabadora, se hará de oro. Con esto de las economías de escala, pongamos que el sujeto pondrá a la venta los juegos piratas a unos 30 euros, que no es que sea muy barato pero ya es la mitad de lo que valdrán los originales y la calidad es la misma (cosas de la digitalización). La pregunta del millón es ¿quién vende hoy en día tecnología blu-ray? Respuesta: Sony. Y Sony es la dueña y señora de la Play3. ¿Quién se está haciendo de oro, aparte del pirata? Sony.
FASE 2: En no más de dos años, las grabadoras y los blu-ray vírgenes serán accesibles para cualquier bolsillo interesado. Entonces Sony sacará la Play3 versión 2, donde se incorporará cualquier mecanismo para evitar el pirateo. Los fieles seguidores de la Play3 conseguirán piratearla y comenzarán a gastarse las pelas en discos y grabadoras, todo muy democratizado y exactamente igual que ocurre ahora mismo. ¿Cómo gana dinero Sony? Primero, con las ingentes ventas de una consola que se puede piratear. Segundo, con la venta de los juegos para quien no quiere complicarse la vida. Tercero, con la venta de grabadoras y discos a los avispados.
Hasta aquí la sección de videojuegos. Pero la piratería se expande por cualquier ámbito.
Música: leí el otro día en alguna página de internet (no tengo la referencia) que lo lógico, dado que hoy en día la accesibilidad de los soportes es lo que manda, es que se comercializaran los discos como parte del merchandising de un grupo y no como su principal producto generador de beneficios. Seamos sinceros ¿qué le da dinero a un grupo? Los conciertos y la venta de merchandising. Lo que pasa es que vendiendo menos discos, entendiendo como tal el concepto tradicional de discos, pues la productora discográfica no sale tan bien parada, aunque al grupo creador de esa música apenas le afecte.
Cine: conozco a mucha gente que piratea, pero no he visto nunca a nadie en un cine sosteniendo una cámara durante dos horas, preocupándose de no temblar ni toser y encuadrando perfectamente y sin temblores. Esto me hace pensar que deben ser minoría los que pasan por el calvario que debe suponer grabar una peli en el cine a cambio de ¿difundir la cultura? Pienso, pues, que a lo mejor ese chavalillo que proyecta la película desde una pequeña cabina donde nadie pasa se saque unos ingresos extras, por ejemplo. ¿Y qué pasa cuando en Internet tenemos ya una película en versión original subtitulada y todavía no se ha estrenado en España? ¿Alguien se ha ocupado de picar los subítulos para que se difunda la cultura? Sospecho que no.
Algunas películas piratas alcanzan unas cotas de calidad que hacen impensable que sean obra de un aficionado al que la SGAE se le ha metido entre ceja y ceja. La piratería sólo puede provenir de la industria, al menos en la mayoría de los casos. ¿Cómo se explica que nuevo mierdidisco de Alejandro Sanz esté en Internet en descarga directa el día antes de su lanzamiento?
Desde aquí ni animo ni condeno la mal llamada piratería, pero si nos ponemos a acusar a unos y a otros de ladrones, especialmente desde las instituciones que deberían proteger al consumidor, vamos a sentarnos a reflexionar en serio y no a decir lo políticamente correcto. Una cosa es la defensa de la propiedad intelectual y, otra, las gilipolleces que se dicen en determinados círculos.
Voy a hacer de adivina por un momento. Ante la inminente salida a escena de la PlayStation3 (no sé qué tal el funcionamiento, pero es preciosa) en las mentes del público en general se plantea una pregunta muy importante: ¿cómo se piratea? Los entendidos dicen que la primera versión que saquen admitirá juegos piratas tal cual, sin necesidad de piratear la consola. ¿Por qué? Reflexión al canto:
FASE 1: Los juegos de la Play3 son los juegos del futuro y, por tanto, su formato es blu-ray. Una grabadora de blu-ray cuesta unos 1000 euros. Cada disco vírgen puede costar unos 30 euros. Por tanto, la única manera de que alguien pueda hacer dinero con ello es comprando discos a gran escala. El primero que se haga con 100.000 discos vírgenes a precio aceptable y una grabadora, se hará de oro. Con esto de las economías de escala, pongamos que el sujeto pondrá a la venta los juegos piratas a unos 30 euros, que no es que sea muy barato pero ya es la mitad de lo que valdrán los originales y la calidad es la misma (cosas de la digitalización). La pregunta del millón es ¿quién vende hoy en día tecnología blu-ray? Respuesta: Sony. Y Sony es la dueña y señora de la Play3. ¿Quién se está haciendo de oro, aparte del pirata? Sony.
FASE 2: En no más de dos años, las grabadoras y los blu-ray vírgenes serán accesibles para cualquier bolsillo interesado. Entonces Sony sacará la Play3 versión 2, donde se incorporará cualquier mecanismo para evitar el pirateo. Los fieles seguidores de la Play3 conseguirán piratearla y comenzarán a gastarse las pelas en discos y grabadoras, todo muy democratizado y exactamente igual que ocurre ahora mismo. ¿Cómo gana dinero Sony? Primero, con las ingentes ventas de una consola que se puede piratear. Segundo, con la venta de los juegos para quien no quiere complicarse la vida. Tercero, con la venta de grabadoras y discos a los avispados.
Hasta aquí la sección de videojuegos. Pero la piratería se expande por cualquier ámbito.
Música: leí el otro día en alguna página de internet (no tengo la referencia) que lo lógico, dado que hoy en día la accesibilidad de los soportes es lo que manda, es que se comercializaran los discos como parte del merchandising de un grupo y no como su principal producto generador de beneficios. Seamos sinceros ¿qué le da dinero a un grupo? Los conciertos y la venta de merchandising. Lo que pasa es que vendiendo menos discos, entendiendo como tal el concepto tradicional de discos, pues la productora discográfica no sale tan bien parada, aunque al grupo creador de esa música apenas le afecte.
Cine: conozco a mucha gente que piratea, pero no he visto nunca a nadie en un cine sosteniendo una cámara durante dos horas, preocupándose de no temblar ni toser y encuadrando perfectamente y sin temblores. Esto me hace pensar que deben ser minoría los que pasan por el calvario que debe suponer grabar una peli en el cine a cambio de ¿difundir la cultura? Pienso, pues, que a lo mejor ese chavalillo que proyecta la película desde una pequeña cabina donde nadie pasa se saque unos ingresos extras, por ejemplo. ¿Y qué pasa cuando en Internet tenemos ya una película en versión original subtitulada y todavía no se ha estrenado en España? ¿Alguien se ha ocupado de picar los subítulos para que se difunda la cultura? Sospecho que no.
Algunas películas piratas alcanzan unas cotas de calidad que hacen impensable que sean obra de un aficionado al que la SGAE se le ha metido entre ceja y ceja. La piratería sólo puede provenir de la industria, al menos en la mayoría de los casos. ¿Cómo se explica que nuevo mierdidisco de Alejandro Sanz esté en Internet en descarga directa el día antes de su lanzamiento?
Desde aquí ni animo ni condeno la mal llamada piratería, pero si nos ponemos a acusar a unos y a otros de ladrones, especialmente desde las instituciones que deberían proteger al consumidor, vamos a sentarnos a reflexionar en serio y no a decir lo políticamente correcto. Una cosa es la defensa de la propiedad intelectual y, otra, las gilipolleces que se dicen en determinados círculos.





