La tele se desnuda
Después de que TVE nos haya mostrado todas sus miserias económicas, ahora su programación se centra en romper el artificio. Programas como La imagen de tu vida, La tele de tu vida y similares van encaminados a refrescar la mente del espectador y arrancarle alguna que otra lagrimilla, pero sobre todo sirven para ver la evolución que ha tenido la televisión. Antes, era impensable que se viera qué rodeaba al presentador de un telediario, por ejemplo; cerrar las fronteras conllevaba crear un mundo artificial, ficticio y único que se proyectaba al espectador. Ahora, no sólo los presentadores tienen esas caras tan amigables, que parece que se están tomando un café en nuestra mesa camilla, es que además se ocupan de mostrarnos los entresijos de la televisión.
Si en cine se comenzó por los making-offs de las películas, que nos permiten ver, la mayoría de las veces, que los actores no suelen ser tan inteligentes como sus personajes. Por esto, y por muchas otras razones, me declaro fan de los extras de los dvds. En televisión se comenzó mostrando la redacción que existe detrás de un telediario (esos que cogen el teléfono, que pasan a recoger la chaqueta, etc.), después pasamos a ver retrospectivas de los programas. Ayer estaba viendo El Diario de Patricia en Antena3 y descubrí que la afición por mostrar la realidad de lo que se hace se ha contagiado a otras cadenas, por lo que se puede comprobar que salen más los cámaras que los invitados. Ayer, en concreto, podíamos ver el carro de la cámara, el animador del público, el chico que lleve los cables y hasta el que dice que tiene que girar la puerta para que entren y salgan los invitados. Así, un programa que hasta ahora se centraba en enseñarnos un primer plano de la lagrimilla de los reencontrados, nos ofrece todo un universo que parece decirnos: "oye, ya sabías que todo esto era mentira, ¿no?".
Cuéntame cómo pasó nos ofreció ayer no una retrospectiva de los capítulos, como suelen hacer al fin de una temporada, sino un "pasen y vean" (así se llamaba el capítulo) de las tripas de la serie. El mensaje parece ser: "míranos, nos abrimos a ti, sin trampa ni cartón" y en realidad, esa verdad está disfrazada de ficción. Un making-off es apasionante porque es uno de esos productos audiovisuales que parecen casuales y, sin embargo, están programados al milímetro. Véase en Cuéntame... cómo se dosificaban las imágenes inéditas del próximo capítulo (como si no hubiera ya bastante tensión en la trama...)
La conclusión es que si el cine posmoderno desnudó a la utopía del cine clásico, ahora le toca el turno al paraíso audiovisual por excelencia. Tendremos múltiples ocasiones de comprobar, por si alguno seguía creyendo que la tele nos mostraba la realidad, que lo que dejamos entrar en nuestras casas día tras día es puro artificio. Eso sí, uno de los más bellos e interesantes artificios que se han inventado.
Si en cine se comenzó por los making-offs de las películas, que nos permiten ver, la mayoría de las veces, que los actores no suelen ser tan inteligentes como sus personajes. Por esto, y por muchas otras razones, me declaro fan de los extras de los dvds. En televisión se comenzó mostrando la redacción que existe detrás de un telediario (esos que cogen el teléfono, que pasan a recoger la chaqueta, etc.), después pasamos a ver retrospectivas de los programas. Ayer estaba viendo El Diario de Patricia en Antena3 y descubrí que la afición por mostrar la realidad de lo que se hace se ha contagiado a otras cadenas, por lo que se puede comprobar que salen más los cámaras que los invitados. Ayer, en concreto, podíamos ver el carro de la cámara, el animador del público, el chico que lleve los cables y hasta el que dice que tiene que girar la puerta para que entren y salgan los invitados. Así, un programa que hasta ahora se centraba en enseñarnos un primer plano de la lagrimilla de los reencontrados, nos ofrece todo un universo que parece decirnos: "oye, ya sabías que todo esto era mentira, ¿no?".
Cuéntame cómo pasó nos ofreció ayer no una retrospectiva de los capítulos, como suelen hacer al fin de una temporada, sino un "pasen y vean" (así se llamaba el capítulo) de las tripas de la serie. El mensaje parece ser: "míranos, nos abrimos a ti, sin trampa ni cartón" y en realidad, esa verdad está disfrazada de ficción. Un making-off es apasionante porque es uno de esos productos audiovisuales que parecen casuales y, sin embargo, están programados al milímetro. Véase en Cuéntame... cómo se dosificaban las imágenes inéditas del próximo capítulo (como si no hubiera ya bastante tensión en la trama...)
La conclusión es que si el cine posmoderno desnudó a la utopía del cine clásico, ahora le toca el turno al paraíso audiovisual por excelencia. Tendremos múltiples ocasiones de comprobar, por si alguno seguía creyendo que la tele nos mostraba la realidad, que lo que dejamos entrar en nuestras casas día tras día es puro artificio. Eso sí, uno de los más bellos e interesantes artificios que se han inventado.





